Las empresas del Ibex presentan una escasa presencia de mujeres en tareas directivas.
LAS políticas positivas de acción, que dan lugar a ese contrasentido semántico llamado discriminación positiva, se iniciaron en Estados Unidos para romper discriminaciones por causas reales que provocaban, según sus defensores, que no se alcanzara la igualdad si no era a través del sistema de cuotas.
El socialismo español ha hecho de la cuota su seña de identidad más característica. Si en España no hay diversidad racial, con una minoría discriminada estadísticamente relevante, el juego se está reduciendo a las cuotas para la promoción de la mujer. El socialismo empezó aplicando las cuotas en sus órganos directivos aunque, paradójicamente, la relevancia en cargos territoriales unipersonales es mayor en el Partido Popular, que tiene ni más ni menos que a la presidenta del partido en Madrid, que en el propio PSOE. Luego, lo ha trasladado al Gobierno, creando no ya la ministra de cuota, sino el propio ministerio de cuota e, incluso, las listas electorales con cuota. Pese a ello sigue sin haber una presidenta de Comunidad Autónoma socialista, el número de alcaldesas no sobresale en grandes ciudades sobre el PP y, paradoja de las paradojas, la lista con cuota del 50% femenino ha producido menos diputadas que las anteriores listas sin cuota. A mayor abundamiento, sin cuota hubo presidenta del Congreso y ahora, con cuota, no.
Las empresas del Ibex , como en general el sector financiero, presentan una escasa presencia de mujeres en tareas directivas y en consecuencia en los Consejos de administración. Un 7,4% es una cifra preocupante que puede obedecer a diversas razones, no todas ellas directamente discriminatorias, sino relacionadas con las prioridades de un número relevante de mujeres trabajadoras. Es evidente que en unas circunstancias ideales el número debería ser mayor y a ello debe dirigirse la cultura empresarial en el futuro. En el logro de ese objetivo es lícito preguntarse si es preferible el modelo clásico de igualdad, por el que el objetivo se alcanza cuando una persona con decisión alcanza el cargo; por ejemplo, Margaret Tatcher o Golda Meir, o se debe seguir el sistema de la cuota homogeneizadora, con la sospecha del uso de mujeres como comparsas. Desde una mentalidad que aúne el juicio sobre las circunstancias reales con la confianza en la libertad personal se puede deducir que los datos como el señalado deben servir de indicio para modificar un estado de cosas, pero que eso se debe hacer con medidas positivas de ayuda a la realización de la igualdad en cada etapa y no con medidas compulsivas que crean la cuota que disfraza el poder real.
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