En la formación conservadora se respira una calma artificial previa al congreso. Compromisarios madrileños se sienten postergados por discrepar.
Gallardón cuenta cada vez con menos leales dentro del PP municipal, frente a Aguirre. EFE |
Jorge Bustos.
NO es justo que una región que ha dado al partido 1.800.000 votos sólo aporte 200 compromisarios al congreso de junio. Esto al menos es lo que piensan bastantes de los militantes del PP madrileño en estos momentos de falsa calma. “Regiones como Andalucía o Castilla La Mancha contarán con una mayor representación en el congreso, y sin embargo en ellas no gobierna el partido. El aparato sofoca a las bases. Es injusto que en un partido con 700.000 militantes sólo 3.000 puedan votar al líder”, confiesa un compromisario del PP a LA GACETA. Y añade, con resignación: “El 90% de los compromisarios votaremos a Rajoy, muchos con la nariz tapada, porque sabremos que estamos votando a un candidato que no ganará las próximas elecciones”. ¿Y entonces por qué le votáis? ¿Es que os obligan? “La mayoría votará en blanco, pero luego los resultados se maquillarán, como siempre”.
Durísimas afirmaciones para un partido que se declara democrático.
Así las cosas, los 21 distritos que componen la capital de España se convierten en el teatro paradigmático del enfrentamiento entre partidarios y contrarios a las primicias, que se extiende a todo el territorio nacional. En este debate estriba el futuro de la oposición política en España. En el mapa adjunto pueden distinguirse las posiciones que dividen el PP de Madrid. Hay doce distritos, representados por sus concejales presidentes, que se declaran partidarios de Aguirre y la celebración de primarias. El resto se mantiene fiel a Gallardón, más cerca de Rajoy que nunca y a la espera de cargo orgánico. En color rojo aparecen los fieles al alcalde, mientras que en azul figuran los distritos que apostarían por un nuevo liderazgo nacional de la mano de Aguirre.
El núcleo duro gallardonista lo representan altos cargos del Ayuntamiento, como todos los delegados de área —salvo Concepción Dancausa—, buen número de concejales de distrito, la teniente de alcalde Ana Botella y el vicealcalde Manuel Cobo. Entre los concejales puestos por ella en las listas a las municipales y los que se han adherido a su causa tras la derrota de Rajoy, 12 de los 21 distritos son suyos.
Hay concejales que no se hablan entre ellos
Las agrupaciones de los 21 distritos madrileños escenifican la polarización que vive el PP en su conjunto. Encontramos distritos muy fieles a Gallardón, presididos por hombres y mujeres que ya fueron de su equipo al frente del Gobierno regional. Gallardonistas rabiosos son José Enrique Núñez, que tiene línea directa con el alcalde y ha sido premiado con el más goloso de los distritos: Centro; Paloma García Romero, Manuel Troitiño, Carmen Torralba o Dolores Navarro. González Moñux es un caso hamletiano: cuesta la lealtad a un Gallardón crecientemente endiosado.
Hay casos en los que la militancia del concejal choca con la de la agrupación distrital. Tal sucede en Latina: Larrainzar es esperancista pero preside la agrupación el gallardonista Berzal, delegado de Coordinación Territorial. En San Blas ocurre algo parecido.
Los ponentes críticos corren el riesgo de ser relegados
El PP local está dividido entre los que respaldan las primarias y los que se pegan al alcalde.
Fue Íñigo Henríquez de Luna, concejal popular del madrileño distrito de Salamanca, el primero que secundó la invitación a reflexionar de Aguirre. Con la agrupación de Salamanca detrás, anunció su intención de defender en el congreso de junio una enmienda a los estatutos del PP en favor de un sistema de primarias. El “manifiesto del 2 de mayo” hecho público por los diez compromisarios del distrito insiste en que “los militantes del PP puedan elegir de forma directa, libre y secreta a los presidentes, así como a los candidatos”.
Otro concejal, el de Vallecas Villa, Ángel Garrido, no tardó en sumarse a la propuesta. Garrido es, junto al concejal de Moratalaz, Fernando Martínez Vidal, el más beligerante en su defensa del sistema de primarias. Todo lo cual está tensando al máximo la relación con el jefe Gallardón: en los plenos del Ayuntamiento, la bancada del PP cierra filas a la hora de votar, pero sus sentimientos nunca estuvieron tan públicamente divididos.
Entre las primeras figuras del partido, Aguirre (lógicamente) y Gustavo de Arístegui no tardaron en aplaudir la iniciativa de Henríquez de Luna. Otros como González Pons y Trillo desestimaron la iniciativa, así como José Luis Ayllón, lugarteniente de Soraya en el grupo parlamentario. Núñez Feijóo será, con dos compañeros de Baleares y Castilla y León, el encargado de redactar la ponencia sobre estatutos —la más deseada—, y afirma que “hablar de enmiendas de un texto todavía no presentado es hacer ruido”. Curiosa fue también la reacción de Ana Botella, que suena como sustituta de Gallardón al frente de la alcaldía si el regidor fuera ascendido de súbito. Botella, de viaje trasatlántico cuando Henríquez de Luna salió a la palestra, lo llamó para expresarle su respaldo. Pero de regreso a Madrid, hizo un llamamiento a la prudencia. Prefiere no casarse con nadie. Salvo con Aznar, claro. Desde luego, antes con Gallardón y Rajoy que con Aguirre.
Fuentes del PP aseguran que el paso al frente del concejal madrileño le pasará factura: el aparato de Génova se ocupará de que su ponencia verse sobre economía, tema inocuo a efectos de organización interna del partido. “Ahora nadie quiere pronunciarse, porque quedaría relegado en el congreso a un papel marginal”. Mejor enseñar las cartas en junio y que se vean bien claras.
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