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10/04/2008 20:40   



El acoso escolar cuesta 12.000 euros a un colegio

Primera condena a un centro concertado de Écija por no evitar la agresión continuada a una menor.

El acoso escolar cuesta 12.000 euros a un colegio
La joven que se rompió una pierna al ser empujada por tres compañeras en las escaleras del...

G. Sánchez de la Nieta

La niña E.T. pasó semanas acosada por las palabras. Insultos, en realidad. Noches sin dormir. Días que se hacían eternos. Llevó durante años un cuadro médico cargado a sus pequeñas espaldas: con 12 años sufrió depresiones, angustia, temblores, dolores de estómago, obesidad, miedo y vómitos. Volvía a casa y se encerraba en su habitación. No quería pasar ni un día más en ese infierno de colegio. Ahora despierta. Todo fue una pesadilla.

Ocurrió en el curso 2003-2004, en un centro concertado de Écija. E. T. llegaba de Barcelona, nueva en el colegio, para cursar segundo de la ESO. Sus compañeros vieron motivos de sobra para emprenderla con ella: venía con acento catalán, alargaba sus primeros días de timidez y buscaba integrarse entre sus compañeros. Intenciones no aptas para los matones del patio.

El lunes la empujaban por las escaleras, el martes le robaban la mochila, el jueves le escondían el estuche, el viernes la amenazaban de muerte. Más de tres años de sudores y lágrimas antes de entrar a clase y ante la mirada pasiva de los profesores, que se encogían de hombros observando este linchamiento diario.

Obligada a dejar el colegio

Ahora, el Juzgado Mixto número 2 de Écija ha condenado al centro escolar a indemnizar a esta alumna, ahora de 18 años, con 12.000 euros por haber sufrido "años de vejaciones y otras conductas ilícitas". La sentencia culpa al centro docente de pasividad y de no adoptar las medidas necesarias para evitar esas conductas, que obligaron a la perjudicada a dejar la escuela.

El Juzgado se acoge al artículo 1902 del Código Civil, que obliga a “las personas y entidades que sean titulares de un centro a responder por los daños y perjuicios que causen los alumnos menores de edad durante los periodos de tiempo en que los mismos se hallen bajo control y vigilancia del profesorado del centro”.

El juez ya sentenció en una primera instancia que “había relación directa entre la conducta de los compañeros de clase de la afectada y los padecimientos que tenía de índole psíquico”. Pero la dirección del centro recurrió y achacó los hechos a la "personalidad débil y apocada de la alumna, excesivamente protegida".

El Juzgado Mixto respondió con más contundencia y denunció la actitud de los profesores en el juicio, probablemente parecida a la que mantenían en las aulas, cuando respondían con "divagaciones, imprecisiones, negativas de los hechos denunciados". Los profesores decían que se trataba de "incidentes propios de convivencia en las aulas". El fallo explica que la actitud de los docentes refleja que "olvidan su labor educativa, formativa y disciplinaria de los alumnos que tienen bajo su control, así como la obligación de garantizar el bienestar físico y psíquico, dentro y fuera de las aulas".

Agresiones reiteradas

La sentencia sostiene que “no puede compartirse la tesis de la defensa sobre la existencia de meros incidentes aislados", puesto que las acciones que soportó eran reiteradas y constantes, "lo que provocó un sufrimiento de la víctima que no tiene la obligación de soportar”.

El fallo mantiene que la menor, según un informe pericial psicológico, "presentaba un alto grado de ansiedad" con "tendencia al llanto, impotencia y desánimo”.

El abogado de la alumna agredida, Fernando Osuna, aplaudió la resolución de los tres magistrados, "que se ha mostrado más duro tras la apelación del centro", y consideró completamente inadmisible que los profesores de un colegio mantengan "una actitud indiferente ante una situación de acoso en sus propias aulas".

De hecho, la sentencia considera que la cantidad de 12.000 euros "no es ajustada a la gravedad del daño y a la secuela psicológica que ha podido producir en la personalidad de la menor, dada la edad de ésta, duración y reiteración de las agresiones sufridas, pero que no podemos modificar al no haber recurrido la parte actora".

E. T. tiene en la actualidad 18 años, trabaja en una peluquería y no es extraño que opte por la alternativa de educar a sus futuros hijos en casa.

Los casos más graves de violencia en las aulas

Febrero de 2007

Un juzgado de menores de Sevilla impone una orden de alejamiento a un alumno de 14 años del Instituto de Secundaria La Paz, por los delitos de amenazas contra uno de sus profesores. Se trata de la primera orden de este tipo que se cursa en España contra un menor en un caso de acoso escolar. El alumno se enfrentó con el docente encargado de la guardia ese día cuando éste le pidió que se incorporara a su aula. Lo amenazó con frases como "te voy a abrir la cabeza con un hacha".

Junio de 2006

Los padres de un niño de 11 años denuncian al Colegio Suizo de Madrid, por el acoso escolar y las agresiones que sufre su hijo por parte de otros alumnos. El director del centro denunció, por su parte, al padre por "robar" la cámara de vídeo con la que los alumnos agresores grabaron cómo le propinaban con la mano "hasta 21 golpes en la cabeza, la nuca, las piernas y la espalda", explicaron los padres. "Mi hijo lleva dos años sufriendo acoso escolar y la dirección del centro no ha hecho caso del asunto", explicó la madre.

Octubre de 2006

Una niña de 13 años, estudiante de primero de ESO en el instituto Virgen de La Encina de Ponferrada (León), fue agredida por tres de sus compañeras, de la misma edad. La menor salió de clase y fue increpada. La insultaron y acabaron empujándola por las escaleras, lo que le provocó una rotura de tibia, peroné y tobillo de la pierna derecha. La niña, que ya había sido objeto de mofas en el recreo por parte de las tres chicas, explicó que fueron a por ella porque "no tenían a quién vacilar".

Septiembre de 2004

El caso de agresión en las aulas que más conmocionó al país en los últimos años ha sido el de Jokin C., un joven de 14 años que vivía en Hondarribia (Guipúzcoa) y que se suicidó el 21 de septiembre de 2004 tras un año entero sufriendo acoso escolar por parte de sus compañeros de instituto. El caso concluyó con la primera condena por acoso escolar en España. Con la frase "Libre, oh, libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies", Jokin se despedía del mundo. No pudo aguantar más los insultos y amenazas de cada día.




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