H&M presenta hoy en Tokyo su colaboración con Comme des Garçons. Rei Kawakubo sigue así los pasos de Lagerfeld, Cavalli o Viktor&Rolf.
Larga vida a la 'fast fashion'. |
Suzy Menkes
Como fenómeno, y gracias a la inestimable colaboración de diseñadores punteros, la denominada fast fashion ha sacudido la industria y ha llevado las últimas tendencias hasta la calle. Ha logrado demostrar que la moda no tiene por qué ser elitista y que los grandes creadores pueden crear alta costura y también prendas más baratas sin perder estilo.
Pero, como ocurre con todo lo relacionado con la moda, llega un momento en el que el éxito se agota. Y quizá para la fast fashion ese momento ha llegado ya, o está a punto de hacerlo: hoy se presenta en Tokyo la colección de Comme des Garçons para H&M. La diseñadora japonesa Rei Kawakubo sigue así los pasos que inició Karl Lagerfeld hace cuatro años, y que continuaron Roberto Cavalli, Stella McCArtney o Viktor&Rolf.
El concepto de la moda de alta categoría a precios asequibles es potencialmente bueno. Ésa era la idea sobre la que se trabajaba cuando las grandes casas de moda comenzaron a producir prêt-à-porter allá por los 60 y cuando Armani lideró un nuevo movimiento en la industria, el de las segundas líneas, creando Emporio Armani en 1984.
Pero mientras los precios de las prendas de diseñador van hacia arriba, la fast fashion tira de ellos hacia abajo. Si tomamos como punto de referencia un capuccino —del que podría decirse que es el producto que Italia ha exportado globalmente con mayor éxito— y el croissant francés, la moda de temporada empieza a ese mismo nivel. Si miras el precio de un vestido en Primark, en la londinense Oxford Street, y luego cruzas la calle y entras en un Café Selfridges, verás que pagas lo mismo, 6,50 libras, por el desayuno y por el vestido.
Esta constatación deja en el comprador una sensación de inquietud: ¿Cómo pueden fabricarse prendas de ropa tan tremendamente baratas? Michael Fink, presidente de Moda Femenina en los grandes almacenes neoyorquinos Saks Fith Avenue, lo explica así: “¿Hasta qué punto puedes abaratarlo? ¿Quién puede hacer estas prendas de forma responsable?”
Ridículamente barato
En este sentido, Adrian Joffe, al frente de Comme des Garçons, afirma que “Zara o H&M tienen buenos equipos de diseño y control de la producción. Hacen 10.000 piezas mientras nosotros hacemos entre 10 y 50. Pero luego está Primark, que es ridículamente barato”. La colaboración de Comme des Garçons con H&M coincide con la que la firma mantiene actualmente en Japón con Louis Vuitton, lo que prueba que, aunque la fast fashion sea un proyecto interesante, si realmente quieres hacer ruido en el mundo de la moda, hoy por hoy, más vale seguir apuntando por lo alto.
Lo cierto es que, como afirma Fink, para un diseñador el hecho de que su nombre aparezca en los anuncios de Gap puede significar su oportunidad de ser reconocido en Estados Unidos, donde sólo el 10% de la población se preocupa de lo que hacen los gurús de la moda.
“No creo que esto vaya a acabar. Forma parte indiscutible de la industria de la moda”, dice Sarah Lerfel, de Colette.
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