Para pintar un buen lienzo sobre la sociedad suomi hay que recurrir al campo del detallismo. Finlandia se define en peculiaridades.
Francisco Rabadán
Su nacimiento fue extraño, casi accidental, como el de otros tantos países surgidos de la Gran Guerra. Históricamente, Rusia y Suecia, hermanos mayores territoriales y poblacionales, se habían repartido la custodia de la sexta nación en superficie de la Unión Europea. Hoy, esa peculiar influencia de antaño ha engendrado una cultura envidiada por su variedad e intelecto. Finlandia ha sabido heredar para sí lo mejor de nórdicos y eslavos: la virtud del trabajo y el mimetismo de saber cúal es el sitio de cada uno en la sociedad.
Esta tierra norteña, cubierta una media de ocho meses por la nieve, sigue la estela de países como Japón o Taiwán en políticas ciudadanas: la educación y las nuevas tecnologías son el eje. No es raro entonces que un estudiante medio finés domine cuatro idiomas (inglés, ruso, sueco y suomi) o que una ciudad entera, Nokia, satisfaga las pretensiones tecnológicas de todo el país y que además sea referente mundial en un sector tan puntero como el de la telefonía móvil.
Adentrándonos en este misterioso país, en su envoltorio visitamos la ciudad de Vaasa, apellido de la Casa Real sueca durante el siglo XVII, y que se vende a sí misma como la metrópoli costera más soleada de toda Finlandia.
En marzo, el astro del día permanece en el cielo desde las cinco de la madrugada a las cuatro de la tarde, apenas calienta, su presencia sólo sirve para que la máquina quitanieves no tenga que hacer su rutinario turno. La temperatura es de menos cinco grados en una buena jornada.
Vestidos con la indumentaria propia de los esquimales, los pescadores de Vaasa salen a faenar a las seis de la madrugada. Sus barcos están encallados en el muelle. Caminan con botas de pinchos por el mar congelado. Portan varios cubos de aceite caliente y dos picos afilados. Eligen una zona para establecer su campamento y comenzar a hacer el agujero. No llevan cañas de pescar, sólo redes. Depositan el aceite y en menos de un minuto han sacado a la superficie más de 20 salmones. Para los fineses el frío no es un impedimento: es algo que complementario que a veces les ayuda.
Pisamos otra vez tierra firme, la muchedumbre comienza a trabajar a las 8 de la mañana. No hay atascos en las carreteras, en parte porque el litro de gasolina supera los 1,50 euros. Las aceras, en cambio, sí están plagadas de ciclistas. Parece el Tour de Francia. Padres y niños comparten vehículo en muchos casos.
Las tiendas y restaurantes limitan su horario de apertura de las 12 de la mañana, momento en que los fineses almuerzan, a las ocho de la tarde, hora máxima en la que allí se puede cenar. Finlandia se asemeja a una sociedad cuadriculada donde el orden es la base de todo. En parte esta afirmación es muy cierta. Los jóvenes del país tienen dos opciones: estudiar o enrolarse en el Ejército. Es extraño utilizar la tercera vía: dejar los estudios y trabajar. ¿Por qué?
Pisos y coches
La preocupación del Gobierno para con sus zagales son los estudios y lo que hoy más preocupa a un adolescente europeo es su independencia familiar. Allí nadie permanece en su casa hasta más de los 20 años. Los políticos fineses han promovido desde los años 90 políticas para que una vez terminado el colegio, los jóvenes puedan emanciparse. En los cuatro meses que van desde la finalización de los estudios básicos al inicio de la universidad es normal que los adolescentes trabajen para ¡pagar la entrada de su piso! Sí, han oído bien. En la nación de Papa Noel, acceder a una vivienda cuesta cuatro millones de las antiguas pesetas.
Los jóvenes comienzan la universidad con una vivienda pagada y ya sólo les queda ahorrar para el coche, una misión mucho más complicada que en España. Allí un utilitario, bastante feo, no baja de los 30.000 euros. Por este motivo, culturas como la de la bicicleta, a pesar del intenso frío, están muy extendidas.
Otro gran contraste entre la sociedad suomi y la nuestra se ocasiona en el aspecto tecnológico. Las casas están equipadas con todo lo imprescindible para no tener que salir de allí. Los frigoríficos están conectados a internet y se puede hacer la compra desde ellos, muchas de las pantallas de televisión ya son táctiles e incluso puedes encender la sauna con una llamada telefónica.
La decoración de las casas finlandesas también tiene miga. Todas son de madera, otra industria potente del país pero menos reconocida por asuntos ecológicos, y están ajardinadas. Las familias habitan fincas de casi 1.500 metros cuadrados. Apenas hay pisos, que quedan reservados para los jóvenes. Que una familia viva en un apartamento está muy mal visto.
Miedos
¿Saben cuál es la mayor preocupación de los habitantes de Finlandia? El paro, no. Tienen pleno empleo (menos del 5% de parados). La inseguridad, tampoco. Su tasa es la más baja de Europa. ¡Los incendios!
Aunque parezca una broma pesada, el fuego es el mayor temor de un suomi. La mayor parte de las ciudades del país se han sido pasto de las llamas en, al menos, una ocasión. Vaasa, la ciudad que visitamos, se quemó en 1853 y se trasladó cinco kilómetros más cerca de la costa. Hoy, la vieja Vaasa, de la que se mantienen 379 edificios en ruinas, es uno de los parques favoritos de los jóvenes para practicar uno de los deportes rey del país: el esquí.
El otro deporte estelar es el automovilismo. Los circuitos de karts abundan e incluso en condiciones intespestivas los fineses compiten en su tiempo libre. Allí todavía no existen los gigantes comerciales de ocio.
El estereotipo de rubio con los ojos azules y alto es el que siempre ha perseguido a los fineses por el mundo. Las chicas han dado el primer paso para cambiar esa tendencia. Si en España una gran parte de las mujeres quieren ser rubias, en Finlandia, ellas se tiñen el pelo de moreno y algunas exhiben lentillas de color verde en sus ojos.
Finlandia es un lienzo de peculiaridades difícilmente comprensibles para un español. Países rodeados de nieve y tristeza aparente. El frío condiciona a un suomi, pero no le acaba con él. Sabe convivir la adversidad.
Finlandia maximifica sus recursos con lo poco que tiene. La educación, la tecnología y los recursos naturales son la base de un país con aire misterioso, pero con vastas y preciosistas estampas. El encanto es una cualidad propia de la belleza. En Finlandia hará un frío de mil demonios, las ciudades estarán incomunicadas durante el invierno y no hay grandes areas comerciales. Sin embargo, un paseo a través del mar congelado o un atardecer a las cuatro de la tarde son cosas que uno jamás en la vida debería perderse. En el hielo también existen los paraísos.
Cómo llegar, dónde dormir
Desde Madrid hay vuelos con Scandinavian Airlines (Sas) que hacen escala en Estocolmo para aterrizar en Vaasa. El precio oscila los 350 euros ida y vuelta.
El mejor lugar es el complejo Tropiclandia. Se trata de un recinto equipado con balneario y parque de atracciones. Una habitación doble puede conseguirse desde 120 euros por noche.
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