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09/05/2008 22:27   



Crisis abierta. ¿Quién la cerrará?

Si persiste en su actitud indecisa, Rajoy no será el hombre más indicado para acabar con la incertidumbre.

Crisis abierta. ¿Quién la cerrará?
No es un comentario aislado. Cada día surgen más descontentos.

A. Martín-Aragón

Madrid. Mariano Rajoy salió al balcón pensando que estaba apurando las heces de su suplicio. La multitud arracimada en torno a la sede nacional del PP le aclamaba con la desesperación del pueblo que no se resigna a renunciar al culto de una divinidad en declive. El líder se esforzó por contener las lágrimas. En su voz, casi siempre recia, se distinguía el aleteo de la aflicción. La noche era tan ruidosa como triste.

Volvió a su despacho y lanzó un suspiro. “Esto se ha acabado”, le dijo a Elvira, su esposa, que se enjugaba los ojos húmedos. Por fin podrían descansar y disfrutar de sus hijos. Por fin podrían alejarse de las intrigas y de los navajazos. Pero Rajoy no tenía suerte. Ni siquiera le permitieron tirar la toalla. Los barones territoriales le suplicaron telefónicamente que siguiera al mando de la formación para paliar los efectos de la guerra que se avecinaba. Francisco Camps (Valencia), Juan Vicente Herrera, (Castilla y León), Javier Arenas (Andalucía), Ramón Luis Valcárcel (Murcia) y Alberto Núñez Feijoó (Galicia) le prometieron su respaldo incondicional. Eran conscientes de que su influencia podría menguar con la marcha del compostelano. Le necesitaban. Rajoy intentó escaquearse.   

– Pero, he perdido las elecciones —adujo.

—Sí, pero has ganado en votos. No ha sido un fracaso —le razonó uno de los barones.

El jefe, de corazón tan grande como blando, aceptó. Aún no era del todo consciente de que las disputas de poder en su partido, ahogadas por el clamor de la campaña electoral, iban a adquirir mayor resonancia y virulencia. Tampoco tuvo en cuenta que le iban a llover los palos por todas las esquinas tras hacer pública su decisión de aspirar a la reelección en el Congreso Nacional de junio. Se dio cuenta de ello un poco tarde, días después del 9-M, cuando el nombre de Esperanza Aguirre empezó a sonar como su posible adversaria en la cita congresual. Silbaban los primeros sables. Pero lo mejor estaba por venir. Como no podía ser de otra manera, la presidenta de la Comunidad de Madrid irrumpió en el cuadrilátero. Se contaba con ello, pero nadie hubiera imaginado que su entrada en escena fuera a remover tanto los fangos de Génova. Crítica y ambigua, Aguirre sugirió que resultaba imprescindible una reflexión profunda para determinar las causas de la derrota. Sus palabras significaban algo más: “Esto necesita renovarse y esto necesita otras caras”.

Paz de hielo

En las semanas posteriores, la lideresa sopesó la posibilidad de encabezar la gran alternativa a Rajoy. Rastreó, olfateó, palpó las intenciones de dirigentes del partido. No se encontró lo suficientemente respaldada. Tras amagar varias veces el poner la zancadilla a Rajoy, anunció que apoyaría la candidatura del gallego. Un detalle por su parte. Pero Rajoy había quedado medio atolondrado, confundido, agotado de presentir tantas amenazas y conspiraciones a su alrededor. Firmó una paz de hielo con Aguirre. La calma, sin embargo, no llegó. Ni llega. Recientemente, Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, los hombres que acompañaron a Rajoy a través de la crispación de la última legislatura, le han abandonado con sospechosa frialdad. Gente de su entorno revela que ambos se han quejado del carácter irresoluto del líder. “Rajoy no toma decisiones ni aclara el porvenir de casi nadie. Lo único que ha hecho ha sido nombrar a Sáenz de Santamaría portavoz parlamentaria. Está desbordado”, dice un diputado del PP.

No es un comentario aislado. Cada día surgen más descontentos. Afirman que Rajoy, si persiste en su actitud indecisa, no será el más indicado para acabar con la incertidumbre. Para otros, el gallego se equivocó al echarse sobre los hombros la carga que le soltaron los barones. El mismo diputado aporta un remedio: “Esto sólo puede capitanearlo alguien con ambición, sin miedo a poner orden en el partido. Se me ocurren personas como Aguirre o Camps”. Parece que otra guerra, más ruidosa que la anterior, está por llegar. ¿La definitiva?

Cronología de un conflicto que no termina de expirar

12-3-2008

Tras la derrota electotal, Rajoy anuncia que anticipará a junio el XVI congreso y que se presentará a la reelección. Su objetivo, ganar las elecciones de 2012. Las divisiones se recrudecen. Empieza el combate.  

8-4-2008

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anuncia que está dispuesta a dar la "batalla" para que los españoles conozcan una opción "abierta, moderna y liberal". Se refiere a la suya. Por supuesto.

19-4-2008

Mariano Rajoy aprovechó un acto con interventores y apoderados del PP en Elche (Alicante) para lanzar un órdago a Esperanza Aguirre: “Si alguien quiere ir al Partido Liberal o al Conservador, que se vaya”. 

30-4-2008

El portavoz del Partido Popular, Eduardo Zaplana, deja su escaño en el Congreso de los Diputados para incorporarse a Telefónica como delegado de la compañía para Europa. Rajoy no conocía sus intenciones.

6-5-2008

Ángel Acebes confirma su renuncia a continuar como secretario general tras el Congreso del PP. Acebes asegura que le ha pedido a Rajoy que no cuente con él para ser su número dos en la actual legislatura. 




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