El actor comenta que “los actores llegamos a un punto en el que ya no tenemos nada nuevo que ofrecer”.
Sylvester Stallone durante su reciente estancia en Madrid, donde promocionó ampliamente su última... |
Jerónimo José Martín
Madrid. Tras una infancia difícil en su Nueva York natal, a principios de los años 70, Sylvester Stallone apareció brevemente en películas tan variadas como Bananas o Klute. Y, de pronto, en 1976, optó a los Oscar y a los Globos de Oro a mejor guión y actor por Rocky, que finalmente ganó las estatuillas correspondientes a mejor película, director (John G. Avildsen) y montaje.
Después, Stallone se consagró como estrella gracias a Acorralado y a las sucesivas aventuras de Rocky Balboa —la sexta, rodada el año pasado— y John Rambo, que ahora retorna tras 20 años inactivo. De este modo, a sus 61 años, ha roto a lo grande una década de decadencia, de la que sólo cabe recordar éxitos puntuales, como Daylight. Pánico en el túnel o Cop Land. Pudimos hablar con él durante su reciente paso por Madrid para promocionar John Rambo.
¿Cómo ha influido su vuelta a la práctica del catolicismo en la elección de una trama centrada en unos misioneros en el infierno?
Ha influido bastante. Mi última película describe un viaje al infierno. Rambo vive en el purgatorio. Es un ángel caído, que trabaja con cobras, y cuya vida es muy lúgubre. De repente, llegan esos misioneros, que son como ángeles que quieren llevar algo de luz al infierno. Y Rambo va allí a rescatarlos, a llevarlos de nuevo a la paz, pero a través de la guerra. Es una historia con resonancias bíblicas, un viaje espiritual. Muchos no lo van a interpretar en este sentido, pero yo lo escribí así.
¿Hasta qué punto se identifica usted con ese retorno al hogar que se describe tanto en ‘Rocky Balboa’ como en ‘John Rambo’?
Cuando vuelves a casa siempre hay algo que ha cambiado. Nunca te encuentras lo mismo que dejaste. Cuando Rocky retorna a casa, su mujer ha muerto, su hijo se ha ido, el mundo ha cambiado... Es la idea que Thomas Wolfe desarrolla en su novela No se vuelve a casa. Es una buena filosofía aceptar que nunca puedes volver a la misma casa que dejaste.
Otro modo de ver los problemas de reinserción que sufren sus personajes...
Pues sí. Al inicio de la saga, cuando Rambo vuelve a su casa, se encuentra solo. Estaba en la selva y, al volver, se preguntó: “¿Dónde está realmente mi casa?”. Por eso es importante que al final de su historia intente de nuevo reencontrar sus raíces. Todo el mundo quiere tener un sentimiento de pertenencia a la sociedad.
Pero los casos de Rocky y Rambo son diferentes.
Sí, claro. Para Rocky, es un proceso más fácil; pero Rambo siempre se va a preguntar. “¿Dónde encajo yo?”. Y así es realmente la vida de un guerrero como él.
¿Ha tenido algún referente al rodar este filme?
He visto muchas películas sobre la II Guerra Mundial, otras de John Ford, he revisado Apocalypse Now... Hay cosas espléndidas en esos filmes. Pero yo quería ir a Birmania y mostrar lo salvaje y brutal que puede ser la guerra, porque creo que nos puede ayudar a comprender lo que pasa hoy día, y a solidarizarnos con esos jóvenes que mueren a diario en Irak, Somalia, Afganistán..., aunque la televisión los oculte y suavice las imágenes.
Precisamente, muchos le están criticando por mostrar esa violencia de un modo demasiado explícito.
Asumo la crítica. Hoy día, los jóvenes viven en un mundo tan políticamente correcto, que quería mostrarles lo brutal que puede llegar a ser una guerra real. Podría haber hecho mucho más dinero rodando una película más suave. Pero, si tenía que haber otra película de Rambo, debía ser realmente salvaje, y lo más responsable posible al mostrar la realidad de la guerra.
De todas formas, le ha quedado una película más pesimista que ‘Rocky Balboa’. Como si ya no creyera en la posibilidad de arreglar las cosas sin violencia.
Mi opinión personal no es tan oscura; pero Rambo está convencido de que no hay otra solución posible. En la primera versión del guión, incluí una reflexión de Rambo en estos términos: “La guerra es lo natural, la paz es sólo un accidente. ¿Puede arreglar Dios lo que está pasando en Birmania? No lo sé”. Al final, decidimos cortar esas frases, porque resultaban demasiado discursivas y largas, sobre todo en boca de Rambo (risas).
En todo caso, ya ni siquiera se plantea la legitimidad o no de una guerra.
Me cuesta considerar justa a una guerra. Los soldados más idealistas pensarán que luchan por defender a su país. Pero, en la mayoría de las guerras, luchan y mueren porque una serie de personas mayores han decidido iniciar esa guerra.
¿Cómo se ha preparado para ser de nuevo Rambo?
Fisicamente, me preparé con un entrenamiento durísimo tres días a la semana. Y también he investigado bastante sobre Birmania y su guerra civil. Además, antes de comenzar el rodaje, hablé con muchos veteranos, para intentar comprender cómo se sienten al volver.
Y a partir de ahora, ¿qué? ¿Actor, director, guionista?
Si pudiera elegir, sería director o guionista. Escribir es lo más difícil; es para darse un tiro en la cabeza. Producir y dirigir es maravilloso, porque puedes encontrar material nuevo y optar por actores jóvenes y nuevas filosofías. Es lo mejor dentro del cine. Y actuar... En fin, creo que todos los actores llegamos a un punto en el que ya no tenemos nada nuevo que ofrecer. Es como un humorista que cuenta el mismo chiste una y otra vez.
¿Usted se siente así?
Sí, claro. Cuando un actor llega a los 50 años, ya ha hecho casi todo. Todavía tiene sus clubs de fans, pero ya empieza a repetir gags y tics. Además, mi carrera ha sido bastante distinta al de otras estrellas, y me ha llevado a interpretar personajes físicos y musculosos.
¿Y no podría intentar cambiar de registro?
Ya lo intenté en Copland, por la que recibí buenas críticas. Pero el gran público me ve como Rocky o Rambo. A estas alturas es casi imposible cambiar esa imagen. Por eso, ya tengo asumido que me quedan pocas películas como actor.
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