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06/05/2008 23:11   



Filipinas no consigue sacudirse la amenaza islamista

El FMLI amenaza con recrudecer la violencia separatista, justo cuando Manila arrincona al grupo terrorista Abu Sayyaf.

Filipinas no consigue sacudirse la amenaza islamista
LA GACETA

Carlos Álvaro

Manila. Justo unos días después de que EEUU, en su informe anual sobre terrorismo, se congratulara de los logros de la lucha antiterrorista en Filipinas y de la reducción de la capacidad operativa del grupo Abu Sayyaf con la captura y muerte de varios líderes, Manila ve cómo resucita el mensaje independentista del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI). Se trata de la banda extremista más antigua del país y la mayor, con 12.000 combatientes. El FMLI ha decidido recuperar su política secesionista del sur musulmán en una decisión que hace peligrar una negociación de paz con el Gobierno que se encontraba ya en la recta final.

En el meollo está la parálisis por las que atraviesa el último tramo de las conversaciones. El FMLI acusa a Manila de la crisis por retractarse del borrador que había aceptado, algo que ha provocado que Malasia, país que media en la negociación en 2000, retirara sus observadores de Mindanao. Malasia lideraba una misión internacional que logró que los choques FMLI-Ejército bajaran de 698 en 2004 a siete en 2007.

“No estamos seguros de que el alto el fuego siga sin los observadores malayos”, dijo el FMLI, que acusa a Manila de reforzar su presencia militar en Mindanao. El FMLI pide para los musulmanes el gobierno de un área que abarca las provincias de Zamboanga Norte y Sur, Subugay, Cotabato, Sarangani y Kudarat. Allí los musulmanes son cuatro millones y los cristianos, 17 millones.

Según el líder del FMLI, Murad Ebrahim, “el Gobierno debe cumplir con el compromiso adquirido con la propuesta de borrador del memorando de entendimiento. Si no lo hace, habrá hundido el proceso de paz”. El problema es que Manila ha aceptado una solución anticonstitucional, porque supone de alguna forma la división de Filipinas.

Tres fases

Las negociaciones de paz se dividieron en tres fases: en 2001 se alcanzó un acuerdo de seguridad; en 2002 se completó el dedicado a rehabilitación y ahora patinan en el tema más controvertido, los territorios del bangsamoro (pueblo musulmán) y la explotación de recursos.

El FMLI, que desde los 90 coopera con grupos terroristas islámicos Abu Sayyaf y Abu Sofia, surgió de una escisión del FMLN en 1978 y su anuncio de que recrudecerá la violencia coincide con la libertad, tras seis años de cárcel, del ex jefe de la segunda organización, Nur Misuari. Tras firmar la paz en 1996, Misuari gobernó la Región Autónoma del Mindanao Musulmán de 1997 a 2001, año en el que se alzó en armas tras acusar a Manila de romper el pacto. Misuari fundó en 1972 el FMLN y lideró una guerra separatista con 120.000 muertos.

Y mientras se agrava la crisis con el FMLI, Manila ha decidido actuar con puño de hierro para cercenar el otro gran problema terrorista. El Ejército filipino ha lanzado estos días una gran operación para acabar con las bases del grupo islámico Abu Sayyaf y sus aliados indonesios de Jemaa Islamiya (JI, el brazo de Al Qaeda en el sureste de Asia) en Joló.

Golpe a Abu Sayyaf

La lucha antiterrorista de Filipinas cuenta con pleno respaldo militar y de Inteligencia de EEUU, gracias al que ha logrado en los últimos años debilitar al grupo. Abu Sayyaf oculta en las selvas del sur a dos jefes de JI, Umar Patek y Dulmatin, a los que se acusa de los atentados de Bali de 2002 (202 muertos). Manila dio por muerto a Dulmatin en enero, pero la prueba de ADN al cadáver no lo confirmó. EEUU ofrece por cada uno diez millones de dólares.

Fundado por Abdurajik Abubakar Janjali, ex combatiente de la guerra de Afganistán contra la URSS, Abu Sayyaf, la Al Qaeda filipina, irrumpió en 1993 con una ola de atentados, secuestros y asesinatos. Desde 2006 sufre un acoso sin tregua del Ejército, que ese año abatió a su líder, Jadaffy Janjali, hermano menor del fundador y uno de los terroristas más buscados por EEUU. En 2007, el nuevo jefe, Jainal Antel Sali (Abu Sulaimán), murió en un ataque del Ejército y fue reemplazado por Radulan Sahiron, de 70 años. El otro capo clave de la banda, Isnilon Hapilon, fue herido en esta última ofensiva del Ejército, pero huyó.

Abu Sayyaf, muy tocada, contaría hoy con sólo 200 miembros, pero seguiría recibiendo apoyo financiero saudí. La ofensiva en su contra llevó en febrero a Abu Sayyaf y a la JI (también debilitada desde que en 2007 fuera detenido su jefe, Abu Dujana) a intentar asesinar a la presidenta Gloria Macapagal. La meta del grupo es un emirato en el oeste de Mindanao y Sulú, primera etapa hacia un califato en Filipinas, Indonesia,Tailandia y Malasia.




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