Janne Teller, escritora danesa, ha publicado ‘La isla de Odín’
Janne Teller, escritora danesa, ha publicado ‘La isla de Odín’. |
Paloma Leyra.
ES alta y delgada y tiene unos misteriosos ojos azules que recuerdan un mar brumoso y profundo. Los idiomas son como islas, aunque dicen los daneses que el suyo no es un idioma, sino una enfermedad. En su impronunciable alfabeto tienen una bonita letra, la Ø, que también significa “isla”.
¿Alguna vez ha padecido el “síndrome de insularidad”: aislamiento, soledad?
La verdad es que no en ese sentido, porque para algo existen los puentes.
Usted viaja desde muy joven.
Me fui de Dinamarca con 23 años, cuando me licencié en Económicas. Trabajaba para Naciones Unidas, como asesora en cuestiones políticas, y me gustaba la idea de conocer el mundo.
Luego lo dejó todo para escribir.
En realidad siempre he escrito, pero cuando eres joven no piensas que se pueda vivir de la literatura. Dejé mi trabajo cuando conseguí pagar el préstamo de mis estudios. Fueron años muy interesantes y aprendí mucho, sé que de otro modo no habría podido conocer África desde dentro.
¿Qué aprendió de su estancia en el continente africano?
Creo que a ser un poco más feliz. En África anteponen la relaciones humanas a la eficacia, y eso para mí fue un gran aprendizaje. Había días que me preguntaba si era más importante acabar un informe o ir al funeral de una persona querida, aunque eso te llevara tres días.
Es mejor la vida.
En Mozambique viví los primeros años del proceso de paz, y cuando llegaban refugiados, que había vivido atrocidades, eran capaces de alegrarse sólo por que ese día tenían comida. En Europa, uno llega a su oficina, dice buenos días y empieza a trabajar. En Tanzania, antes te preguntan cómo está tu padre, tu madre, tus hermanos, te preguntan hasta por tu perro. Eso indica qué cosas son importantes para ellos.
¿Cuánto hay que vivir para poder escribir?
No sé, yo no escribo sobre mí, pero sí sobre las cosas que he aprendido de la vida. Pero siempre hay que vivir, aunque escribas cosas opuestas a tu propia vida.
¿Le gustaban los cuentos?
En Dinamarca, todos los niños hemos crecido con los cuentos de Andersen. Pero recuerdo que me impactó especialmente el de la cerillera, ¡era tan triste!
¿Y escribía?
Mucho. Hacía unos trabajos larguísimos en el colegio. Me encantaba imaginar historias.
¿Con qué intención?
Todavía no sé por qué escribo, supongo que cuando creas tu propio universo te conviertes en una especie de diosa. La literatura nos permite mirar a través de los ojos de otras personas, saber cómo piensan y por qué se comportan del modo que lo hacen. A través de personajes inventados puedes entender a mucha gente, te obliga a empatizar y a preguntarte qué harían ellos en cada situación. Y todo junto me da la impresión de que se convierte en un espejo que refleja el mundo.
¿Y le gusta el mundo?
Me gusta su diversidad. Y que en el fondo, pese a los códigos y los aspectos culturales, todos somos iguales. Por eso, todavía creo que se puede cambiar el mundo.
En clave de fábula
Odín es bajito, apenas un metro de altura. Así lo imaginó esta escritora nacida en Copenhague en 1964. Fascinada por la mitología escandinava quiso recrear en ‘La isla de Odín’ (Ed. Maeva) qué pasaría si un hombre tan sabio y poderoso apareciera un día en la Tierra. Para Janne Teller, el mundo es un lugar interminable y siempre interesante, aunque escriba en clave de fábula. De origen austro-alemán, vive en París, en otra isla, la de San Luis. “Lo que me gusta de las islas, dice, es que están rodeadas de agua, y ésta me conecta con el mundo”.
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