Lo saben todo de nosotros. La tecnología ha transformado el planeta en una aldea global en la que la esfera de lo privado se empieza a considerar una anomalía.
Cerca de cien estudiantes del MIT participan en el estudio. |
John Markoff / NYT
Harrison Brown, un jovenzuelo de 18 años que se está especializando en matemáticas en el MIT, no tenía necesidad de realizar complejos cálculos para decidir que le gustaba el trato: a cambio de permitir que investigadores rastreen todos sus movimientos, él recibe gratuitamente un smartphone.
Ahora, cuando llama a otro estudiante, los investigadores lo saben. Cuando envía un e-mail o un mensaje de texto, también lo saben. Cuando escucha música, saben de qué canción se trata. En todo momento lleva su teléfono equipado con Windows Mobile con él, saben quién es y con quién está.
Brown y otros 100 estudiantes que viven en Random Hall en el MIT han aceptado cambiar su privacidad por smartphones que generan un rastro digital que es transmitido a un ordenador central. Más allá de las acciones individuales, el dispositivo capta una imagen móvil de la red social de la residencia.
Inteligencia colectiva
Los datos de los estudiantes no son más que una burbuja en un amplio mar de información digital que está siendo almacenada por una telaraña de sensores todavía más amplia, desde teléfonos y unidades GPS hasta etiquetas en las placas identificativas de la oficina, que captan nuestros movimientos e interacciones. Añadidos a la información ya reunida de fuentes tales como visitas a la Web y tarjetas de crédito, estos datos constituyen la base para un campo emergente denominado inteligencia colectiva.
Impulsada por las nuevas tecnologías y la firme incursión de internet hasta en el último rincón de la vida, la inteligencia colectiva ofrece poderosas capacidades, desde mejorar la eficiencia de la publicidad hasta ofrecer a grupos comunitarios nuevas maneras de organizarse.
Sin embargo, incluso los profesionales del sistema reconocen que, si se hace un mal uso, las herramientas de la inteligencia colectiva podrían crear un futuro orwelliano con el que el Gran Hermano no hubiese podido ni soñar.
La inteligencia colectiva podría permitir que las compañías de seguros, por ejemplo, usaran datos de comportamiento para, de manera encubierta, identificar a las personas que padecen una determinada enfermedad, denegándoles la cobertura del seguro. Del mismo modo, el gobierno o las fuerzas de seguridad podrían identificar a los miembros de grupos opositores rastreando redes sociales puestas a la luz por la nueva tecnología. “Esta tecnología tiene tantas aplicaciones —desde el márketing hasta el uso militar— que no puedo imaginar que no acabe impregnando nuestras vidas en los próximos años”, comenta Steve Steinberg, un científico del campo de la informática que trabaja para una firma de investigación en Nueva York.
En un artículo colgado en la red, que ha tenido amplia difusión, argumentaba que había grandes posibilidades de que se hiciera un mal uso del sistema, “Es una de las innovaciones tecnológicas más importantes que he visto en los últimos tiempos; también podría ser una de las más dañinas”.
Privacidad y tecnología
En los últimos 50 años, los estadounidenses han estado preocupados por la privacidad individual en la era de los ordenadores. Sin embargo, ahora las tecnologías han llegado a ser tan potentes que proteger la privacidad individual no puede ser ya la única cuestión. Ahora, con internet, los sensores inalámbricos y la capacidad de analizar una avalancha de datos se puede trazar el perfil de una persona sin necesidad de tener que controlarlo directamente.
“Algunos han argumentado que con las nuevas tecnologías las expectativas de privacidad son menores”, comenta Marc Rotenberg, director ejecutivo del Electronic Privacy Information Center, un grupo por el derecho a la privacidad de Washington. “Sin embargo, lo contrario también puede ser cierto. Las nuevas técnicas pueden requerir de nosotros que ampliemos nuestra comprensión de la privacidad y que nos enfrentemos al impacto que la recolección de datos tiene sobre grupos de individuos y no simplemente sobre una persona”, añade.
Brown, por ejemplo, no está preocupado por la pérdida de su privacidad. Los investigadores del MIT le han convencido de que han hecho grandes esfuerzos para proteger cualquier información generada por el experimento .
Además, dice, “tal como lo veo, todos tenemos páginas en Facebook, todos tenemos e-mail y sitios web y blogs”. “Esto no es más que una gota de agua en el océano de la privacidad”, recalca el estudiante involucrado en este Gran Hermano.
