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06/05/2008 23:22   



Sarkozy pasa de la gloria al descrédito en un solo año

El presidente galo trata de superar su personal batalla de Waterloo con un giro radical a su estilo de gobernar.

Sarkozy pasa de la gloria al descrédito en un solo año
Nicolas Sarkozy.

Joana Socías.

CONQUISTÓ a los franceses durante la campaña, convenció a la derecha y a la izquierda y arrasó en las urnas. Es la historia de Nicolas Sarkozy hace un año. Hoy, la situación es bien diferente. Tras doce meses en el poder, y con sólo el 37% de aprobación, se ha convertido en el presidente más impopular de la V República, según indican los sondeos.

 Todos los analistas coinciden en señalar el origen de su desgracia política: dejó el listón de las promesas demasiado alto. Tanto, que la prensa francesa le ha apodado “el eterno candidato”.

 Prometió cambiar el rumbo de Francia, reformar los pilares del Estado del Bienestar, eliminar privilegios injustos, reinstaurar la meritocracia, dar un nuevo impulso al país. Es lo que llamó “trabajar más para ganar más”. Un año después, los franceses trabajan más (gracias a la reforma de las horas extraordinarias y la bajada del desempleo), pero no ganan más.

Inflación histórica

El que se hizo llamar “presidente del poder adquisitivo” no ha sido tal. Es más, su primer año en el poder ha coincidido con cotas históricas de inflación en la zona euro (3,3% interanual en abril).

 Posiblemente, en sus cálculos electorales Sarkozy se olvidó de que Francia, como cualquier otro país, es vulnerable a cualquier coyuntura internacional, marcada en el último año por las turbulencias financieras y la escalada de precios energéticos.

 En lo político y económico, los vientos no acompañan, y en lo personal, ha hecho falta que pasara un año para que el presidente de Francia comprendiera que la histórica figura de jefe del Estado está sujeta a un estricto molde; para que entendiera que era él el que debía adaptarse al cargo, y no al revés.

Sigue a la baja

Todos los sondeos indican que Sarkozy es el más impopular de los presidentes desde que Charles de Gaulle fundara en 1958 el régimen actual y que incluso arrastra en su caída al primer ministro François Fillon. Atrás queda la campaña para las elecciones locales de marzo (en las que el Partido Socialista Francés barrió a la gubernamental Unión por un Movimiento Popular), cuando el jefe del Gobierno era el líder más popular de Francia.

 El presidente celebró con discreción el aniversario. Todo lo contrario la prensa, que aprovechó para difundir un nuevo sondeo devastador para el jefe del Estado. En la misma tónica que las encuestas divulgadas desde finales de 2007, la aprobación del presidente cae. En esta ocasión, cuatro puntos. Así, la cota de confianza de los franceses en Sarkozy se sitúa en el 36%, el nivel más bajo medido por el instituto demoscópico LH2 desde mayo de 2007.

 La opinión de los sondeos es negativa en prácticamente todos los frentes, salvo en política europea. El 43% la ve “más bien como un éxito”, frente al 37% que opina lo contrario.

Las urnas, el veredicto final

Para la gran mayoría, el 85%, la acción del “presidente del poder adquisitivo” ha sido un fracaso en este ámbito. El conservador admite errores, pide paciencia y recuerda que perder una batalla no significa la derrota en la guerra.

 Ha pasado el primer año, pero quedan cuatro para que el presidente se someta al único veredicto que cuenta: el de las urnas. Aunque no hay citas electorales a la vista, los próximos meses serán calentitos. Sarkozy afronta un importante período de negociación con los agentes sociales. Entre otras patatas calientes, el presidente deberá demostrar su valía ante la reforma de las pensiones, los hospitales y la universidad, la no sustitución de uno de cada dos funcionarios que se jubilen, el sistema de subsidios de paro o la Seguridad Social.

 Y, en el exterior, París tomará en junio las riendas del Consejo de Ministros de la UE y lanzará su estratégica Unión por el Mediterráneo.


