Además de ser autor de éxito no estuvo falto de conciencia política y solidaridad hacia el prójimo.
Madrid. Sólo Dashiell Hammett podía haber concebido obras como El halcón maltés y El hombre delgado, relatos detectivescos y estremecedores con personajes que todavía hoy recordamos: Sam Spade y la pareja de sabuesos Nick y Nora Charles.
Además de ser autor de éxito no estuvo falto de conciencia política y solidaridad hacia el prójimo. Durante la Primera Guerra Mundial se alistó como voluntario en un cuerpo que proporcionaba ambulancias y transportes a los aliados y, en 1942, a pesar de verse disminuido físicamente por ser víctima de la tuberculosis —el alcohol era otra de sus muchas debilidades—, trabajó como sargento en las Islas Aleutianas.
Reconocido activista de la izquierda política, Hammett luchó contra el fascismo en 1930 y, en 1937, se afilió al Partido Comunista de Estados Unidos. En la década de los 50 fue investigado por el Congreso americano, e incluso fue incluido en las famosas listas negras que éste elaboraba por no proporcionar información sobre las identidades de otros miembros de su partido.
Probó con la publicidad y colaboró con una agencia de detectives —de donde le vino su inspiración—, pero su gran pasión, además de la relación amorosa que mantuvo con la dramaturga Lillian Hellman durante 33 años, fue siempre la literatura. Muchas de sus novelas fueron llevadas a la gran pantalla, notablemente El halcón maltés (1941), y también colaboró en la redacción de otros guiones cinematográficos. Como veterano de guerra fue enterrado con honores en el Cementerio de Arlington.
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