Columna de
PabloCaruso
magnate boliviano levantó el teléfono de la suite presidencial de uno de los hoteles más caros y lujosos de Latinoamérica. Cada vez que llegaba a Buenos Aires, desde Bolivia, cumplía la misma rutina. Era uno de sus ritos. Llamaba a su sobrino —un entregado, piadoso y docto sacerdote— residente en la ciudad porteña, para invitarlo a comer en la esplendorosa habitación. Siempre, el magnate escuchaba la misma respuesta: “No, tío. No estaría nada bien ver a un sacerdote en ese lugar. Espero que estés bien y te encomendaré mucho”. Pero un día, el curita, medio mosqueado, decidió aceptar la invitación y hablar francamente con su pariente.
Encontrarse con su tío y empezar a descargar su reprimenda fue todo uno. El curita, con su dedo apuntando al desconsolado y sorprendido magnate, le fue recordando cuatro verdades. Algunas de las cuales daban la impresión que iban haciendo mella en la conciencia del atribulado tío, a la par que se arrepentía profundamente por haber insistido tanto en la invitación al sobrino cura. “Tío, como es posible que tú siendo comunista convencido, es más, uno de los fundadores del Partido Comunista Boliviano, hagas semejante ostentación de riqueza. Y aún más. Tienes a tus hijos estudiando en el colegio más caro de Suiza, un Ferrari que utilizas cuando los vas a visitar. Un apartamento en París. Trajes Versace, con cuyo valor les solucionarías la vida por varios años a cientos de familias paupérrimas bolivianas. Como puedes explicar esta flagrante contradicción entre tu tren de vida, y…” El cura se frenó de golpe, levantó la vista y vio a su tío con la cabeza gacha. Compungido, al tiempo que le decía: “Entiéndeme. Lo que pasa… es que nunca he logrado vivir como pienso”.
El hotel Sheraton de Buenos Aires es exuberante. En los años 70 del pasado siglo XX, los simpatizantes de la guerrilla montonera hacían manifestaciones frente al lujoso edificio al grito de: “¡Qué lindo, qué lindo que va ser el hospital de niños en el Sheraton hotel! Hoy, aquéllos que gritaban esas consignas utilizan sus majestuosos salones para cerrar pingues negocios. No le hacen asco a nada. Casinos flotantes, pozos de petróleo, bancos. Siempre con éxito. Ahí se discutió y se discute, por ejemplo, de qué manera los amigos del presidente, ingresarán al accionariado de Repsol-YPF. Algunos de los que participan en estas febriles y despiadadas reuniones son ex montoneros. Planean, con mucho mimo, la ingeniería financiera que permita argentinizar, completamente, a la compañía petrolera, entre otros negocios. No paran ahí sus ambiciones, irán por más. No ocultan sus colmillos y no están solos. Además están convencidos de que los empresarios españoles poseen cierta dosis de ingenuidad que los hace vulnerables.
Lo cierto es que cuentan con la ayuda inestimable de sus amigos de toda la vida, hoy instalados en la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino. Es la beautiful people del inefable presidente argentino, Néstor Kirchner. Todo ellos tuvieron el ideal de cambiarle la vida al pueblo mediante la lucha armada. Altri tempi. Los que han cambiado de vida son ellos y sus parientes. De pobres de solemnidad a groseros potentados.
No hay nada como un sillón de terciopelo, un reloj Rolex de oro y una tarjeta Visa del mismo color para calmar los ardores más revolucionarios. No digamos nada de las maravillas que en el ánimo de un revolucionario produce un coche con chófer. Esto es lo más. Parece ser que no hay remedio más efectivo para las juveniles veleidades.
De carne somos. Lástima que los que mandan en el mundo no lo hayan aplicado antes, pues muchos sufrimientos y vidas se hubieran evitado.
Para ser justos, a algunos de ellos el dinero no les interesa. Otra cosa es mucho, pero mucho dinero.
Y mucho dinero es el que tiene el bolivariano Hugo Chávez. Hace uso y abuso de cantidades ingentes de petrodólares y cuida muy bien que ninguno de esos billetes vaya para mejorar la vida de ningún venezolano pobre. La sola posibilidad que los petrodólares beneficien y permitan sacar de las penosas condiciones de vida a muchos de sus compatriotas, parece que lo trastorna. Otras cosas tiene en el corazón. Ayer, sin ir más lejos, Chávez, salió a hacer shoping. Se fue a Rusia con unos 3.000 millones en el bolsillo de su chaqueta revolucionaria para comprar armamento, helicópteros, submarinos, todos ellos convenientemente artillados.
El presidente venezolano Chávez comentó que su gobierno quiere seguir “comprando helicópteros”, conseguir la construcción de una fábrica de armamentos e incluso no descartó adquirir algunos submarinos. También se dará una vueltita, chequera en ristre, por Bielorrusia, siguiente etapa de su viaje. Allí se comprará un sistema de defensa antiaérea, 24 aviones cazas Sujoi y 53 helicópteros militares. Y así. Los pueblos de estas tierras protestan ante estos hechos, pero ya se sabe son resentidos. Y los de las armas, no sean mal pensados, son para fines pacíficos.
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