Agenda para resucitar la ‘grandeur’ francesa

Al presidente le llueven las críticas, pero también los aplausos, ensombrecidos por el peso de las devastadoras cifras de las encuestas. El año Sarkozy no ha pasado en balde. No ha subido el poder adquisitivo francés, pero Francia ha reforzado su peso en el mundo. Junto con la canciller Merkel, el presidente relanzó (vía Tratado de Lisboa) el proceso constitutivo de la UE. En Estados Unidos, fue recibido con todos los honores por George W. Bush, quien aplaudió su decisión de volver al núcleo duro de la OTAN y de reforzar sus tropas en Afganistán. A pesar de que el mediático rescate de las enfermeras búlgaras levantó ampollas por las contraprestaciones al tirano Gadafi, su liberación desatascó meses de complicada diplomacia. Lo mismo que el presidente pretende que suceda con la liberación de Ingrid Betancourt.


Un activismo que molesta en Berlín y en Bruselas

En sólo un año, Sarkozy ha llegado a irritar al establishment europeo, sobre todo a Berlín y Bruselas, por sus insistentes críticas a la política monetaria del Banco Central Europeo, que “perjudica las exportaciones europeas” y su forma unilateral de resolver problemas.
 Al poco de asumir la Presidencia, la Comisión reaccionó airada a su afán de protagonismo en la resolución de la crisis de las enfermeras búlgaras, una cuestión que hunde sus raíces en la polémica “diplomacia nuclear” que París entabla sin miramientos con países como Libia y Argelia. París y Berlín también han chocado en uno de los proyectos estrella de la agenda Sarkozy: la Unión por el Mediterráneo. Tras dimes y diretes, París cedió y el proyecto que se lanzará en julio incluirá a todos los socios comunitarios.


Dos mujeres clave para una Presidencia

Tras un año de sobresaltos sentimentales, el jefe de la República ha adoptado un perfil más bajo, sin escapadas románticas ni visitas a los centros de ocio de París.


J. S.

Carla y Cecilia. Cecilia y Carla. Son las mujeres del presidente francés. Un año da para mucho, y si no que se lo pregunten al hombre que ha mordido el polvo por romper la sempiterna barrera que separa la vida pública y privada de los jefes del Estado.

 Desde que empezara la campaña para las presidenciales, en primavera de 2007, la vida sentimental de Nicolas Sarkozy ha estado marcada por los sobresaltos, poco comunes en la rutina amorosa de un presidente de la República.

 Su carrera hacia el Elíseo coincidió —casualidad o no— con la reconciliación con su esposa Cecilia Ciganer Albéniz después de que ella le abandonara por un affaire con el rico publicista Richard Attias. Fotos abrazados, acurrucados paseos por la playa, miradas tiernas y aplausos desde las gradas. Así transcurrió la campaña electoral entre Nicolas y Cecilia, una historia que culminó con la peculiar foto de la familia Sarkozy. Fue la despedida a diez años de matrimonio.

Inesperada desaparición

A la inesperada desaparición de Cecilia de la vida pública del presidente, que para muchos estaba cantada, siguió su boda tras una fugaz relación con la modelo Carla Bruni, una decisión que ha supuesto un verdadero punto de inflexión en su vida pública y privada. Ahora bien, los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de definir hasta qué punto el efecto Carla ha influido en la percepción pública del presidente.

¿Demasiado tarde?

Lo que nadie pone en duda que tras su nuevo matrimonio —y la oficialización de su relación de pareja— Sarkozy ha adoptado un perfil mucho más discreto, en el que ya no caben los viajes con estilosas gafas de sol y vaqueros ni las visitas a los centros de ocio de París. Ahora, la prensa francesa habla de escapadas al teatro secretas y de viajes no oficiales. Está claro que Sarkozy ha tomado nota. La pregunta es si no lo habrá hecho demasiado tarde.




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