En 2006, Sense Networks, con sede en Nueva New York, demostró que había una gran cantidad de información útil escondida en el archivo digital de datos GPS generados por decenas de millares de conductores de taxi de San Francisco. Podía ver como, por ejemplo, gente que trabajaba en el distrito financiero de la city tenía tendencia a ir a trabajar más temprano cuando el mercado subía, pero más tarde cuando el mercado bajaba.
También se dio cuenta de que las personas con unos ingresos de nivel medio — determinados según su código postal — tendían a utilizar taxis más a menudo justo antes de las caídas de los mercados.
Sense ha desarrollado dos aplicaciones, una para ser usada por los usuarios de smartphones como el BlackBerry y el iPhone, y la otra para compañías interesadas en hacer previsiones sobre las tendencias sociales y el comportamiento financiero. La aplicación para usuarios de móviles Citysense identifica los lugares de entretenimiento de moda en la ciudad. Conecta información de Yelp y Google sobre discotecas y clubs musicales con datos generados por rastreadores de localización de usuarios anónimos de móviles.
La segunda aplicación, Macrosense, está destinada a ofrecer a las empresas información sobre la actividad de las personas. Utiliza una enorme base de datos que enlaza GPS, posicionamiento Wi-Fi, triangulación de antenas de telefonía, chips de identificación por radiofrecuencia y otros sensores.
“Hay un conjunto enorme de parámetros que nadie ha medido nunca”, dijo Greg Skibiski, director ejecutivo de Sense. “Fuimos capaces de ver como la gente se movía por las tiendas” y otros lugares. Estos patrones de movimiento, unidos a los datos de ventas, puede dar a las tiendas información inmediata sobre los niveles de ventas y sobre quien está comprando en las tiendas de la competencia.
Alex Pentland, profesor del Media Lab del Massachussetts Institute of Technology que dirige el proyecto de investigación en la residencia de estudiantes, fue cofundador de Sense Networks. Forma parte de una nueva generación de investigadores que puede acceder sin demasiado esfuerzo a datos que en el pasado hubieran tenido que recogerse manualmente, o ser adquiridos mediante cuestionarios o entrevistas que se basaban en la memoria y la honestidad de los encuestados.
Los investigadores del Media Lab han trabajado con Hitachi Data Systems, la empresa tecnológica japonesa, para utilizar algunas de las tecnologías del laboratorio para mejorar la eficiencia empresarial. Por ejemplo, equipando a los trabajadores con placas con sensores que generan el mismo tipo de datos que ofrecen los teléfonos móviles de los estudiantes, los investigadores determinaron que la comunicación cara a cara era mucho más importante en el trabajo de una organización de lo que se suele creer.
La productividad mejoró un 30% con un incremento paulatino de la comunicación cara a cara, dijo Pentland. Los resultados fueron tan prometedores que Hitachi ha puesto en marcha un servicio de consultoría que analiza las organizaciones utilizando las técnicas de los investigadores.
Pentland llama a su investigación “reality mining”, para diferenciarlo de una generación anterior de data mining llevada a cabo mediante métodos más tradicionales.
Pentland es “el emperador de la investigación con redes de sensores”, dijo Michael Macy, sociólogo de Cornell que estudia las redes de comunicaciones y su papel como redes sociales. Personas y organizaciones, dijo, deciden cada vez más interactuar entre sí mediante medios digitales que recogen estas interacciones. “Esto permite a los científicos estudiar estas interacciones de formas que hace cinco años pensábamos que no eran posibles”, dijo.
Aunque en el pasado estuvieron basados en ordenadores en red, los sistemas de inteligencia colectiva se crean cada vez más usando redes inalámbricas de sensores digitales y smartphones. En una aplicación, grupos de científicos y activistas políticos y medioambientales están desarrollando redes de “sensores participativos”.
En el Center for Embedded Networked Sensing de la Universidad de California en Los Ángeles, por ejemplo, los investigadores están desarrollando un servicio web que llaman Informe de Impacto Ambiental Personal, para construir un mapa de la calidad del aire en Los Ángeles. Su objetivo es permitir a la gente evaluar como sus actividades afectan al entorno, y tomar decisiones sobre su salud.
Los usuarios pueden decidir cambiar el camino por el que hacen footing, o correr a otra hora del día, según la calidad del aire en cada momento.
“Nuestro objetivo es que sea posible observar lo que antes era inobservable”, dijo Deborah Estrin, directora del centro e informática de la U.C.L.A.
Pero Estrin dijo que el proyecto todavía tiene por delante muchos retos, tanto con la precisión de los diminutos sensores como con la capacidad de los investigadores de asegurar que ciertos datos personales siguen siendo privados. Es escéptica respecto a los esfuerzos técnicos para ocultar la identidad de las contribuciones individuales a las bases de datos de información recogida por las redes de sensores.
