El pasado y el presente se dan la mano en la nueva cara del Parador de La Granja.
Antonio Lozano
Nos acercamos al Parador de La Granja, de cuyo interiorismo se ha encargado el estudio madrileño Cidon B2B. El proyecto de rehabilitación interior se ha propuesto reinterpretar, al día de hoy, el espíritu ilustrado del edificio donde se ubica el parador, La Casa de los Infantes. Ésta fue construida por Carlos III para la corte de sus hijos cuando eran pequeños.
Esta idea conduce todo el desarrollo estético y funcional de cada espacio y consigue una coherencia valiente y respetuosa con el entorno. Valiente porque no es fácil combinar con acierto el mundo del siglo XVIII con un escueto minimalismo, depurado y cálido, como proponen con singular lucidez los interioristas. Y, de alguna manera, esta fórmula se funde no ya en el edificio en sí, sino en toda la población de La Granja, marcada por el Palacio y sus edificios adyacentes e industrias. Es éste un marco en el que es difícil trabajar sin sentirse intimidado.
Entre los materiales usados destacan las maderas nobles macizas y la madera de pino del vecino bosque de Valsaín. Algunas piezas se han lacado o pintado siguiendo de alguna manera el gusto que inspira todo el proyecto.
En tonos hueso
Los textiles se han diseñado y elegido en tonos claros, tanto para cortinas como para muebles tapizados e incluso alfombras. La mayoría procede de Gastón y Daniela, Milande, Les Creations y Donfil. Dominan los blancos, los tonos hueso, los tierra claros, los grises verdosos... También ocurre lo mismo en la pintura de paredes, muebles y elementos decorativos.
Se han seleccionado algunas antigüedades para lugares importantes, por ejemplo para los salones de clientes, comedor y diversas zonas escogidas en patios y escaleras.
Es especialmente atractivo el juego que hacen las estatuas de escayola en el hall de recepción, hombres silenciosos e inmaculados que vigilan la entrada, que curiosean, que muestran una muda indeferencia. A los visitantes se les escapa la mirada hacia las alturas, donde dominan estos singulares visionarios, testigos del paso de todo el que ronda.
Junto a ello, reina en la recepción un mestizaje de materiales en paredes y suelos, como granito, ladrillo, piedra, madera incluso en varios acabados y colores, muy variado, pero lleno de armonía. Destacan además unos magníficos grabados originales franceses sobre Reyes de España, la lámpara de cristal de la Real Fábrica de La Granja, la alfombra, que integra el color del ladrillo que se descubre en algunas partes con los tonos de las paredes claras, el granito y las maderas.
Recuerdos del XVIII
El interior tiene tres patios algo estrechos y alargados, rodeados por unos pasillos donde lucen 35 vitrinas de ciencias naturales, decoración que apunta el academicismo reinante en el siglo XVIII. Lo que era modernidad entonces se reinventa con la modernidad de hoy.
Las habitaciones son algo austeras, acompañando el carácter y estilo un poco militar de la edificación. Llaman la atención los cabeceros a modo de doseles blancos sobres las camas y el ambiente purificado y luminoso, paredes inmaculadas y techos con altura que contribuyen a la sensación refrescante general. Las alfombras y los tapizados están en tonos neutros y cálidos. El suelo es gres. Las suites tienen salones adjuntos con la misma atmósfera, espejos de gran tamaño multiplican las vistas interiores y descubren espacios y vistas inexistentes. Todo el mobiliario interior es diseño propio de Cidon B2B, fabricado en pequeños talleres artesanales de madera, carpintería metálica o forja, y rescata las líneas afrancesadas del estilo del lugar, desarrollando piezas escuetas, amables, casi funcionales, imbuidas del aire ilustrado.
En las terrazas exteriores y jardines la marca proveedora es Luar, especializada en este tipo de productos. Los patios cuentan con amplios vanos de ladrillo visto decorativo, algo ajeno al estilo del XVIII pero impuesto desde Paradores, el ladrillo se usaba en tiempos de Carlos III sólo como material constructivo, luego se cubría y pintaba. También la obra anterior, llevada a cabo por Paradores, predeterminó rodapiés, puertas, marcos de puertas, barandas de escaleras y otros elementos. Con los baños ha pasado lo mismo y Cidon B2B no ha entrado a distribuir ni elegir materiales.
En algunos espacios, como el gabinete biblioteca, las paredes se han pintado de gris aterciopelado, amplias cortinas oscuras a modo de puertas separan los diferentes salones, en este caso se han usado pufs cúbicos de color rojizo que aportan una nota de color. Las lámparas de mesa son las elegantes y sobrias Lewit de Metalarte.
Hay diversos espacios sociales, como el comedor de desayunos, ubicado en un escenográfico patio interior, o el restaurante, todo en blanco, donde un inmenso espejo se apoya sobre una pared y amplifica la luz y los encuentros, el marco es de madera tosca vieja con un resultado final, en contraste con el blanco general y el espejo en sí, muy interesante. En la zona de bar y cafetería, las maderas son claras, depuradas, sin alardes decorativos, paredes blancas, suelo en damero.
El Parador cuenta con un spa, ubicado en uno de los patios interiores, rodeado de arcos de ladrillo y cortinas blancas colgantes como si fuesen muros sutiles. Se trata de un lugar para el descanso y la relajación. Cidon B2B ha creado una historia interior para este espacio, igual que para las terrazas y zona de piscina, y no deja de recordarnos los balnearios termales donde se refugiaba la aristocracia en el pasado, lugares frágiles, donde la medicina, la nueva ciencia y los remedios improbables se mezclaban, al igual que aquí, en una suerte de oasis fuera del mundo.
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