Zoé Valdés, escritora, afirma que "las celdas de castigo de las cárceles cubanas son terribles, y en una de ellas se encuentra el médico Óscar Elías Biscet."
Zoé Valdés se ha pasado al ensayo con La ficción Fidel. AMANDA BARQUILLA |
Ángel Peña
Madrid. La novelista Zoé Valdés nació en La Habana en 1959, justo el año en que arrancó la Revolución. Exiliada en París, siempre ha hablado claro sobre la situación de su patria. Ahora incluso ha decidido cambiar de género para explicar en un ensayo la gran mentira de uno de los personajes de culto de cierta progresía. La ficción Fidel (Planeta) cuenta cómo se las ha ingeniado el Comandante para crear una red de mitos que lo mantienen en el poder.
Cuenta en el libro que uno de sus grandes obstáculos fue encontrar documentación.
Ha sido muy difícil. Incluso hay libros desaparecidos: ves la cubierta, lees la sinopsis, sabes que existen, pero es muy difícil encontrarlos. La mayoría de los libros de Historia de Cuba, por ejemplo, se retiraron de la circulación: quedó uno, que se reescribió en los 60 a la manera castrista.
El control no se limita al pasado. En Cuba sólo circula prensa oficial, sin la menor crítica... ¿Cómo se mantiene ese sometimiento de la opinión pública casi 50 años?
Por el nivel de sutilidad con el que se controla la vida cotidiana del ciudadano: los cubanos ya no lo sienten, para ellos es un elemento totalmente natural. Incluso lo conservan cuando salen del país: a mí me dijeron que, bastante después de irme, cuando charlaba con alguien en un café y empezábamos a hablar de Cuba, notaban que miraba para atrás y bajaba la voz. Yo no me daba cuenta. Es algo que incorporas.
Eso puede ser una excusa para los de dentro, pero ciertos intelectuales que llegan desde países democráticos, como España...
Hay algunos que critican el castrismo. Otros siguen apoyándolo, como Belén Gopegui. Sus razones tendrá. Yo las respeto, pero ella también tiene que respetar las mías como cubana y como escritora. En democracia, es así. Y yo digo que es evidente que en Cuba hay represión: las celdas de castigo de las cárceles son terribles, y en una de ellas está el médico Óscar Elías Biscet; se reprimen las manifestaciones en la calle...
Habla del márketing que Castro supo utilizar para venderse. ¿Cómo pudo crear tanto entusiasmo?
Al inicio era más justificable: todo eso de los barbudos parecía una cosa medio romántica, pero gente como Sartre se desencantó muy pronto. Después han quedado los que van a Cuba a dejarse manipular con gusto, como Ignacio Ramonet y Oliver Stone.
En el libro incide en dos rasgos de su personalidad: el machismo y el racismo.
El mejor ejemplo de lo primero es una anécdota: en los años 90, dijo en un discurso que las prostitutas cubanas eran las más sanas, las más cultas y las más educadas. Me parece bastante humillante para cualquier mujer, no sólo cubana; sin embargo, ninguna feminista protestó. Y respecto al racismo, en 45 años sólo han habido un mulato y un negro en el poder. Lamentable.
¿Cree en la apertura de Raúl?
No, la prueba es que no han dejado salir del país a Yoani Sánchez, la bloguera que ha ganado el premio Ortega y Gasset. Ella sólo ha querido dar su opinión desde su punto de vista ciudadano. El problema es que como hay tal carencia de información, su blog se ha convertido en una fuente importante. Pero ojo, para el exterior, porque dentro nadie la puede leer.
¿Qué le pediría a los dirigentes que hablan de cambios y han abierto el acceso de ciertos bienes?
Los cambios tendrían que traer la libertad de los presos políticos, el pluripartidismo y unas elecciones libres, no estos últimos detallitos cosméticos, con los que además se ríen del pueblo cubano: ¿quién tiene dinero para comprar esas cosas?
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