El Real Madrid no tuvo piedad del Barça (4-1), al que trató como un pelele durante todo el partido. El Bernabéu vivió, con retraso, el alirón más dulce en muchos años. Los de Rijkaard, una calamidad.
Ramos, Pepe y Raúl celebran el primer gol, obra del capitán madridista.EFE |
Miguel L. Serrano (mlopez@negocios.com)
Madrid. Laporta había pedido a su equipo un 0-5 para salvar la temporada. No sabía o no quería saber el presidente del Barelona que a un campeón no se le ningunea así por así. Que la ambición y la motivación en el fútbol están por encima de la calidad y que, hoy por hoy, su Barça está roto por todas partes. Quizá no contaba el díscolo dirigente con la inadmisible renuncia de los protagonistas, de principio a fin, empezando por Rijkaard. Tampoco podía imaginar al mejor Madrid de la temporada en el día de su celebración, tan enchufado y revolucionado como eficaz y temible. El clásico más desigual de los últimos tiempos empezó en pasillo y acabó en paseíllo del Madrid. Si al Barça le quedaba algo de crédito, algún rasguño de honor, ayer lo tiró todo por la borda, manchó su imagen con estrépito y traicionó a su escudo y a su afición con una representación deplorable. Al contrario que su rival, que demostró que es un grupo con actitud, que antepone el equipo a la individualidad y que empieza a edificar un ilusionante porvenir cuyo progreso parece asegurar futuras noches como la de ayer.
Sin más recursos que una posesión tan elegante como ineficaz, al Barça no le quedó más remedio que bailar a merced de su rival y hacer extensible el apluaso con el que abrió el choque. Por poder no pudo ni resguardarse en su orgullo, porque no lo tuvo, ni cobijarse en su escudero, Messi, vigiladísimo e incapaz. De ahí que saltase al césped a aguantar el chaparrón permanente de un Madrid sorprendentemente extra motivado.
Como si el pasillo les hubiera aliviado una supuesta resaca, los blancos salieron a por el único elemento con el que el Barça es un equipo: el balón. Dueño de él y con una presión asombrosa por intensa, el Madrid comenzó a gustarse, empujado por los errores infantiles de un alterado Valdés, que eligió mal día para zanjar el debate sobre su merecimiento o no de ser incluido en la lista de Luis Aragonés para la Eurocopa. Una chiquillada suya al tratar de sacar el balón, precedió al primer tanto y alentó al Bernabéu, convertido una fiesta, mitad burla y mitad recreo.
Como no hay fiesta sin reivindicación, Raúl se encargó al poco de reclamar la suya. Cazó un balón en el vértice del área previa falta de Guti y, de zurda, la puso allá donde Valdés no atinó a llegar. La hinchada, entonces, aparcó los 'olés' y proclamó con esmero: 'Raúl Selección'.
Dominio abrumador del Madrid
El dominio del Madrid era tan abrumador que pronto llegó el segundo. Una polémica falta, posiblemente inexistente, la botó Guti, para Robben que la cabeceó con determinación a la red en una jugada similar al gol del holandés en Pamplona. Si ya era coser y cantar para los blancos, el tanto mató definitivamente a un Barça descompuesto y desordenado cuando el partido transitaba, sólo, por el ecuador del primer período.
Exhaustos e irreconocibles, moribundos en una decadente miseria, los de Rijkaard deambulaban sin alma, sin criterio, sin ganas. Como si la cosa no les incumbiese. Mostraban un ejercicio de incapacidad alarmante, una función rancia que no ofreció ninguna llegada nítida que, por lo menos, bastase para asustar. Prueba de la impotencia, fue el cambio de Rijkaard a la media hora. El señalado fue Gudjohnsen que dejó su sitio a Giovani para dar libertad a Messi en el medio, pero ni por ésas. Un slalom de Henry, alguna arrancada de argentino y un par de faltas fue lo único destacable del Barça, aunque provocase más el jolgorio que el peligro.
No así el Madrid, cuyas llegadas siempre rondaron el gol. En cada ocasión, como un disparo de Diarrá que a punto estuvo de tocar a gol Robben, los blancos aparecían en superioridad. En cualquier lado del campo, hasta en el área de Valdés. Así se fueron a la caseta, satisfechos y absolutamente desorientados por la facilidad, pasmados por la renuncia de su rival.
Un Barça inexistente
Semejante panorama echó por tierra el interés del choque porque ni estaba el Barça ni mucho menos se le esperaba. Y en eso se convirtió la segunda mitad, en un constante entretenimiento del Madrid y en un lento y previsible sufrimiento culé. Una amargura, la azulgrana, que iba a más, porque los locales se empeñaban en acribillar sin piedad a su oponente, conscientes de que pocas veces lo tendrían más fácil. Un goteo de oportunidades cuyo bagaje fue un gol anulado a un enorme Diarrá, un despeje bajo palos de Abidal y el tercero de Higuaín, el héroe del Reyno de Navarra que culminó con acierto una jugada personal dentro del área.
El estadio, entonces, estalló de júbilo y se atrevió a exigir 'la manita'. Hizo honor a la mofa y sacó todo su repertorio de cánticos, algunos personalizados en alguien que debió estar y no estaba. Cómo sería que Van Nistelrooy entró y a los dos minutos, tras casi tres meses sin participar, marcaba el cuarto depenalti por manos de Puyol.
Tan insultante era el dominio que hubo un tiempo en que todos los jugadores estaban en campo del Barcelona. El equipo de Rijkaard, entregado a la humillación, hundido en su bajeza, no tenía respuesta. Ni el postrero gol de un acabado Henry le salvó de la quema. Escondido como no se le recordaba, el Barça fundió su reputación, carente de ideas, de orgullo, de fe – como prueba la expulsión de Xavi-. Así de deprimido esperó el final del suplicio, arrodillado como hacía tiempo no lo estaba, sometido a la gigante figura de su rival, que mantuvo hasta el final la presión y, lo que es más importante, la ambición.
Ficha técnica:
Real Madrid: Casillas, Sergio Ramos, Pepe, Heinze, Marcelo, Diarra, Guti (Robinho, m.72), Gago, Sneijder, Raúl (Van Nistelrooy, m.75), Robben (Higuaín, m.61).
Barcelona: Víctor Valdés; Zambrotta, Márquez (Sylvinho, m.46, Edmilson, m.60), Abidal, Xavi, Touré Yaya, Gudjohnsen (Giovani, m.23), Messi, Bojan, Henry, Messi.
Goles: 1-0: m.11: Raúl, desde el borde del área, 2-0: m.21: Robben cabecea una falta lanzada por Guti, 3-0: m.63: Higuaín culmina con un suave toque una buena jugada de Diarra. 4-0: m.77: Van Nistelrooy, 4-1: m.87: Henry.
Árbitro: Alfonso Pérez Burrull (Comité Cántabro). Expulsó por doble amonestación a Xavi (ms.76 y 92). Amonestó al madridista Sneijder (m.41) y Heinze (m.83) y a los barcelonistas Touré Yaya (m.22), Márquez (m.39), Henry (m.50), Valdés (m.57).
Incidencias: Partido de la trigésima sexta jornada de la Liga de Primera División disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante unos 79.500 espectadores.
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