Detrás de los accidentes no sólo estánel alcohol y las drogas. También influyen la falta de sueño y la personalidad.
El tráfico por la ciudad no sólo nos provoca molestias en la vida diaria. También puede estar detrás y ser el origen de muchos problemas relacionados con la salud. Además del estrés que supone enfrentarse a él todos los días, es una fuente de contaminación importante y es evidente el efecto perjudicial que ese aire en ocasiones irrespirable tiene sobre la salud. Existen personas que padecen afecciones respiratorias que sufren esos efectos con mayor intensidad.
Un reto diario.
Es habitual enfrentarse al tráfico de la ciudad con una sensación de tensión constante. Cuando persiste día tras día o se hace extremadamente desagradable, para muchas personas esa situación ocasiona un desgaste físico y psíquico considerable.
Esas desventajas deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar otras alternativas de transporte. Hay algunas personas que sufren incluso cambios evidentes en las constantes vitales, de una forma similar a cuando se enfrentan a una situación de emergencia o crisis.
La adaptación a las condiciones específicas de la conducción en cada instante exige también otro esfuerzo. El cansancio o la falta de concentración resultan los principales enemigos. El agotamiento físico puede incluso suponer un hándicap serio para una conducción eficaz.
De la misma forma, un excesivo estrés facilita la conducción precipitada.
La complejidad del tráfico es evidente. La circulación intensa aumenta la cantidad de elementos a controlar al volante. La intensidad del tráfico predispone a los accidentes también por favorecer la precipitación y no poder controlar todos los posibles elementos que llegan a intervenir. Especial peligro suponen por ejemplo los ángulos muertos que quedan dentro del campo visual y que no son cubiertos por los retrovisores o por la visión habitual del conductor.
La velocidad excesiva supone otro problema evidente. Ésta debe adaptarse a las condiciones de circulación, sin ser excesiva pero tampoco entorpeciendo la conducción. También las condiciones climatológicas suponen un problema añadido. La presencia de mal tiempo aumenta la densidad del tráfico y su dificultad. Se reduce la visión y el tiempo de respuesta del vehículo aumenta. La noche también supone un elemento que añade dificultad a esta conducción.
En buenas condiciones
Cuando la capacidad de concentración se reduce, son más frecuentes los despistes. También se debe evitar conducir en condiciones físicas o psíquicas alteradas. La precipitación y la toma de decisiones excesivamente espontáneas incrementa el riesgo de sufrir accidentes. Es habitual pensar en el alcohol y las drogas, pero también hay que referirse a la falta de sueño o a un carácter incontrolado. La violencia en la conducción suele indicar la presencia de una personalidad inestable. En el puesto de conducción se adquiere un carácter ausente fuera de él y esa excesiva violencia puede amedrentar a otros conductores o predisponer al desarrollo de accidentes. También hay que evitar las distracciones en la conducción, debido a una música demasiado pegadiza, el uso del móvil u otros dispositivos electrónicos.
Para conducir bien
La prudencia supone la mejor herramienta para evitar los accidentes de tráfico. Por supuesto, el alcohol o la ingesta de algunos medicamentos suponen un hándicap importante, así como el emplear un horario ajustado en exceso. Cuando se habla de este problema no se debe olvidar la utilidad de los medios de transporte públicos. Estos últimos no sólo favorecen una menor densidad de tráfico con lo que ello supone para reducir la contaminación, sino que evitan esa tensión.
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