Los portales de búsqueda de trabajo canalizan más de un 15% de esas indagaciones para encontrar ocupación.
Aunque Pedro Solbes, vicepresidente en funciones, insiste en difuminar los peores trazos de la situación económica y se niega a hablar de crisis, la realidad es terca y empieza a golpear uno de los índices fundamentales para medir la salud de la economía, que es el empleo. En el mes de marzo se ha producido un pequeño paréntesis en la destrucción de puestos de trabajo, pero nadie se hace ilusiones. La crisis de la construcción, sector en el que se han seguido produciendo pérdidas laborales, augura un escenario incómodo para el futuro inmediato. De ahí la importancia que todo el mundo da a la búsqueda de un puesto de trabajo adecuado y lo gratificante que resulta encontrarlo. Tener las herramientas precisas para ello constituye una prueba de eficacia en el funcionamiento de un país. Téngase en cuenta que alrededor de cuatro millones de personas, aproximadamente un 10% de la población, busca en España trabajo: desde el cerca de medio millón de jóvenes que entran anualmente en el mercado laboral a un 32% de trabajadores que desearían cambiar de empleo o a las mujeres que, apartadas del mercado por diversas razones, desean volver a él. Entre las tradicionales vías para encontrar empleo —amistades, oposiciones, empresas de trabajo temporal, Servicios Públicos de Empleo (antes INEM), anuncios en prensa, etc.— despunta cada vez más la efectividad de la búsqueda por internet, en detrimento, en especial, de los logros obtenidos vía INEM, organismo que cuenta con un presupuesto de 23.730 millones de euros. En la raíz del problema parecen encontrarse las ineficacias de este organismo, que han desincentivado tanto a los empresarios como a los futuros trabajadores, que acuden a fórmulas percibidas como más prácticas o con mayor efectividad a corto plazo, como las ETT o internet. En ocasiones, los empleos conseguidos de este modo son menos estables, pero la colocación es más rápida. Se estima que los portales de búsqueda de empleo canalizan más del 15% de esas indagaciones para encontrar puestos de trabajo. Las nuevas tecnologías, pues, tienen un papel clave en el mercado laboral y dejan al descubierto algunas deficiencias de los Servicios Públicos de Empleo. Cuando la economía funciona a pleno rendimiento, estas deficiencias, viejas acompañantes, por otra parte, del funcionamiento de la Administración española, se notan menos. Pero entramos en una etapa en la que hay que decir, con el historiador Thomas Carlyle, aquello de “bienaventurado el que ha encontrado su trabajo: que no pida más”.
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