Los intentos de difuminar la identidad individual pueden funcionar hasta cierto punto, dijo. Los investigadores encriptan los datos para que no se pueda identificar a las personas en particular, pero tiene límites.
“Aunque protejamos la información, está sujeta a órdenes judiciales y a jefes o parejas desconfiadas”, dijo.
Dijo que puede haber otras formas de proteger la privacidad. “Podría haber un sistema en el que los datos desaparezcan”, dijo.
Ya hoy en día, los grupos activistas han hecho uso de la tecnología para mejorar su capacidad organizativa. Un servicio llamado MobileActive ayuda a las organizaciones sin ánimo de lucro de todo el mundo a usar sus teléfonos para aprovechar la experiencia y energía de sus participantes, enviando alertas sobre actividades, por ejemplo.
Pachube es un servicio web que permite a la gente compartir datos de sensores en tiempo real desde cualquier lugar del mundo. Con Pachube, se pueden combinar y visualizar datos de sensores, desde el coste de la energía en un lugar, hasta monitorización de temperatura y polución, pasando por los datos que recoge una boya en la costa de Charleston, S.C., creando una foto del mundo basada en la información.
Esta foto completa y constantemente actualizada redefinirá sin duda las nociones tradicionales de privacidad.
Pentland afirma que hay maneras de evitar los problemas de la sociedad de la vigilancia relacionados con la tecnología. Para el uso comercial de tal información, ha propuesto una serie de principios derivados de la ley común inglesa, para garantizar que la gente tiene derecho de propiedad sobre los datos relacionados con su comportamiento. La idea gira en torno a tres principios: que tienes derecho a poseer tus propios datos, que controlas los datos que se recogen sobre ti, y que puedes destruir, eliminar o restaurar los datos cuando quieras.
Al mismo tiempo, dijo que debe verse si los derechos individuales sobre privacidad son más importantes que el bien público.
Citando la epidemia relacionada con el síndrome respiratorio severo agudo, o SARS, de los últimos años, dijo que la tecnología hubiera ayudado a los agentes sanitarios a vigilar los movimientos de los infectados en tiempo real, ayudando a limitar la difusión de la enfermedad.
“Si hubiera podido mirar a los registros de los teléfonos móviles, se hubiera podido parar esa mañana en vez de dos semanas más tarde”, dijo. “Lo siento, pero eso es más importante que pequeñas preocupaciones sobre privacidad”.
De hecho, algunos investigadores en el campo de la inteligencia colectiva argumentan que tanta preocupación sobre el derecho a la privacidad es un fenómeno relativamente nuevo en la historia del hombre.
“Las nuevas herramientas relacionadas con la información, simbolizadas en internet, están cambiando radicalmente nuestras posibilidades para organizar acciones a gran escala”, dijo Thomas W. Malone, director del centro del MIT para la inteligencia colectiva.
“Durante la mayor parte de la historia del hombre, la gente ha vivido en pequeñas tribus, donde todos sus conocidos sabían todo lo que hacían”, dijo Malone. “En cierto sentido, nos estamos convirtiendo en una aldea global. Puede que la privacidad se haya convertido en una anomalía”.
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Los buscadores, la punta del iceberg
Google y su enorme granja de más de un millón de servidores de búsqueda esparcidos por todo el globo sigue siendo el mejor ejemplo del poder y del potencial de creación de riqueza de la inteligencia colectiva. El legendario algoritmo PageRank de Google, que originariamente había sido el responsable de la calidad de los resultados de búsqueda de Google, obtiene su precisión de la sabiduría inherente a los miles de millones de enlaces web que la gente crea.
La compañía introdujo un servicio de reconocimiento de voz a principios de noviembre, inicialmente para el AppleiPhone, que obtiene su precisión debido en gran medida a un modelo estadístico construido a partir de varios billones de búsquedas de términos que sus usuarios han introducido en la última década. En el futuro, Google obtendrá provecho de las solicitudes de búsqueda por voz para anticipar aún más las preguntas que sus usuarios quieren plantear. Hace unos pocas semanas, Google desplegó un servició de aviso temprano de la aparición de epidemias de gripe, en base a las solicitudes de búsqueda de síntomas relacionados con la gripe.
El éxito de Google, junto con la rápida expansión de internet y sensores inalámbricos—como rastreadores de localización en teléfonos móviles y unidades GPS en los automóviles— ha provocado la aparición de una raza capaz de aprovecharse de la tecnología de la inteligencia colectiva.
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