Los Juegos contarán con la emotiva participación de 24 militares que intervinieron en el conflicto. Más de un centenar se encuentra ya en programas de entrenamiento.
La nadadora Melissa Stockwell. |
Luis Rivas
Enviado especial a Beijing
Con paciencia y tenacidad, la serpiente barriestrellada se introdujo en el Nido de Pájaro. Lenta y majestuosa, se exhibía ante las silenciosas almas que abarrotaban el recinto. Era tan grande que bien podía ser tratada de anaconda. No dejaba indiferente a nadie. Los 100.000 testigos chinos, que veían su guarida profanada, dudaban si aplaudir o silbar, si mirar al palco, ante la poco previsible presencia del presidente Bush, o al suelo. Pero un rumor se convirtió en rugido en el Estadio Nacional de Beijing: “¡Qué cantidad de sillas de ruedas!”
La enorme delegación biónica estadounidense en los Juegos Paralímpicos desfilaba en la ceremonia de apertura con un orden militar. Se trataba de la sentida procesión de la bandera: su mente, con los soldados; la memoria, con los caídos; y los sentidos, con los presentes.
Defienden a su país
Minas, bombas y disparos segando vidas, talando miembros, cada día en el país de Irak. “Destinamos más fondos, potenciamos el entrenamiento y perfeccionamos la organización para cuando nuestros heridos regresaran de la guerra”, señala el responsable del Comité Paralímpico Estadounidense, Charlie Huebner.
“Su extraordinaria forma física y tenacidad son muy aprovechables para el deporte. Además, ellos se sienten bien defendiendo a su país en otros ámbitos. Es una rehabilitación corporal y psicológica”, añade Huebner.
El engranaje norteamericano ha reclutado ya a casi un centenar de soldados que encontraron la discapacidad en Oriente Medio. De ellos, una docena se encuentra ya compitiendo en Beijing, ante la respetuosa y rasgada admiración de los chinos. El resto espera en programas de entrenamiento una marca clasificatoria para Londres 2012, donde se prevé que el 15% del equipo estadounidense lo formen veteranos de la guerra de Irak.
Así las cosas, no han faltado las banderas desde que la nadadora Melissa Stockwell comenzó a entrenar en el Cubo, entre las aguas pekinesas (ésas que prohíben beber en cualquier parte de la ciudad), cómplices de la de Michael Phelps como mejor deportista de todos los tiempos.
Esta joven de 28 años perdió una pierna el 13 de abril de 2004 en una misión de abastecimiento en Bagdad, siendo la primera soldado mutilada en el conflicto. Algunos meses y 15 operaciones después, Stockwell se convertía en la primera atleta paralímpica llegada desde Irak. Y con un récord del mundo en 400 libres: 5:03.08.
Lo mismo ocurre con Scott Winkler, parapléjico desde una fatídica misión en Tikrit en 2003. “Caí en una gran depresión. Hasta que me dije: ya es suficiente, tengo que seguir remando”, señala. Y lo consiguió gracias al ancla del deporte, hasta alcanzar el récord del mundo de lanzamiento de peso en silla de ruedas.
Ahora, es la imagen publicitaria oficial de los veteranos de Irak y Afganistán, y ha sido visitado y alabado por el presidente Bush. Una decena más de impactantes historias acompaña a una nación que, sólo en el conflicto iraquí, ha visto cómo unos 18.000 de sus soldados eran mutilados.
Sin embargo, hay otros paralímpicos damnificados por la guerra. En este caso, los de casa. Pese a las bajas locales, la delegación de Irak se ha presentado en Beijing (que en la ceremonia de apertura les aplaudió a rabiar) con 20 deportistas, 12 de ellos víctimas de la guerra, frente al único valiente compatriota que participó en la Olimpíada. No es de extrañar en un país que ha vivido tres guerras en apenas dos décadas. A día de hoy, todos, absolutamente todos, ríen. Sudan y son felices. Olvidan.
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