Todo lo que hay que saber sobre el plan.
Universitarios estudiando. |
Julio Montero.
La adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior parece inquietar a algunos profesores y estudiantes universitarios. Pero las cosas siempre pueden empeorar: incluso sin contar con Bolonia. El peor escenario lo definió un vicedecano de la Universidad Complutense a sus compañeros: “Tranquilos —les aseguró—, todo va a seguir igual”.
Costes
No es una reforma con coste cero. El coste será, por lo menos, el actual. En el peor de los casos, los profesores impartirán clases, en edificios ya existentes. Y eso ya cuesta hoy y seguirá costando mañana. Es casi inevitable que cueste más: se requerirán más profesores —o menos alumnos— y se iniciarán titulaciones que exigirán nuevas instalaciones.
Profesores
No es “más de lo mismo”. Tal y como sucede con toda reforma, los que llevan más años impartiendo clases —o recibiéndolas— se encontrarán en una situación de inferioridad con respecto a los que se incorporen de nuevo, como investigadores, profesores o estudiantes. Es algo inevitable. Ocurre en cualquier reforma. Los profesores seremos evaluados.
Becas
No tienen por qué desaparecer las becas y ser transformadas en créditos para el estudio. Ambas cosas son independientes. El aumento de las becas se puede producir —o no— en el nuevo marco universitario. Se trata de una batalla distinta, legítima y necesaria para una sociedad que quiera ser igualitaria, y el crédito no es una solución en este país.
Calidad
No tiene por qué haber una mercantilización de la Universidad. Bolonia no es una educación superior por encargo de las compañías multinacionales. Las especialidades de griego clásico, filosofía, historia del arte, etc., no tienen por qué desaparecer. Constituirán en algunos centros universitarios un referente de calidad y prestigio, tal y como ahora.
Tasas
No tiene por qué suponer una elevación de las tasas universitarias. Lo dicho para las becas es exactamente igual de aplicable en este caso. No hay que confundir las dificultades económicas de las universidades públicas —a veces enfrentadas con los gobiernos autonómicos, que parecen querer ahogarlas— con las reformas que acarreará la aplicación de Bolonia.
División
La fragmentación de los saberes universitarios. Habrá hábiles que hagan unas ofertas novedosas para arrasar en el mercado de titulillos. Por ejemplo, una prestigiosa Universidad —que no era de la periferia separatista precisamente— ha estado a punto de proponer una titulación de Historia sin ninguna asignatura de Historia de España. Es un peligro.
Mediocridad
El metodologismo militante de la mediocridad. Hay un peligro, que no tiene que ver con los expertos en educación y en psicopedagogía, sino con los pedagogos de gabinete. Un empeñarse en unos continentes —que no son más que un renombramiento de las actividades docentes positivas de siempre— sin prestar atención a los contenidos. Ese nos acecha ya.
Europa
Facilitará la integración en Europa. No sé si para los españoles será bueno, pero sí lo será para gentes de otros países que quieran trabajar en el nuestro. Y es que, con Bolonia o sin Bolonia, el mercado de trabajo de un cierto nivel de formación es ya de claras dimensiones europeas. También nuestros egresados podrán trabajar en los distintos países de la Unión.
Salidas
La adaptación de algunos grados universitarios —que sustituirán a las licenciaturas y diplomaturas— cubrirá las necesidades de empleo inmediatas. No es la finalidad principal del nuevo marco, pero sí puede ser una modesta consecuencia.
Julio Montero es catedrático de la Universidad
Complutense
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