El jefe de los terribles Escuadrones de Protección ordenó, tras su paso por la judería, que se reanudaran las deportaciones.
Heinrich Luitpold Himmler fue uno de los dirigentes más sanguinarios de la Alemania nazi. |
Javier Cervera
Madrid. “Todos los polacos desaparecerán del mundo. [...] Es esencial que el gran pueblo alemán considere que la destrucción de todo el pueblo polaco es una tarea de suma importancia”. Esta frase es atribuida a Heinrich Luitpold Himmler quien, después del Führer —al que le unía muchísimo más que una curiosa casi total coincidencia en los apellidos— es, tal vez, el nazi más sanguinario por delante de muchos en la lista que merecen este calificativo. Desde 1929 era el jefe (Reichsführer) de los terroríficos SS o Schutzstaffel (Escuadrones de Protección). Ya en la guerra, como tal, es directo responsable de la exterminación de millones de judíos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová (Bibelforscher) y de esos polacos que tanto odiaba. En otoño de 1939, la Alemania nazi ocupa Polonia. Mientras la Wehrmacht avanza, las SS de Himmler, en la retaguardia, organizan los grupos escogidos de exterminio, cuyo fin es eliminar todo vestigio judío y también a la élite cultural y política del país. El 16 de octubre de 1940, el 30% de los varsovianos, 380.000 judíos, son hacinados en el 2,4% del territorio de la capital polaca.
El 9 de enero de 1943, el siniestro Himmler aparece por el gueto de Varsovia y ordena que se reanuden las deportaciones.
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