El Papa ya destacó las ofensas a la institución ante los embajadores el 8 de enero de 2007.
El papa Benedicto XVI. EFE |
Francisco J. Otero
Madrid.
"Se extienden también amenazas contra la estructura natural de la familia, fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, así como los intentos de relativizarla dándole el mismo estatuto que a otras formas de unión radicalmente diferentes. Todo esto ofende la familia y contribuye a desestabilizarla, violando su carácter específico y su papel social único". Son palabras del discurso de Benedicto XVI al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede el 8 de enero de 2007.
Palabras parecidas a las que el Pontífice pronunció hace tres días ante los mismos embajadores. Y es que el valor insustituible de la familia es una constante en la enseñanza de la Iglesia a lo largo de los años.
No son nuevas estas palabras en boca del Papa, sí lo es, la irrupción de la familia en la precampaña electoral que se vive en España.
Benedicto XVI lleva desde el inicio de su Pontificado (abril de 2005) trabajando por el modelo de familia natural, fundado en la unión entre un hombre y una mujer.
Más aún, Juan Pablo II, en 1982, dijo en la madrileña Plaza de Lima: “El matrimonio es una comunión de amor indisoluble. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exige plena fidelidad conyugal y urge su indisoluble unidad (...). Comprendéis por qué la Iglesia ve ante sí, como un campo a cultivar con todo el empeño posible, la institución del matrimonio y de la familia”. Está claro cuál es la novedad en el debate actual.
El lunes, Benedicto XVI no sólo se refería a España. Es evidente que hablaba a todos los embajadores. Y por si hay alguna duda, tan sólo hay que echar un vistazo a sus discursos ante obispos o dirigentes de otros países. Hallamos la respuesta, sin ir más lejos, en el mes de septiembre pasado, cuando se reunió con Michelle Bachelet, presidenta de Chile; con el embajador eslovaco ante la Santa Sede, Jozef Dravecky; con los obispos de Benin y Togo; y envió un texto a las familias reunidas en Torreciudad.
A los políticos, recordó su labor de “reconocer, respetar y apoyar” la institución familiar, porque “es el núcleo en el que la persona aprende primero el amor humano y cultiva las virtudes de la responsabilidad, la generosidad y la fraternidad”.
Por otra parte, recordó a los obispos la importante tarea que debe realizar la Iglesia en la defensa de la vida y de la familia. También hubo mensajes para los medios de comunicación, en Mayo, para que apoyen a la familia.
Sí que se puede afirmar que se dirigió al Gobierno de España cuando en la presentación de Francisco Vázquez, como nuevo embajador, manifestó: “La Iglesia proclama sin reservas el derecho primordial a la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural, el derecho a nacer, a formar y vivir en familia, sin que ésta se vea suplantada u ofuscada por otras formas o instituciones diversas”.
Una pasión constante
El propio mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, difundido el uno de enero, versó este año sobre la familia. El tema se conocía desde septiembre y el mensaje se publicó el 11 de diciembre, razones por las que no cabe interpretación alguna sobre el texto y su relación con el acto de Madrid. No cabe establecer por ello causa-consecuencia. En la Iglesia, la pasión por la familia, es una constante.
La Archidiócesis de Madrid convoca una celebración ''Por la familia cristiana''
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