El Pazo de Señoráns, en Pontevedra, ha sido rehabilitado manteniendo la esencia del aire de otros tiempos.
Antonio Lozano
El Pazo de Señoráns es un extraordinario ejemplo de la rehabilitación y puesta a punto de un viejo palacio gallego. El trabajo se ha realizado poco a poco y buscando una evocadora integración con el pasado.
Se encuentra en Vilanoviña, Meis, en la provincia de Pontevedra, donde uno se ve trasladado en el tiempo a la Galicia rural, feudal y matriarcal, protagonista del Naturalismo español del siglo XIX. Ejemplo de las casas solariegas gallegas edificadas en el campo, en la actualidad el Pazo se ha reconvertido en bodega.
La historia de este Pazo comienza en el siglo XIV y tras sus muros se han sucedido los más diversos acontecimientos. Tanto el Pazo como la bodega se hunden en la espesura gallega. El camino de acceso separa la finca de la bodega, que no desentona con el conjunto actual del paisaje. El edificio principal cuenta con un gran patio central rodeado de diversas zonas, como la cocina, el comedor, la lareira —zona donde se encontraba y encuentra la chimenea del hogar de la casa gallega—, un hall, varios salones y un baño. Además, en una esquina se abre la capilla.
La casa estaba totalmente destruida, aunque casi todo el interior y las divisiones de piedra, características de las construcciones gallegas, se conservaban bastante bien. El trabajo de recuperación y rehabilitación ha sido laborioso. El estilo se ha basado en los típicos pazos gallegos, se ha buscado un interiorismo más bien intemporal pero teniendo en cuenta que estamos en el siglo XXI. Así, se ha respetado el estilo original de la casa, pero persiguiendo el confort y el lujo. Respecto al mobiliario, algunas piezas las adquirieron los antiguos propietarios, otras proceden de la familia de los actuales dueños del Pazo... En muchos casos se han ido buscando poco a poco en anticuarios de Galicia y Portugal. También hay sillas que se han adquirido en tiendas de Ribadumia, Pontecaldelas y Pontevedra.
Respecto a los textiles, para los manteles los propietarios han mandado hacer la tela acorde con la estética de la casa. Las tapicerías y los papeles de las paredes, como el sugestivo papel inglés con decoración china que se puede encontrar en los baños, los han adquirido en Santiago. Las alfombras también son piezas antiguas y provienen de un mercadillo.
Los suelos son de piedra y los techos de madera, como es habitual en la tierra. Las paredes no están pintadas sino que se han tratado con tintes naturales al hacer el enlucido, resultando un acabado más natural que la pintura. Los colores se han elegido para que creen un ambiente cálido que compense y neutralice de alguna manera la luz gallega que es un poco fría.
Los actuales propietarios consideran que la iluminación es una parte importante de la decoración, y dado que los techos no son muy altos ,y no se podían colgar lámparas nada más que en casos contados, se han usado muchas luces indirectas, tanto lámparas de pie como de sobremesa y también una luz cenital alrededor de cada una de las salas. En el salón grande se han colocado lámparas holandesas combinadas con apliques en las paredes laterales y lámparas de pie que ayudan a hacer el ambiente más acogedor.
Uno de los aspectos más atractivos del Pazo son sus jardines. Se trata de un jardín sin un plan demasiado preconcebido que se ha ido formando a lo largo de muchos años. De los jardines originales han cambiado los niveles ligeramente y llenado todo de hortensias, plantas muy gallegas que hacen una combinación perfecta con la piedra. También han puesto tiestos de gran tamaño con alegrías de Guinea, únicas flores del proyecto. El clima de la zona es suave y en toda la extensión del jardín encontramos también camelios, rododendros, jacarandás, adelfas lagestroemia indica, magnolios, un ejemplar muy antiguo de árbol de Judea, que aparece en las etiquetas de sus botellas, castaños, robles y diversos tipos de coníferas, y mucho boj, algunos centenarios, que un caso hacen un cenador con una gran mesa de piedra, y otros bordean los caminos. Además hay naranjos situados en el patio principal y numeroso frutales repartidos por toda la finca.
La capilla, de gran tamaño, es posterior al Pazo, es del siglo XVIII, el antiguo retablo ya no existe y en su lugar hay un cuadro anónimo del s. XVII, tiene dos altares laterales.
Suelos de piedra y techos de madera es la seña de identidad de todo el Pazo de Señoráns, como ocurre en tantas casas de campo. Sobre estas líneas, uno de los comedores y a la izquierda la capilla, totalmente cubierta por una planta trepadora.los techos de madera, como es habitual en la tierra. Las paredes no están pintadas sino que se han tratado con tintes naturales al hacer el enlucido, resultando un acabado más natural que la pintura. Los colores se han elegido para crear un ambiente cálido que compense y neutralice de alguna manera la luz gallega, que es un poco fría.
Los actuales propietarios consideran que la iluminación es una parte importante de la decoración, y dado que los techos no son muy altos, y que no se podían colgar lámparas nada más que en casos contados, se han usado muchas luces indirectas, tanto lámparas de pie como de sobremesa y también una luz cenital alrededor de cada una de las salas.
En el salón grande se han colocado lámparas holandesas combinadas con apliques en las paredes laterales y lámparas de pie que ayudan a hacer el ambiente más acogedor.
Uno de los aspectos más atractivos del Pazo son sus jardines. Se trata de un espacio sin un plan demasiado preconcebido que se ha ido formando a lo largo de muchos años.
De los jardines originales han cambiado los niveles ligeramente y llenado todo de hortensias, plantas muy gallegas que hacen una combinación perfecta con la piedra. También han puesto tiestos de gran tamaño con alegrías de Guinea, únicas flores del proyecto.
El clima de la zona es suave y en toda la extensión del jardín encontramos también camelios, rododendros, jacarandás, adelfas, magnolios, un ejemplar muy antiguo de árbol de Judea que aparece en las etiquetas de sus botellas, castaños, robles y diversos tipos de coníferas, y mucho boj. Algunos de estos últimos son centenarios y lo mismo forman un cenador con una gran mesa de piedra que bordean los caminos. Además, hay naranjos situados en el patio principal y numerosos frutales repartidos por toda la finca.
La capilla, de gran tamaño, es posterior al Pazo, concretamente del siglo XVIII. El antiguo retablo ya no existe y en su lugar se ha colocado un cuadro anónimo del siglo XVII.
Quienes somos | Contacte con nosotros | Aviso legal | Publicidad | Mapa
© Grupo Negocios Sepúlveda 7b - 28108 Alcobendas-Madrid. España - Tel: 91 432 76 00 - Fax: 91 432 77 65