Columna de
JaimeRodríguez-Arana
Aparece como partido cuando izquierda y derecha se radicalizan
Jaime Rodríguez-Arana
Tras el 9-M, reaparece en los análisis el problema del centro político. Vaya por delante que, en mi opinión, el centro es un espacio que tiene personalidad propia, que ni es la equidistancia entre izquierda y derecha ni la indefinición y menos la absoluta relatividad. Más bien, tal espacio se caracteriza, como escribí hace ocho años en un libro prologado por Adolfo Suárez, por una mentalidad abierta, capacidad de entendimiento, sensibilidad social, racionalidad, realismo y, sobre todo, compromiso congruente con los derechos humanos de todos, especialmente de los más débiles y de aquellos que tienen menos o ninguna posibilidad de salir adelante por sí mismos.
La mentalidad abierta es lo contrario al prejuicio, al estereotipo, al cliché, tan frecuente por estos pagos. De todos y de todo se puede aprender. También de los adversarios, quienes claro que pueden acertar y cuando ello ocurre debe reconocerse. La realidad es plural, dinámica, no se puede petrificar porque está en movimiento constante. La realidad tiene muchas dimensiones que hay que considerar para la toma de decisiones. La mentalidad abierta facilita que la contemplación de los problemas de relevancia colectiva que afectan en concreto a los ciudadanos conduzcan a los políticos que pretendan trabajar desde esta posición a dar una real solución a estos asuntos, siendo lo de menos si las medidas a adoptar proceden de una u otra orilla ideológica. No importa quién sea el autor intelectual de las medidas, ni de dónde vengan las soluciones: si son adecuadas, humanas y eficaces, bienvenidas sean.
La capacidad de entendimiento significa, no sólo la disposición a abrir puertas, a tender puentes, al diálogo sincero, sino, sobre todo, la convicción de que es posible mejorar la propia posición aprendiendo de los demás en el diálogo. La política democrática mucho tiene que ver con el diálogo, con el encuentro, con la conciliación, con la integración de diferentes posturas o posiciones. Si se tiene mentalidad abierta y se persigue sinceramente el bienestar general de los ciudadanos, la búsqueda de soluciones es relativamente fácil.
La sensibilidad social es también señal de identidad del centro. Como la izquierda hispánica, por alguna razón poderosa, se ha entregado al consumismo insolidario y no se ocupa de los sectores sociales realmente necesitados porque hasta ahora ha preferido la alianza con sectores radicales que movilicen al electorado afín, en este momento el espacio del centro tiene un campo de trabajo amplio para demostrar que se pueden poner en práctica políticas sociales destinadas a la mayoría, políticas que van más allá de la pura y dura subvención que compra voluntades, políticas que posibilitan un mejor ejercicio de la libertad solidaria para todos.
Las políticas centristas son políticas racionales. Todo se debe explicar, las políticas a emprender, o a criticar, pueden y deben ser objeto de estudio, de análisis. Desde el espacio del centro se hace pedagogía política sin caer el la tentación de la crítica destructiva como regla. En otras palabras, desde el centro se dedica bastante tiempo a formar buenos equipos que proporcionen ideas y contenidos racionales y humanos sobre los que basar los proyectos. La racionalidad y la contemplación de la realidad en todas sus dimensiones nos llevan de la mano a la comunicación. Para el espacio del centro la comunicación, sin ser el fin, es uno de los medios más importantes de la acción política.
Una política de comunicación centrista es una política de comunicación que siempre está a la vanguardia, que lleva la iniciativa, que está pegada a la realidad, que sabe convertir los fracasos en éxitos, que reconoce los errores cuando se cometen sin demoras y, sobre todo, que procura hacer llegar al pueblo mensajes inteligibles, claros y positivos.
En fin, según los tiempos y los países, el centro ha sido, y es, un espacio que puede habitar en todos los partidos políticos. A veces, cuando izquierda y derecha se radicalizan, suele aparecer en forma de partido político. España precisa para la próxima legislatura más moderación, más sentido común, más racionalidad, más diálogo y, sobre todo, precisa una mayor preocupación real por los problemas cotidianos del pueblo. ¿Será posible?
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo.
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