El estadounidense presenta un 68% más de aciertos que la media del circuito a cinco metros del hoyo.
CUANDO Tiger Woods afronte el próximo jueves la jornada inicial del Master de Augusta figurará como favorito en todas las casas de apuestas. Un año más, enfilará el mítico torneo siendo el número uno del mundo, como siempre, y el máximo favorito a la victoria. Su dominio es tan abrumador que el resto de jugadores parecen niños a su lado. No en vano, Woods ha ganado esta temporada siete de los nueve torneos en los que ha participado.
Como es lógico, tanta efectividad no puede ser ajena a las matemáticas, especialmente a su prima la estadística. ¿Cómo logra el Tigre ganar con tanta convicción cada semana? Si echamos un vistazo a sus estadísticas vemos que sobresale en dos campos: en los golpes encargados de poner punto y final a las partidas y en evitar los peligrosos terrenos arenosos, conocidos con el indeseable término de bunkers.
Además, el golfista estadounidense también se encuentra cómodamente situado como referente en otras importantes facetas del juego, como los lanzamientos de media distancia, primeros golpes o de aproximación al green, la tierra prometida de hierba cortada al rape.
Woods, el líder tanto en la clasificación mundial como en ganancias económicas, ha mejorado en todos los aspectos de su juego hasta conseguir no tener ningún punto débil. Ha pasado de ser el cuarto en poner más rápido la pelota en el green a ser el más rápido de todo el circuito.
Así las cosas, un modelo estadístico diseñado por el analista Mark Sweeney se considera capaz de predecir el número de golpes que conseguirá el número uno del mundo a lo largo del Master de Augusta, basándose en las excepcionales actuaciones anteriores del deportista de color, que muestran que los datos recopilados acerca de los greens in regulation (jugada consistente en alcanzar el green con dos golpes bajo el par del campo) combinados con el putting dan lugar a unos índices que presentan una fiabilidad en la predicción del 55%.
Resultados parciales
Tal vez no se considere este porcentaje como la panacea, aunque si se añade la no menos remota jugada del scrambling (consecución de un par o resultado mejor tras haber perdido la oportunidad de hacer un green in regulation), la predicción aumenta hasta la nada despreciable cifra del 78%. Curiosamente, y para redondear la jugada, el driving de distancia y el driving de precisión añaden cada uno un punto porcentual a la capacidad predictiva que se aplique a cada jugador del circuito.
La tiranía del número uno del mundo se asienta en varios factores. Primero, es el mejor en casi todo. Segundo, es capaz de descifrar los verdaderos entresijos del deporte. Así como muchos golfistas se afanan en golpear a calle, Woods ha probado que ésta es una parte insignificante de la disciplina. El estadounidense no sólo domina las partes más importantes de la partida, sino que también se distancia del resto de jugadores en el resto de categorías.
A poca distancia
Sin embargo, lo que realmente diferencia a uno de los mejores deportistas de todos los tiempos de los típicos números uno potenciales es la sangre fría exhibida en los momentos decisivos. La gran ventaja comparativa de Woods es su habilidad para materializar putts en el momento crítico de la partida: cuando la bola se sitúa entre los tres metros y los 4,5 metros del momento culminante.
De hecho, cuando el Tigre gana la batalla, materializa un 30% más de putts que la media del resto de jugadores entre los tres metros y los cuatro metros y medio de distancia con respecto a la bandera, el 68% más entre los 4,5 y los seis metros y el 58% más entre los seis y los siete metros y medio. Justo lo contrario que el castellonense Sergio García, que se ha labrado una dudosa fama en el circuito por fallar golpes tan decisivos como aparentemente sencillos.
En lo referente a la ya mencionada jugada de los greens in regulation, Woods consigue mantener un nivel muy alto de precisión a distancia, especialmente cuando la media entre los mortales empieza a padecer sus afilados nervios.
Todo esto contribuye de forma esencial a establecer una media de golpes en lo que llevamos de temporada 2008 de 67.3, lo que supone dos golpes por recorrido (que suman nada más y nada menos que ocho golpes por campeonato) de ventaja sobre el segundo clasificado en el ránking mundial, el también estadounidense Phil Mickelson, cuyo balance se sitúa en 69.4. Y si además se necesitan más pruebas del dominio del Tigre, encontraremos que los resultados de Woods son cuatro golpes mejores que la media de todo el circuito, lo que supone 16 golpes de ventaja por torneo sobre la media del circuito.
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