La adaptación a la vida normal tras las vacaciones puede durar varios días e incluso retrasarse hasta dos semanas.
Dr. Lavilla
El regreso a la vida habitual, con los compromisos laborales y sociales, puede tener sus dificultades. Tras unas semanas de vacaciones, es habitual advertir un menor rendimiento del esperado y una especial lentitud para resolver los problemas. Existe una sensación de no avanzar como sería necesario y baja la productividad. Además, se puede sentir cierto cansancio que a veces se mezcla con el desánimo por haber dejado atrás unos días especiales.
Los principales problemas
Esos problemas son normales. El organismo debe adaptarse a un nuevo ritmo, siendo más difícil cuanto más importante sea el cambio. Esa adaptación puede costar algunos días, incluso dos semanas. El no haber descansado adecuadamente durante las vacaciones facilita la presencia de ese cansancio. Algunas personas llegan a presentar un estado de bloqueo, sin que consigan adaptarse al ritmo de vida ordinario. Llegan incluso a padecer una serie de trastornos que suelen quedar en la esfera de lo psicosomático con pérdida de apetito, insomnio, problemas en el ritmo intestinal, respiratorios o cardiovasculares. Aparecen además otros síntomas más psíquicos como trastornos en el comportamiento, depresión y cuadros de ansiedad. Por supuesto, el riesgo de padecer todos esos trastornos dependerá de la capacidad y estabilidad personal (propia y derivada del entorno). Hay personas con una mayor susceptibilidad, quizás en relación con una falta de recursos para hacer frente a las dificultades.
No hay que preocuparse si surgen algunas dificultades al principio. Sin estar obsesionados, conviene ir buscando en los últimos días de vacaciones un horario y ritmo más parecido al habitual. La lista de tareas pendientes puede ser larga, pero se debe ordenar por prioridades. Seguir una agenda ordenada facilita lograr el máximo rendimiento. También resulta útil mantener una actividad física diaria, especialmente cuando es un hábito que se ha iniciado durante las vacaciones. Esa actividad permite mantener un estado físico adecuado mejorando el tono psicosomático.
Superar las dificultades
Cuando los problemas se acumulan o se advierte que esa adaptación está siendo más difícil de lo previsto, entonces es el momento de recapacitar sobre los posibles factores negativos que estén influyendo. Las vacaciones ya han pasado y no se pueden corregir los errores cometidos salvo que se tengan en cuenta de cara a otros años.
La situación laboral se debe afrontar tal como está aunque sin dejar de intentar remediar los posibles defectos, buscando un ambiente adecuado y nuevas perspectivas de desarrollo. La situación personal también debe recibir la atención necesaria. En aquellas personas que llegan a padecer síntomas o trastornos importantes, recibirán atención médica que se suele reducir a un tratamiento sintomático salvo cuando los problemas psíquicos adquieren relevancia.
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