Las 32 salas públicas de lectura de la Ciudad Condal tienen 1.528.187 libros. En las 45 de Madrid, con una población muy superior, hay unos dos millones
La biblioteca Jaume Fuster, en el distrito de Grácia, en Barcelona. |
Isabel Esparza.Madrid.
Madrid tiene la Biblioteca Nacional, a la que será difícil negar el adjetivo de mejor biblioteca de España. Su catálogo de libros, 2.368.110, es incuestionable. Pero dejando aparte esta gloriosa excepción —que es patrimonio nacional y no madrileño—, las bibliotecas municipales de la ciudad de Madrid están lejos de poder competir con las de Barcelona.
En la Ciudad Condal presumen de su plan de bibliotecas, creado en 1998, que ha ayudado a crear una magnífica red de espacios públicos donde leer y acceder a los libros: han conseguido que el 36% de los barceloneses tenga carné de socio. Aquel año en el que ya estaba cerca la despedida del siglo XX, las 18 bibliotecas existentes en Barcelona recibieron 1.362.840 visitas. En 2007 —alcanzada ya la treintena de locales—, se habían casi quintuplicado hasta 5.172.642. Y sus fondos se han incrementado de 434.780 a 1.528.187, según datos del Consorcio de bibliotecas de Barcelona, gestionado por el Ayuntamiento y la Diputación catalanes.
Es precisamente este consorcio, que unifica las actuaciones en materia de bibliotecas, lo que explica en buena medida el éxito de gestión de estos centros en la capital catalana: ese organismo se encarga de los fondos, los edificios, el mobiliario..., y por eso hay una gran uniformidad entre ellos. Por el contrario, la capital madrileña se resiente de una mezcla poco homogénea de bibliotecas municipales y de la comunidad.
Las primeras son 27. El ayuntamiento destinó el año pasado 2.858.258 euros para renovar sus fondos, 452.000 para la reposición de mobiliario y 280.000 euros para actividades de animación. En los diferentes distritos de Madrid hay, además, 18 bibliotecas de la comunidad. Ésta aporta dinero para libros y mobiliario, pero luego cada una funciona individualmente.
Esta descentralización de gestión explica, como apunta el escritor madrileño Lorenzo Silva, activo defensor de las causas de fomento de la lectura, “que haya bibliotecas estupendas como la de Vallecas o la regional Joaquín Leguina, y otras calamitosas, como la Central”.
Lorenzo Silva asegura que, dejando de lado el factor socialcultural, la asistencia o no a las bibliotecas es “un círculo vicioso, o virtuoso. Si lo haces bien, atraes a la gente; en caso contrario lo que haces es disuadir”.
Si tenemos en cuenta esto, las bibliotecas de la Ciudad Condal lo deben de estar haciendo bastante bien. Los cárnets de socio de las bibliotecas de la capital catalana suman 578.044. Los de las 27 gestionadas por el ayuntamiento de Madrid sólo son 47.819. En ellas se realizaron 1.868.304 préstamos, 4.606.156 si se añade el de las bibliotecas gestionadas por la comunidad. En Barcelona se prestaron 3.905.107 libros.
En un hipotético reparto de los fondos de las bibliotecas públicas entre los habitantes de la Ciudad Condal, éstos tocarían casi a un libro por persona. Los madrileños —3.132.463 habitantes en 2007 según datos del INE— saldrían peor parados: las 45 bibliotecas públicas suman unos fondos de 2.094.123 libros (759.454 las del ayuntamiento, 1.334.669 las de la comunidad).
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