La historia que se aprende en las aulas es muy esquemática. Los libros de texto pasan de puntillas sobre acontecimientos que forjaron la idea de España, como la Guerra de la Independencia.
Estos son algunos de los libros de historia que estudian los alumnos españoles. JESÚS MAQUEDA |
ESPAÑA, o parte de ella, olvida aspectos y matices de su historia. No sorprende. Nuestro país no siempre presenta las trazas de una nación sólida y resistente. Dicho así, da la impresión de que estamos incurriendo en el clásico alarmismo del centralismo madrileño que no deja de preconizar la fragmentación de la patria. Nada más lejos de la realidad. Sucede que hay un hecho insoslayable. Episodios troncales del pasado español no disfrutan de amplia resonancia en los libros que forman a nuestros estudiantes más tiernos. No hay más que echar una ojeada al modo en que los textos escolares abordan el levantamiento del Dos de Mayo y de la Guerra de la Independencia (1808-1812), acontecimientos de los que se cumplen 200 años. LA GACETA ha examinado algunos de los manuales ecucativos sobre aquellos momentos de bárbara heroicidad ciudadana. A bote pronto, el periódico ha sacado dos conclusiones: 1) La mayoría de los libros pasan de puntillas sobre unos capítulos que han vertebrado y erigido la idea de la España moderna. 2) Nuestro país se olvida de su historia, poco a poco, porque no está claro si España es una nación o un una nación de naciones. De suerte, que tampoco está claro si tenemos una historia común o varias historias.
Pocos detalles
Todos los textos —no faltaría más— ofrecen unas nociones básicas sobre la Guerra de la Independencia: el apetito imperialista de Napoleón y la debilidad borbónica. Innegable. Indiscutible. Pero hay un problema: muy pocos manuales se detienen en los detalles. Y la historia sin detalles acaba en una leyenda nebulosa susceptible de constantes manipulaciones. “La lucha contra los franceses fue la contienda que subrayó las afinidades entre las distintas razas hispánicas. Sirvió para forjar una nación constitucional dotada de los valores de la Ilustración”, sostiene García de Cortázar, historiador y director de la Fundación Dos de Mayo. Los libros ofrecen otra versión. Hay una razón: la fundación citada está financiada por la Comunidad de Madrid, feudo del PP. Esto explica el entusiasta enfoque nacional que la región de Aguirre brinda del Dos de Mayo. Y esto explica que en los centros educativos madrileños se ponga más esmero en la divulgación de estas hazañas.
País Vasco
Modesto Gutiérrez, profesor de Historia y Geografía en un Instituto de Leganés, arguye que “es lógico que, en Madrid, se estudie más prolijamente el 2 de Mayo que, por ejemplo, en Galicia o en Cataluña, pues fue en la capital donde saltó la chispa de la rebelión contra los franceses”. En Euskadi, los alumnos de ESO que cursan sus estudios íntegramente en euskera prestan la misma atención a la lucha contra los galos que al resto de acontecimientos. El principal libro de historia en esta comunidad, editado por Santillana, está diseñado para realizar un esquemático repaso de lo acontecido durante las últimas centurias. El capítulo de la guerra de la Independencia abarca un total de dos páginas, aunque buena parte de este espacio lo copa el famoso cuadro de Los fusilamientos, de Goya.
En el texto no hay referencia alguna al impacto que tuvo la contienda en el País Vasco. Sucesos tan importantes como la batalla de Vitoria, una de las gestas del duque de Wellington contra los galos, ni se citan. Lo dicho: los detalles que reafirman el carácter nacional del Dos de Mayo se ocultan. En Cataluña, la Guerra de la Independencia se conoce como guerra del francés. Las leyendas evocan las gestas contra el invasor, como los sitios en Gerona o la batalla del Bruc, en la que un niño con un tambor se aprovechó del eco del macizo de Montserrat para atemorizar a los ejércitos invasores. La Generalitat, para conmemorar el bicentenario, ha creado una comisión, que depende de la vicepresidencia de Josep Lluís Carod-Rovira. El acto central de la celebración será una conferencia en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona sobre las claves interpretativas de la guerra a cargo del historiador Lluís Maria de Puig. Asimismo, la Conselleria de Turismo ha elaborado una guía sobre la guerra para recorrer los lugares donde sucedieron los actos más significativos. Menos es nada.
Un problema político y cultural
En las Islas Canarias, patria chica de Benito Pérez Galdós, autor de los Episodios Nacionales, los centros educativos tampoco se extienden en el estudio de la contienda. Los volúmenes de ediciones Anaya ofrecen un tratamiento muy escueto; los de Santillana dedican sólo una página al tema. En resolución, se aborda el suceso bélico muy parcamente. En el resto de comunidades autónomas, la tendencia es prácticamente idéntica. Dos, tres o cuatro páginas por libro. Es la media. “No es un problema estrictamente político, sino también cultural —subraya Eugenia Carrasco, profesora de Historia en un colegio de Tarifa—. Las humanidades son un material inflamable. La pretensión de las autoridades es que los chavales salgan de la escuela sabiendo lo más importante y básico. De ahí el esquematismo de los libros de historia. No se quiere enseñar más de la cuenta para no confundir ni calentar los ánimos en la España plural, plagada de lecturas sobre su pasado”. A este paso, uno se pregunta ¿qué van a recordar los nietos de Zapatero del Dos de Mayo?
Información elaborada por: Julen Sanz, Xavi Grau, Rubén Reja y A. Martín-Aragón
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