La actual crisis parece poner de manifiesto la gravedad de las perturbaciones económicas.
AUNQUE el euro no apareció formalmente en circulación hasta el 1 de enero de 2002, lo cierto es que debe su existencia a la adopción del Tratado de la UE, más conocido como Tratado de Maastricht, en vigor desde 1993, por el que se decidía la introducción de una moneda única para los países de la Unión que cumpliesen una serie de requisitos, así como la creación del BCE, encargado de gestionar la nueva moneda única, garantizar el buen funcionamiento del sistema de pagos, y efectuar operaciones con divisas en la nueva moneda.
El euro adoptó su nombre en la cumbre europea de Madrid (diciembre de 1995), y el primer paso oficial en su introducción se dio el 1 de enero de 1999, cuando dejaron de existir como sistemas monetarios independientes las monedas de los once países de la UE que inicialmente se acogieron, es decir, que cumplían la mayor parte de los requisitos del Tratado de Maastricht, a la moneda única (zona euro),y a los que se incorporaría el 1 de enero de 2001 Grecia. Pero fue el 2 de mayo de 1998 cuando el Consejo de Europa tomó la decisión de qué once países cumplían las condiciones para la adopción del euro en 1999, junto con otras decisiones sobre el BCE y los tipos de cambio de referencia para la moneda única. Y el 25 de mayo, los Gobiernos de los once Estados miembros nombraron al presidente, vicepresidente y al resto de los miembros del Comité Ejecutivo del BCE, que se constituyó oficialmente el 1 de junio de 1998.
Es importante la historia del proceso, porque permite recordar que, cuando éste se inició, España no contaba como miembro de partida, y que fue una apuesta personal del entonces presidente de Gobierno, José María Aznar, el acometer las reformas precisas para estar en el euro (se cuenta que el equipo económico del Gobierno, con Rodrigo Rato a la cabeza, no creían posible el cumplimiento de las condiciones de Maastricht). Desde aquellas fechas hasta aquí hemos visto, primero, cómo convergían a la baja los tipos de interés de los países europeos; y, luego, ya con el euro, cómo alcanzaban el 2%, lo que nos ha permitido ciertas alegrías y mejoras. Pero hemos perdido la capacidad de manejar la moneda, y con ella los ajustes que las herramientas monetarias permitían a nuestra economía. Ahora, el BCE piensa, al menos eso dice, en clave de la eurozona. La actual crisis, la segunda que padecemos en nuestra euroexperiencia, parece poner de manifiesto la gravedad de las perturbaciones económicas cuando el Gobierno olvida esa realidad que impone el euro.
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