El Partido Popular ha hecho públicas, en un foro celebrado en Barcelona, sus propuestas sobre política de inmigración. A medida que se acercan las elecciones, los partidos nos van enseñando la munición para las batallas que se avecinan. Ésta que ha presentado Mariano Rajoy parece del calibre adecuado para hacer mella en el Gobierno de Zapatero, que ha vivido la Legislatura bajo el llamado efecto Caldera: el intento de corregir con una regularización masiva la inmigración irregular, que mereció la crítica de nuestros socios de la Unión Europea y, a la larga, resultó contraproducente. El efecto llamada ha hecho que sigan colándose inmigrantes; y que la característica principal de lo que ahí ocurre sea el desorden. De ahí que un partido como el PP, que aspira a presentarse ante los votantes con “las ideas claras”, no haya seguido la pauta del actual ministro de Trabajo, sino la de Sarkozy cuando era ministro del Interior del Gobierno francés.
Los inmigrantes han sido necesarios para nuestro despegue económico, y lo siguen siendo. Pero en momentos de crisis, como los que estamos empezando a vivir, pese al empecinado optimismo del presidente Zapatero, se hace más necesaria que nunca una regulación precisa y eficaz, que constituya también una garantía para ellos. En este sentido, la propuesta de un contrato de integración que refleje el compromiso entre nuestra sociedad y los que llegan, con respeto a las leyes y a las costumbres españolas, mediante el cual los inmigrantes puedan ser como unos españoles más, parece una medida inteligente en la lucha contra la inmigración irregular. Que al Gobierno no le guste es, probablemente, un dato a favor.
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