La polémica sobre el aborto llega a Italia, y los políticos de distinto signo abogan por modificar la ley en vigor.
El periodista Giuliano Ferrara, director del diario Il Foglio. |
Paloma Gómez Borrrero
Roma. Treinta años después de su promulgación, en Italia vuelve la polémica. Se trata del enfrentamiento sobre la ley 194 que reglamenta la “interrupción voluntaria” de la maternidad y consiente el aborto antes de que se cumplan 90 días. Es improbable que el caso aborto vuelva a debatirse a corto plazo en el Parlamento, pero sí ha encendido los ánimos. Así, lo que en un principio era una cerilla que había encendido el periodista Giuliano Ferrara, se ha convertido, en pocos días, en un volcán en erupción.
Ferrara, director del diario Il Foglio y comentarista de gran prestigio, ha lanzado desde ese diario y desde su programa de televisión en el canal La 7 la propuesta de revisar la ley 194 tras la aprobación en la ONU de una moratoria sobre la pena de muerte. Ferrara quiere recordar que el aborto representa también una condena a muerte: la aplicación de la pena capital a un ser indefenso.
Ferrara explicó que su intención no era la de derogar la ley vigente, sino la de incentivar políticas en favor de la vida, despertar las conciencias, ayudar a las mujeres que esperan un hijo y hacerlas comprender que el niño que llevan en su seno es un ser humano.
A la provocación, a la primera piedra lanzada por Ferrara, contra “la 194”, respondió el cardenal vicario de Roma. Camillo Ruini apoyó la moratoria y, con tono prudente, nada agresivo, pero firme, ha pedido que se revise la ley, ya que “después de 30 años sería necesario que se tuvieran en cuenta los progresos científicos, los avances de la medicina que permiten la supervivencia de los niños prematuros”. Según añadió, “es verdaderamente inadmisible proceder al aborto en un tiempo en el que el feto prodría vivir”.
La polémica está servida y con ella los contrastes dentro de los partidos políticos y el enfrentamiento entre el gobierno y la oposición. El debate ha provocado algo aún más grave: tanto en el centro-derecha como en el centro-izquierda hay división de opiniones. La senadora comunista Paola Binetti apoya la propuesta del coordinador de Forza Italia, Sandro Bondi, que sugiere al Gobierno y a la oposición “examinar la ley prescindiendo de la ideología”.
La senadora ha declarado que en el caso de que se presente en el Parlamento, ella la apoyará en contra de lo que decida su partido, porque su objetivo es “defender el valor de la vida”. Sus palabras han suscitado la ira y la indignación de su partido. “La onorevole Binetti” —dijo una de sus colegas— “está cubriendo de vergüenza y ridículo a la coalición gubernamental y con sus ideas insulta a todas las mujeres”.
La ministra de Sanidad, Livia Turco, con esa prudencia de los italianos —no hay que olvidar que en Italia se aconseja y se sigue la palabra “ni”, que significa un poquito de “sí” y otro de “no”— ha advertido que está dispuesta a discutirla, pero que “la ley del aborto no se toca”.
En medio de este terremoto político que está convulsionando Italia, la entrevista que ha concedido el diputado y filósofo católico Rocco Buttiglione ha aclarado posiciones y calmado un poco el tsunami-aborto. El presidente de la Unión Centro Democrático, el partido nacido de las cenizas de la Democracia Cristiana, está convencido de que no se cancelará la ley 194, pero sí hay que luchar para cambiar las reglas.
Ramón Pi
Cuestión de lógica
En Italia ya se ha abierto el debate sobre la necesidad de hacer algo coherente para no seguir conviviendo con el fariseísmo de prohibir que el Estado pueda dar muerte a los culpables y al mismo tiempo favorecer que los particulares puedan dar muerte a los inocentes.
Eso es insostenible y hace vomitar a cualquiera que tenga residuos de lógica en su cabeza. Ya no vale “religiosizar” este asunto: el director de Il Foglio, Giuliano Ferrara, ex comunista, se confiesa no católico. Este dato deja claro que no estamos ante un hecho religioso. No es ésta una cuestión de credos, de profesar una fe o ninguna. O no más que la lucha contra la tortura, que también está prohibida por la Iglesia.
Es una cuestión de humanidad. No hay que ser católico para defender esta causa. Basta con no ser sectario.
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