Cinco nuevos espacios artísticos parisinos simbolizan los intentos de la nueva Francia de Sarkozy por despertar de la decadencia que el resto del mundo le achaca.
¿Otra Revolución? Más bien evolución. . |
Ángel Peña
Madrid. ¿Se avecina una nueva Revolución Francesa? La cultura gala, tan pagada de sí misma tras siglos de predominio, se ha ido apagando, pese a los esfuerzos por convencerse a sí misma de que todo seguía igual y la grandeur no desaparecería jamás. Cada vez les resultaba más difícil parapetarse contra quienes, como en el cuento, osaban decir que el emperador estaba desnudo. Hasta que llegó Time.
La revista estadounidense, una de las de mayor difusión del mundo, tituló una portada de noviembre con esta contundencia: The death of french culture (La muerte de la cultura francesa). Argumentaba que el proteccionismo de los poderes públicos y el narcisismo de los gurús intelectuales han hecho de la tierra de Moliere, Sartre y Gaugin un yermo creativo.
Los franceses se defendieron, por supuesto —especialmente furibundos fueron los artículos de L’Express y Le Figaro—, pero sabían que la diatriba de los norteamericanos, aunque exagerada, respondía a una sensación cada vez más patente.
Y precisamente esa sensación es el motor de un nuevo movimiento que surge desde el mismo corazón de la cultura parisina para invertir la tendencia. Poco a poco. La añeja Intelligentzia oficial no permitirá una revolución. Pero algunas señales, como la nueva ola de espacios culturales parisinos, anuncian una evolución. María Luisa Gaspar, de Efe, cita cinco: Le Laboratoire, Le 104, La Maison des Metallos, el Centro Musical Fleury Goutte-d’Or-Barbara y los sótanos del Palacio de Tokio.
Le Laboratoire es el mejor símbolo de esta evolución. En pleno centro de París, la ministra de Cultura, Christine Albanel, acudió a la apertura en octubre, Y dejó claro la unción gubernamental de la institución: “Es una prueba de que Francia se mueve”.
El centro pretende unir ciencia y arte centrándose en lo experimental y las vanguardias. Pero lo más revolucionario quizá sea su naturaleza jurídica: es completamente privado. La única luz que veía la necrológica de Time era la llegada al Elíseo de Nicolas Sarkozy, un conservador paradójicamente al frente del cambio.
Los franceses le perdonan sus lamentables líos amorosos a cambio de orear el caduco discurso de la izquierda exquisita. Y él responde con iniciativas hasta ahora impensables, como la de crear una lista de criterios de evaluación de resultados para cada ministerio, al más puro estilo de un consejo de administración. Christine Albanel sabe que para mantener su puesto de trabajo al fente de Cultura necesitará más números que glamour.
Pero Le Laboratoire, además de su carácter netamente comercial, —sus 1.300 metros cuadrados rebosan tiendas, salas de reuniones y restaurantes—, aporta más dinamita contra el secular chovinismo francés: su fundador es un estadounidense, el reputado científico David Edwards, profesor de la Universidad de Harvard
Edward dice que eligió París hace cuatro años “por razones personales”, entre ellas la reelección de Bush en su país y la acogida de los parisinos. No mencionó la debilidad del dólar frente al euro, que puede ser un buen argumento para invertir el camino de captación de talentos con el que EEUU se enriqueció durante la segunda mitad del siglo XX.
Y si la proximidad de Le Laboratoire al architradicional Louvre es toda una paradoja, no lo es menos la localización de otro de los nuevos puntos fuertes de la creatividad parisina: Le 104, que se inaugurará en otoño, se asienta sobre las antiguas pompas fúnebres de París. Se trata de un espacio polivalente de 25.000 metros cuadrados para la creación multidisciplinar, con comercios, talleres y estudios residenciales. Una buena forma de revitalizar uno de esos banlieus periféricos que tantos quebraderos de cabeza le dan a Sarkozy.
De la difusión del arte más contemporáneo se ocupan ya otras instituciones, como el Palacio de Tokio, frente a la Torre Eiffel. Abierto en 2002, sus inmensos sótanos, aún vacíos, esperan para 2009 un un proyecto con la misma vocación popular de Le 104.
Y este mes se inaugurará al noreste el Centro Musical Fleury Goutte-d’Or-Barbara, de 1.500 metros cuadrados dedicado a las músicas actuales, abierto a los jóvenes artistas y melómanos, además de a profesionales, vecinos y asociaciones locales.
Contenedores culturales
Nazaret Echart
Durante 2006 y 2007 se habló mucho del declive francés, y no sólo fuera de Francia. Sarkozy llegó a la presidencia en parte por su valentía para asumir la triple crisis institucional, económica y cultural y presentarse como el único capaz de devolver a Francia, si no la grandeur, sí el liderazgo perdido. Pero ni a los más pesimistas les gustó la portada de Time. ¿Que Francia ha dejado de influir? Los nuevos espacios culturales que van a inaugurarse en los próximos meses tienen así la nada despreciable misión de convencer a propios y extraños de que Francia sigue en la vanguardia cultural y científica, de que los galos siguen ocupando un lugar en el mundo.
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