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03/12/2007 12:04   



Los instrumentos del Doctor Morín

El triturador usado en las clínicas de Barcelona es el mismo que se utiliza para eliminar los desperdicios en mataderos y pescaderías

Los instrumentos del Doctor Morín
Aspecto del triturador industrial STR-2000 usado en las clínicas abortistas.

Santiago Mata

Madrid. El modelo STR-2000 es un triturador industrial de gran utilidad en los lugares en que es necesario eliminar grandes cantidades de desperdicios en la alimentación”.

“En los mataderos, pescaderías, fábricas de conserva y mercados de todo tipo, se depositan grandes cantidades de residuos de materias orgánicas que producen malos olores y originan trabajo y preocupación de su transporte a los vertederos y medios de limpieza”.

“Con la instalación del triturador STR-2000 en cualquiera de estos casos, se consigue eliminar todos los desperdicios en el momento en que se producen, sin necesidad de envasarlos y transportarlo, consiguiendo de este modo un ahorro considerable de la mano de obra”.

“El aparato puede adaptarse sin ninguna dificultad a cualquier voltaje de energía eléctrica”. Además cuenta con un elemento de seguridad “que se dispara automáticamente en cuanto se somete a un esfuerzo anormal producido por cualquier tipo de producto inadecuado”.

Quizá la empresa Guipuzcuana no sabía para qué podían necesitar dos trituradores dos de las clínicas barcelonesas del doctor Carlos Morín especializadas en abortos ilegales. Según el testimonio de la testigo protegida en este caso, emitido por Intereconomía TV el pasado martes.

Uno de ellos estaba en la planta baja de la clínica TCB, bajo un lavabo al que se accedía por una puerta detrás de la mesa de recepción. El otro estaba en un patio exterior al lado de la sala de espera de la clínica Ginemedex. Prueba de la profusión con que se usaban —según la testigo las clínicas recibían al menos 15 llamadas semanales para realizar abortos de más de 24 semanas de gestación— es la petición cursada a STR-2000 en agosto de 2005 para que enviaran a TCB dos nuevas juntas de triturador.

Quienes han investigado la “basura” de las clínicas abortistas (la madrileña Isadora fue investigada en el pasado mes de marzo por arrojar restos de fetos a la basura ordinaria) se sorprendían de la falta de restos orgánicos en las de Morín. Ahora ya saben el por qué: los fetos de gran tamaño salían al exterior por los desagües ordinarios, previamente triturados gracias a la eficacia de las máquinas de STR-2000.

Los desechos del aborto

Un reportaje de la TV danesa DR1 emitido a finales del mes de octubre de 2006 terminó con el negocio de los abortos ilegales durante un par de meses: Morín decidió suspenderlos y desmontar los dos trituradores. Pero el descenso de ingresos, y la mitigación de la polémica —no podía ser menos, pues llevaba “trabajando” en su especialidad en esas clínicas desde 2002 sin ser molestado (estuvo en la cárcel en 1989)—, le hizo reconsiderar la cuestión y volvió a los abortos de fetos de gran tamaño en enero de 2007.

El doctor Morín volvió a instalar un triturador en Ginemedex, pero en TCB hubo que recurrir a descuartizar manualmente los fetos y camuflarlos en los contenedores a los que se arrojan los restos de abortos legales. Como la Ley del Aborto no regula qué hacer con los restos, se recurre a incinerarlos como si fueran residuos orgánicos procedentes de la actividad de una clínica “normal”.

Para algunos el drama del aborto quizá no sea más que una cuestión de residuos mal gestionados. Cuanto más pequeños, mejor, en este caso, y de ahí que prefieran que la ley les garantice inmunidad hasta cierto plazo de tiempo... que no exija usar triturador. Por lo que hace en eficacia para incinerar, la historia del siglo pasado proporciona experiencias más que suficientes.




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Ramón Pi

Explosión de hipocresía

Una vez que en la conciencia se ha instalado la idea de que no todos los seres humanos que existen son merecedores de vivir, ya puede pasar absolutamente cualquier cosa: los peores criminales mueren ejecutados; los embriones ofrecen buen material para investigar con sus células; a los más enfermos, o más desesperados, se les suministra una muerte rápida y, a ser posible, indolora y con apariencia de terapia; los frutos de embarazos no deseados son triturados y echados a los desagües. Y los famosos derechos humanos, invocados con tanta hipocresía por los autores de estos horrores, saltan en pedazos.



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