La autora de 'El inventor de historias', Marta Rivera de la Cruz, reflexiona sobre la importancia de desterrar la mentira.
Marta Rivera de la Cruz, fotografiada en su casa en el madrileño barrio de Chueca. |
Javier Táuler
Finalista del premio Planeta en 2006 y autora de tres libros, Marta Rivera de la Cruz, acaba de publicar una reedición de El inventor de historias. Una novela divertida y ágil, en la que las mentiras creadas por Linus Daff inundan las páginas. Su autora habla en esta entrevista de ello, de los mentirosos de hoy en día y de la conveniencia de dialogar entre las personas.
¿Qué piensa de la mentira?
En ocasiones es una especie de huida hacia delante. Es una forma de escapar de las cosas y en ocasiones puede ser, según las circunstancias, un mal menor. Pero todo esto es variable porque no hay dos mentiras que sean iguales.
Y, ¿por qué mentimos?
Supongo que para aplazar lo inevitable. Es una forma de decir: “Bueno, ya más adelante lo arreglaremos. De momento contamos esto y luego ya veremos”. Pero igual que no hay dos mentiras iguales tampoco hay dos mentirosos iguales.
Pero mentir, ¿arregla las cosas o da más quebraderos de cabeza?
Creo que la mentira acaba siempre complicando las cosas. Pero también es verdad que alguna vez es una forma de escapar.
¿Hablar arregla las cosas?
Hay muchas situaciones que no podemos arreglar en el momento, por su complejidad, por su dificultad o por las circunstancias. Pero creo que una conversación, una buena conversación a tiempo, puede salvar muchas cosas. Además, en el fondo muchas veces lo que nos parece trascendental no lo es tanto y la situación no es tan desastrosa como nos la imaginamos. Personalmente soy muy partidaria de hablarlo todo antes de tomar una decisión definitiva.
¿También en un matrimonio cuando las cosas empiezan a ir mal?
En las relaciones entre personas la conversación y el hecho de poner las cartas boca arriba es fundamental. Creo que hay que hacer un esfuerzo de sinceridad y de contar las cosas como son. Hablar, enfadarse y protestar. Todo es positivo. Incluso decir cosas que no se quieren oír o que no se pensaban decir. Al final hablar es siempre una forma de dar una oportunidad para que se arreglen las cosas.
¿Qué piensa del ejercicio de pedir perdón?
Indudablemente implica reconocer que hemos metido la pata y eso a nadie le gusta. Creo que habría que potenciar esta actitud y animar a todo el mundo a pararse un momento, reflexionar cinco minutos, y si hay que pedir disculpas, pedirlas. Esto nos lleva a lo de siempre: hablar las cosas.
Si pudiera inventar o modificar un episodio en la historia de la humanidad, ¿cuál elegiría?
En la historia internacional, si pudiera, me gustaría intervenir en las elecciones de Alemania que llevaron al poder a Hitler en marzo de 1933. En España, por su puesto, el 2 de mayo de 1808. Que la revuelta popular hubiese terminado con victoria española, en vez del aplastamiento francés.
¿Hay hoy mucho inventor de historias?
Por supuesto. Pero no es un problema de ahora. Siempre ha habido muchos. Lo que sucede es que cada vez es más difícil inventar historias y que no se descubra que son verdad, porque hay más medios para descubrir todo, como Internet, para echar abajo una mentira. Ahora, si te pones a buscar puedes encontrar toda la información del mundo y es más fácil desenmascarar a un mentiroso. Aunque también creo que habrá mentiras que permanezcan durante mucho tiempo y quizá para siempre, quién sabe.
Internet es desde hace muchos años la gran fuente, pero no todo lo que circula por la Red es auténtico...
Éste es uno de los grandes peligros de Internet. Nos hemos acostumbrado a dar por bueno todo lo que aparece en la Red. Creo que el gran reto es la discriminación de la información. Ahora pones una palabra y le das al enter y te aparecen al mismo nivel un artículo de un profesor de Oxford y la opinión de un señor que está en su casa y cuelga lo que le viene en gana en la Red.
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