La escritor4a afirma que las tragedias pueden cambiar nuestras vidas para bien o para mal.
Jesús Maqueda
Bucino, “nacido con el cuerpo de un enano y la mente de un filósofo”, es el protagonista de La cortesana (Editorial Seix Barral), última novela de Sarah Dunant (Londres, 1950), ambientada en Venecia en la primera mitad del siglo XVI. Se cuenta en la solapa del libro, y no hay razones para dudarlo, que la autora ha sido actriz, presentadora de radio y televisión y periodista. Desde hace dos décadas, empero, vive de la literatura, y no debe de irle nada mal, a juzgar por lo que vende. Tanto que se permite el lujo de vivir parte del año en Florencia, ciudad en la que le habría gustado nacer, “siendo hombre”, hacia 1440.
En su libro aparecen personajes reales, como Tiziano o Aretino.
Tuve mis dudas por miedo a que me contradijeran los historiadores. A Tiziano decidí mantenerlo en un segundo plano porque no sabía lo suficiente del hombre que hay detrás del artista. Aretino, en cambio, dejó una correspondencia muy interesante. Era un tipo generoso y honesto que transmitía un gran apetito por la vida, y se mojó mucho en términos políticos. Coleccionaba enemigos.
¿Los mejores vendedores son, ante todo, grandes actores?
No es mi caso, desde luego. Fui actriz durante poco tiempo, quizá porque no era muy buena. Soy, eso sí, muy buena conversadora. Me gusta hablar y actuar. El que vende algo necesita comunicar, transmitir el entusiasmo que siente por lo que hace.
¿Es necesaria la destrucción para que haya rehabilitación?
Sin el saqueo de Roma, en 1527, por las tropas del emperador Carlos V, Venecia no habría llegado a ser lo que es. Muchos artistas, como el arquitecto Sansovino, huyeron de Roma y se establecieron en la ciudad de los canales. Está claro que una tragedia nos hace vivir las cosas de otra manera, puede cambiar nuestra vida para bien o para mal.
¿La literatura nace de nuestra necesidad de milagros?
Para mí nace de la necesidad de comprender mejor las cosas. Preguntarme quién habría podido ser yo de haber nacido hace 500 años es lo que me lleva a escribir. Y escribir es lo único que me permite viajar en el tiempo. Milagro sería todo lo relacionado con el arte, con la pintura, por ejemplo. Cada punto por sí solo no tiene sentido, pero el resultado final puede ser fabuloso.
¿La belleza era el único pasaporte hacia la libertad que tenían las mujeres de esa época?
La belleza podía servir, pero no era suficiente. Además, es efímera. Tenían que buscar maneras de vivir. Estoy convencida de que muchas mujeres le sacaron partido a sus vidas cuidando a sus familias.
¿Es la educación lo que acerca el humilde al poderoso?
La educación por sí sola no basta. “¿Naturaleza o alimentación?”, decimos los ingleses. Quizá nazcas siendo un genio, pero si no tienes posibilidad de demostrarlo no llegarás muy lejos. Hay jóvenes de buena familia que tienen todo al alcance de la mano y se convierten en drogadictos. El talento nace a veces en los sitios más insospechados. Un genio puede nacer en cualquier momento.
¿El amor es la enfermedad de la que nadie desea curarse?
Las conversaciones sobre el amor que aparecen dentro de la novela las he sacado de textos de la época que lo describen como una patología. Nuestro concepto sobre ese asunto es muy diferente hoy. Entonces la sociedad no estaba construida en función del amor, sino en función de la propiedad. Ahora pienso que el amor es un gran locura.
“No vivimos en función de la verdad”, asegura, “sino del poder de los rumores y la malicia”.
¿Dónde está la Verdad con mayúsculas? Cada uno tiene la suya. Yo sé quién soy, pero seguramente hay versiones de mí misma más acertadas que perciben otras personas porque yo me las quiero esconder. Sí es cierto que la línea de murmuración se movía antes más deprisa. Esa es otra de las cosas fascinantes de ese periodo. La gente veía en realidad lo que quería ver.
¿El éxito puede llegar a ser tan penoso como el fracaso?
Nunca puede ser tan doloroso como el fracaso, aunque podría decir que sí y quedar muy bien. El éxito te puede causar algún problema, pero no es doloroso. Yo soy muy feliz de que este libro lo haya leído mucha gente en distintas partes del mundo, pero ahora estoy aterrorizada. Que un libro salga tan bien te hace difícil escribir el siguiente.
A las ‘geishas’ se las mitifica y las cortesanas, por el contrario, no gozan de tan buena prensa.
Eso es consecuencia de la distancia y del romanticismo con que vemos las culturas exóticas. He vivido en Japón varios meses y es una cultura que no entiendo. La entendía incluso menos cuando me fui que cuando llegué. Las geishas no eran atractivas en absoluto, echaban para atrás a cualquiera, pero habría que saber, claro está, qué es lo que un samurái encontraba en ellas de irresistible.
Quienes somos | Contacte con nosotros | Aviso legal | Publicidad | Mapa
© Grupo Negocios Sepúlveda 7b - 28108 Alcobendas-Madrid. España - Tel: 91 432 76 00 - Fax: 91 432 77 65