Nunca faltan motivos para redescubrir el patrimonio natural de una comunidad que ha abierto al público espectáculos inesperados.
La piscina termal de La Hermida, con el manantial. |
Carlos Bueno
Si quisiéramos resumir Cantabria en cifras, habría que recordar su población de 530.000 habitantes, también sus 200 kilómetros de costa —60 de ellos de playas— o sus 6.500 cuevas.
Por sus nueve valles más importantes se hayan dispersos pequeños pueblos formados por casonas con más de 400 años de vida. Existe, pues, una Cantabria rural, muy conocida y siempre por redescubrir. Pero también su capital, extendida frente a sus ocho playas, se encuentra en estos momentos inmersa en proyectos como el gran parque Atlántico de las Llamas, que se nace junto al palacio de los deportes, esa popular ballena plateada.
Cantabria es Santillana del Mar, su colegiata y sus grandes ejemplos del arte de la heráldica. También sus tierras acogen los encrespados Picos de Europa —compartidos con Asturias y Castilla y León— con el desfiladero de La Hermida, el valle de Liébana, Potes...
Para no perdernos, hemos querido destacar cinco excusas bien distintas para disfrutar de una escapada familiar.
A los balnearios de La Hermida y Solares, recientemente recuperados para el turismo de salud, podrían sumarse también el de Puente Viesgo y los tratamientos con agua marina (talasoterapia) que ofrece el hotel con más solera de la capital, el único de cinco estrellas, el Real.
A esa segunda propuesta de Cabárceno podríamos añadir, si disponemos de tiempo, un recorrido por otras zonas del mismo parque que nos recuerdan la intensa actividad minera que se desarrolló en esa zona desde tiempos del imperio romano. La reconversión a la que ha sido sometida hasta llegar a su actual diseño ya justificaría la visita.
Un ejemplo de cómo la buena gastronomía se la acaba relacionando con la cultura lo encontramos en El Capricho de Gaudí, en Comillas. Fruto de esa fascinación de los japoneses por el modernista catalán, una compañía nipona lo adquirió y su actual uso diario favorece su conservación en perfectas condiciones. En su interior aún podemos ver incluso algunos muebles diseñados por el autor de la Sagrada Familia.
A pocos kilómetros de Comillas descubrimos en la cueva El Soplao uno de esos espectáculos que la naturaleza ha ido creando durante decenas de miles de años. Para hacernos una ligera idea de ese ritmo parsimonioso, basta recordar que una de esas miles de estalagtitas o estalagmitas necesita de un siglo para que crezca un centímetro. Pero también vemos columnas enteras de medio metro de diámetro, palmeras...
Entre esas 6.500 cuevas que se calcula están repartidas por todo Cantabria no podemos olvidar una no menos espectacular, aunque por motivos bien distintos. Nos referimos a Altamira, con las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad, datadas hace 18.500 años, en el magdaleniense. Descubierta en 1868 por un trabajador de Marcelino Sanz de Sautuola, no fue valorada por los científicos internacionales hasta que no hallaron en Francia ejemplos similares, pero de inferior calidad.
Aunque cerrada al público por completo desde 2003, la neocueva o réplica construida a 100 metros de la original permite hacerse una buena idea de su verdadero valor. Y un dato más: al margen de Altamira, Cantabria alberga otras 58 cuevas con restos prehistóricos, con El Castillo a la cabeza.
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