Un enfermo de cáncer recibió el trasplante pionero.
La intervención se desarrolló en el Hospital Clínico de Salamanca, perteneciente a Sacyl |
Ángel Cuaresma. Salamanca.
TÉCNICAMENTE no es un transplante, sino un implante. La diferencia radica en que no se trata de transplantar un órgano o tejido de un donante recientemente fallecido, sino de implantar las costillas de un donante muerto tiempo atrás, en este caso, unas tres semanas, conservadas en el banco correspondiente. Sea como fuere, transplante o implante, la operación fue un éxito y el receptor se encuentra ya en su domicilio, vigilado por los facultativos, eso sí, pero alejado ya de los quirófanos.
La intervención, pionera si por tal entendemos no haber encontrado literatura científica que avale precedentes similares, se desarrolló en el Hospital Clínico de Salamanca, perteneciente a la Sanidad pública de Castilla y León (Sacyl) y, en el proceso, participó un equipo de 15 profesionales coordinado por el jefe de Cirugía Torácica del centro, el doctor Gonzalo Varela. El paciente receptor fue un hombre de 75 años de edad que padecía enfisema pulmonar y un tumor maligno en el tejido intercostal. El donante, anónimo, por supuesto, había donado todos sus órganos al fallecer y, en el caso de las costillas, habían sido conservadas a –80 grados centígrados, es decir, un estado próximo a la congelación. Según explica a LA GACETA el doctor Varela, el caso era “especialmente interesante” desde el punto de vista médico, puesto que el paciente sufría una insuficiencia respiratoria provocaba por el citado enfisema pulmonar que dificultaba el proceso, por lo que los especialistas hubieron de buscar una técnica alternativa a las habituales en este tipo de afecciones.
“La operación es —insiste Varela— muy complicada”, ya que el equipo médico tiene que extirpar en bloque “para quitar todo el tumor” y evitar la dispersión por el resto de los tejidos del enfermo. Ello incluye parte del pulmón, costillas y piel. En total, la intervención se prolongó por espacio de unas siete horas, dato relevante, a decir de quienes saben de esto.
El éxito de la intervención lleva al doctor Varela a animar a las familias a donar los órganos de sus seres queridos cuando fallecen, pero no sólo, dice, aquellos órganos o tejidos que ya forman parte de la costumbre en los procesos de donación.
“Que no pongan límites —dice Varela—, pues hay cosas insospechadas” que se pueden hacer aunque la ciencia médica, hasta ahora, no les haya dado salida.
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