Tras el 'boom', llega el declive: se acabaron las cifras multimillonarias. En un género obsesionado con el éxito, las vacas flacas cambiarán el estilo mismo, el sonido.
Turf Talk celebra los buenos tiempos para los independientes, pero reconoce que querría triunfar... |
Kelia Sanneh/IHT
Nueva York.
El que acaba de terminar ha sido el año en el que la gran maquinaria del hip-hop —la que acuñó una larga hilera de grandes estrellas, de Soop Dog a OutKast— se averió, dejando a los raperos sin más alternativa que trabajar más duro por menores beneficios.
Las caras nuevas que llegaron con grandes singles y mayores esperanzas, cayeron en el olvido después de vender unos pocos cientos de miles de copias, si acaso. El hip-hop fusión dominaba la radio, pero los raperos volvían a parecer carne de underground por primera vez en cerca de dos décadas.
Las cifras cayeron en todos los géneros, pero en el rap ha sido especialmente duro: Las ventas cayeron un 21% de 2005 a 2006, y parece que la tendencia continúa.
Quizá sea la resaca inevitable tras el vertiginoso crecimiento de los 90, cuando una serie de grandes estrellas —dr. Dre, Snoop Dog, Tupac Shakur, the Notorius BIG— descubrieron que podían vender millones sin perder su perfil de tipos duros.
En 1997, la omnipresencia de Puff Daddy ayudó a consolidar la nueva imagen del hip-hop: el rapero-magnate. Y como todas las modas de la música pop, como todos los boom económicos, no podía durar.
Pero que haya sido un mal año para las ventas, no significa que lo haya sido para el género. El caótico sello Kouch, de Nueva York, floreció con el lanzamiento de un par de grandes CD.
Y Turk Talk, un bocazas advenedizo de Vallejo, en California, hizo el álbum de hip-hop más excitante del año, West coast vaccine. Sin embargo, a pesar de los extravagantes ritmos de Turf Talk, el disco ha pasado casi desapercibido. Sin grandes apariciones en la radio ni un buen vídeo musical, Turf ha promocionado el CD sobre todo a través de conciertos por la Costa Oeste.
En una entrevista, Turk Talk intentó ponerle la mejor cara posible a un mal año: “Parece que la baza de los independientes está empezando a brillar otra vez”, dijo. Pero bastó tirarle de la lengua para que reconociera que le encantaría pasarse al otro lado, el de las grandes cifras. Lo dijo en tercera persona: “Turf Talk quiere ser conocido en todo el mundo”.
Hace unos pocos años, hubiera sido un objetivo razonable. Durante el boom, la industria se inundó de tipos malencarados pero arrebatados de optimismo: timadores de poca monta con sueños de éxitos a lo grande.
Y algunos sueños se hicieron realidad. En 1998, Juvenile pasó de ser un desconocido fuera de Nueva Orleáns a convertirse en una gran estrella pop y vender cinco millones de copias de 400 degreez; dos años más tarde, Nelly cayó de no se sabe dónde para vender seis millones de Country Grammar. Las ventas totales alcanzaron su pico en 2000, por entonces incluso los raperos de discográficas de segunda fila ganaban habitualmente discos de oro por facturar más de medio millón de de CD.
Como el hip-hop es tan consciente de sí mismo, se le empezó a reconocer como una música de grandes ingresos, un género obsesionado con su propio éxito. Por tanto, si ahora nos dirigimos hacia una época de expectativas económicas a la baja, también cambiará el sonido mismo del hip-hop.
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