Lo que se necesita es una ruptura con el sistema de Putin.
Eckart von Klaeden.
CUANDO la canciller alemana, Angela Merkel, viajó a Moscú para reunirse con Vladímir Putin y su sucesor, Dimitri Medvédev, que se estrenará esta semana, las flores por el Día Internacional de la Mujer no fueron la única sorpresa que se llevó. En rueda de prensa, Putin indicó que Mikhail Khodorkovsky, el oligarca encarcelado desde 2003, podría ser liberado por su sucesor en el cargo.
En una entrevista, unos días antes de su arresto, Khodorkovsky había descrito el equilibrio de fuerzas en el Kremlin como una batalla entre dos bandos: los demócratas estaban luchando contra los partidarios de lo que él llamaba la “democracia vigilada”, una economía de mercado liberal dentro de un Estado autoritario.
Los partidarios de una “democracia vigilada” lograron sus objetivos. Empezó una oleada de renacionalizaciones. Los gobernadores elegidos fueron sustituidos por gobernadores nombrados por el presidente. Se aprobó una ley que restringía el trabajo de las organizaciones no gubernamentales. Se endurecieron los requisitos para registrar un partido político, lo que supuso un obstáculo más para la ya débil y dividida oposición democrática.
El Estado empezó a controlar los medios de comunicación electrónicos y apenas se investigaron los violentos crímenes cometidos contra periodistas independientes. Hoy día, un periódico que publica rumores intrascendentes sobre la vida privada del presidente puede esperar no sólo que echen al director, sino que lo cierren.
Durante las elecciones presidenciales de marzo y las elecciones a la Duma de diciembre, no sólo se restringieron los derechos de la oposición, sino también los de los observadores internacionales. El viceportavoz del Gobierno alemán, que fue miembro del equipo del canciller Gerhard Schroeder, dijo a continuación que “Rusia no era una democracia y sigue sin ser una democracia”.
Khodorkovsky también estaba equivocado sobre las consecuencias económicas de la oleada de renacionalizaciones. A primera vista, han tenido mucho éxito. Durante varios años, la economía rusa ha estado creciendo a un ritmo de más del 6%. Los ingresos reales disponibles se han más que doblado entre 1999 y 2007. Rusia tiene la tercera reserva de divisas mayor del mundo, y la inversión extranjera directa ha aumentado fuertemente desde 2002. Mirando con más detenimiento, sin embargo, se percibe que esta inversión directa es extremadamente baja, dado el tamaño del país. Y el alto índice de inflación, que estaba en el 13,3% en términos interanuales en marzo, está causando preocupación.
Rusia debe emplear sus ingresos del sector energético en reducir la dependencia de la economía de las materias primas. Si la economía global sufriera una aguda ralentización, el resultado sería que los precios de las materias primas caerían. Medvédev ha reconocido esto y está buscando introducir reformas que se centren en las “cuatro íes”: inversión, infraestructuras, innovación e instituciones. Pero esto exigirá mucha más inversión extranjera directa, como Khodorkovsky reconocía hace cinco años. Aunque se pueda proteger a los inversores durante un tiempo por las conexiones políticas o los acuerdos sobre un foro de arbitraje extranjero, a medio y largo plazo, Rusia no puede escapar a la necesidad de hacer cumplir la ley de forma eficiente si quiere que su éxito económico dure.
En un discurso en Krasnoyarsk durante la campaña presidencial, Medvédev habló de un “nihilismo legal” en referencia a la situación de la justicia en su país, y el Banco Mundial ha señalado un claro declive en el imperio de la ley en Rusia entre 1996 y 2006. Cuando se habla de desarrollo del imperio de la ley se trata de contar con jueces y fiscales independientes que trabajen en la atmósfera de libertad propia de una sociedad civil que funciona. El discurso de Medvédev en Krasnoyarsk hace pensar que ha comprendido esto. Pero al comienzo de su mandato, Putin habló en términos aún más fuertes refiriéndose a una “dictadura de la ley”. Lo que se necesita es un cambio de 180 grados en la política hacia la ley y la sociedad y una ruptura con el sistema de Putin.
En la entrevista con Die Welt, Khodorkovsky dijo que se necesita valor en Rusia para defender el desarrollo de una sociedad civil. Su destino será una señal de la dirección en la que Medvédev intenta conducir a Rusia.
Eckart von Klaeden es portavoz de Asuntos Exteriores de CDU en el Parlamento alemán.
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