El venezolano ve frenada en las urnas la reforma constitucional que le otorgaría plenos poderes.
Partidarios del 'no' a las tesis presidenciales celebran en las calles de Caracas la derrota de... |
Caracas. La que debía de ser la noche de la consagración definitiva de Hugo Chávez, en la que su proyecto socialista debía despejarle el camimo hacia el poder absoluto con el beneplácito de las urnas, fue finalmente la de su mayor decepción, después del sonoro bofetón que el electorado estampó el pasado domingo en el ego del presidente caribeño.
El pueblo venezolano, tradicional aliado del dirigente desde su llegada al poder, dijo no a su intención de modificar la Carta Magna que él mismo impulsó tras tomar las riendas del Estado, en la que supone la primera derrota electoral del dirigente. Pálido y visiblemente cansado, el presidente admitió la victoria de sus adversarios. Él no obtuvo un 50,7% de los votos frente al 49,2% de quienes apoyaban al Gobierno.
Pero aún con la huella de la derrota en el rostro, Chávez confesó que le fue difícil reconocer ese resultado, ya que cuando aún faltaba un porcentaje de actas por contabilizar aún pensó en que podía variar la situación. "Para mí, ésta no ha sido una derrota, es otro por ahora, continuaremos en la vía al socialismo del siglo XXI, en base a la Constitución vigente, que la oposición ha terminado por adoptar como suya y me alegro que así sea". Por último, Chávez pidió a los partidarios del no que "sepan administrar con sabiduría su victoria", a la que calificó de "pírrica".
Incertidumbre
Aunque la derrota supone un duro revés para Chávez, que había convertido la campaña en un plebiscito sobre su gestión al frente del Gobierno, la situación también le reporta un lado bueno, ya que al aceptar el resultado calla la boca a los que le tildan de dictador. Ahora, y después de dejar pasar un tiempo prudencial para minimizar el coste político del resultado, tiene cinco años por delante para intentar buscar otra manera de lograr la reelección indefinida e intentar que su proyecto gire definitivamente hacia el modelo cubano, seguramente por medio de una Asamblea Constituyente, como en el caso de Bolivia o Ecuador.
Esta era una de las protestas de la oposición, que alegaba que los cambios eran tan profundos que obligaban a la convocatoria de una Asamblea. De haber prosperado, Chávez hubiera podido cerrar y abrir, a su antojo, nuevas unidades territoriales, declarar el estado de excepción y nombrar y destituir a las autoridades locales y regionales.
Prohibía, igualmente, los monopolios y las posiciones de dominio en la economía, y "cualquier actividad (...) que vulnere los métodos y sistemas de producción social y colectiva". Desaparecía la autonomía del Banco Central, se reducía la jornada laboral a seis horas y se reforzaba la posición de las Fuerzas Armadas en la sociedad civil.
La envergadura de los cambios hizo ver a gran parte de la población sus semejanzas con el modelo cubano. Además, los últimos acontecimientos, como el cierre de Radio Caracas TV, las protestas estudiantiles, los conflictos con España y Colombia o las disensiones internas, provocadas por el rechazo a la creación de un partido único socialista e incluso la contestación de varios miembros del Ejército cercanos a él, pasaron finalmente factura.
Venezuela dice 'no' a la reforma y Chávez sufre su primera derrota electoral
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