Empiezan los movimientos ante el próximo congreso del mes de junio.
Siempre se ha dicho que la victoria tiene cien padres, pero que la derrota es huérfana. El Partido Popular, tras perder las últimas elecciones generales, ha decidido, por fin, enfrentarse a la realidad. De manera incomprensible, si se quiere, para sus seguidores, porque los resultados obtenidos por el partido de Rajoy no han sido nada malos, alcanzado el apoyo de más de diez millones de votantes, pero la realidad es que Zapatero ha ganado y se ha quitado de una vez la sombra de falta de legitimidad que le acompañaba desde marzo de 2004. Ya es uno más en la batalla política, aunque esté en el poder, lo que le otorga indudables ventajas. Pero en modo alguno es inalcanzable. Y el presidente del PP, que no considera que la derrota sea motivo para su sacrificio personal, ha emprendido la tarea de regenerar esta formación política, la única con posibilidad de ser alternativa. La renovación, que es algo que sin duda desea el conjunto del PP, aunque suponga la jubilación de la llamada vieja guardia, ha empezado por el nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz parlamentario. Y ello ha provocado las primeras críticas dentro del partido. Pero hacer recaer sobre las espaldas de la nueva portavoz el malestar provocado por la derrota electoral es, además de injusto, equivocado. Los problemas del Partido Popular están en otra parte y el partido tiene que intentar solucionarlos a partir de ese congreso de junio, ante el cual ya han empezado los movimientos.
Uno de los más llamativos es, sin duda, el que protagoniza Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid que es, al mismo tiempo, la presidenta del PP en Madrid. Aguirre, en un almuerzo multitudinario al que también ha asistido Mariano Rajoy, ha hecho una valiente reflexión autocrítica sobre lo que ha ocurrido en las elecciones, ha reconocido la habilidad de José Luis Rodríguez Zapatero para tender trampas ideológicas al PP y hacerle parecer un partido anticuado y retrógrado, y ha anunciado que no se resigna a que el Partido Popular no sea reconocido como una opción abierta y liberal. Pero lo ha hecho a cuerpo limpio, ante el propio presidente de su partido, que será el que primero se entere, y no por la prensa, si decide presentar su candidatura en el congreso de junio. De ese congreso, y no de las conspiraciones de pasillos, es de donde debe salir la renovación del PP; un partido que, como ha subrayado la presidenta de la Comunidad, debe actualizar sus principios ideológicos y sus líneas programáticas para derrotar al PSOE.
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