Cuba y el tabaco van de la mano. El 80% de los productos de este tipo que se comercializan en el mundo proceden de la famosa y aún a estas alturas enigmática isla.
Fábrica de tabaco en Cuba. |
Javier Fandiño
Cuba y el tabaco van de la mano. Sí, el país caribeño es por antonomasia la cuna del habano. De hecho, el 80% de los productos de este tipo que se comercializan en el mundo proceden de la famosa y aún a estas alturas enigmática isla. Es ésta una realidad por la que pasan de puntillas muchos de los visitantes —excepto los propios amantes de esta hoja y de sus propiedades— que aterrizan en Cuba diariamente.
El país no es sólo La Habana o las playas de Varadero ni el ron, que también. No hay nada más oriundo que el tabaco y nada que haya cautivado a tantos países. Fumar habanos es una actividad habitual también entre tantas personalidades del mundo de la política, la comunicación, el espectáculo…
Cualquier amante del tabaco no deja de visitar San Juan y Martínez, en la provincia de Pinar del Río, la región donde se cultiva el mejor tabaco de Cuba y, por ende, del mundo. Las condiciones medioambientales y del terreno —háblese de la calidad del suelo o del microclima— y todas estas circunstancias hacen posible que el cultivo de esta hoja alcance cotas de calidad máxima. Siempre según los expertos, claro.
El cultivo en Cuba cuenta con una gran tradición y ha hecho de ella una forma de vida, una cultura con siglos de historia.
Escuchar cómo crece
La labor del veguero, agricultor cubano, es dura, delicada y requiere muchas horas de trabajo. Cuentan los más veteranos que, con frecuencia, incluso son capaces de quedarse en vela por las noches para escuchar cómo crece el tabaco. Insólito, pero cierto.
En Cuba se cultiva de dos formas diferentes, en función del papel para el que va a ser utilizada la hoja. El primero es el llamado sol, que se cultiva al aire libre y produce cuatro de las cinco hojas empleadas en la elaboración de un habano (volado, seco, ligero y capote).
El segundo modo de cultivarlo es el tapado. Debe su nombre al modo en que se produce: el cultivo tiene lugar en campos cubiertos con lonas. De esta forma se aseguran los productores de que esas preciadas hojas no se sientan desprotegidas ante el sol y sobrevivan sin problemas a cualquier condición climatológica adversa. Sobre todo, en temporada de huracanes. Estas hojas serán las que se utilicen más tarde para la elaboración de la capa.
Temporada
El proceso de cultivo comienza durante los meses de julio y agosto, cuando se empiezan a preparar los semilleros. Tras 45 días de riego, las plantas llegan a una altura de entre 13 y 15 centímetros. Entonces será el momento de trasplantarlas, acción que se lleva a cabo en el mes de octubre.
Después de ser transplantadas, es necesario esperar unos 50 días hasta que ya se puede iniciar la recolección propiamente dicha. Las hojas son extraídas manualmente, una a una. A medida que se van retirando de la planta en la que han crecido, éstas se llevan a unas casas donde se curan al aire.
Un proceso artesanal
La elaboración de los habanos sigue el mismo proceso que en el siglo XIX. Totalmente idéntico. Han cambiado los formatos, los cajones y los sistemas de conservación, pero la elaboración cubana sigue siendo artesanal. Lo único necesario que requiere un torcedor o artesano del habano para lograr una de estas joyas es una tabla de rolar, una chaveta, una guillotina y un molde.
Una vez en la fábrica, las hojas deben pasar por un proceso de acondicionamiento: se humedecen en gavillas y se someten a una fina aspersión de agua para devolverles su aspecto sedoso y uniforme.
A partir de aquí entra, de nuevo, la mano del hombre, a las despalilladoras. Se encargan esta vez de retirar la vena central o el palillo, dividiendo la hoja en dos mitades. de esta forma quedarán listas para el rezagado, agrupación de las capas en 20 tamaños y matices definidos y clasificados de acuerdo a su color, tamaño y textura.
A continuación, el maestro tabaquero se encarga de elaborar las ligas cada año por marcas para mantener una continuidad en cuanto a la aroma, sabor y fortaleza de cada vitola (marca). Para ello, usa los tipos de tabaco con los que se hace la tripa combinándolos creando matices diferentes.
El siguiente paso nos lleva a la galera, donde los torcedores elaboran las vitolas. Sus herramientas son mínimas: la tabla, la chaveta (como un cuchillo), la guillotina, goma vegetal, la prensa, los moldes y, sobre todo, sus manos. Destacan la habilidad y la experiencia que hacen del torcedor un auténtico artesano.
Con las hojas, los torcedores empiezan a enrollar las hojas: se colocan las hojas para conformar la tripa que se cubre con el capote y se reserva en un molde. Este compuesto, llamado bonche, queda unos 15 minutos en la prensa hasta que se pasa por una máquina para comprobar el tiro. Luego se prepara la capa, que vestirá al habano y se convertirá en su mejor presentación.
Cuba en los labios
Pues ya tenemos el secreto para la elaboración del habano, ese cigarro que ha cautivado a grandes personalidades. El primero, lo descubrió para los europeos, fue Cristóbal Colón en 1492. Fue casualidad. Estaba en la costa oriental de Cuba cuando recibe la información de dos exploradores y escribe en su diario: “Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban”.
Cuentan, además, las malas lenguas que esos días el gran descubridor de América no dejó de fumar y que, incluso, perdió la sobriedad por momentos.
Pero hay más personalidades y más cercanos: Newton, Wagner, Beethoven o Napoleón. Pero el mejor embajador del Habano fue Leonard Spencer Churchill con su eterno habano en los labios. El mismo decía que siempre llevaba a Cuba en los labios.
Pero sea una gran personalidad o una persona de a pie, el mundo del habano también se caracteriza por un ritual que comienza desde el encendido hasta la muerte, que debe ser lenta, del cigarro.
Existen una serie de recomendaciones para el correcto disfrute de un habano. Para lograr un rito adecuado, el corte debe realizarse donde el gorro se une a la capa. Para ello, se pueden utilizar varios instrumentos, pero el más popular es la guillotina.
Importante: no debe perforarse con un palillo pues impide el correcto tiro del puro.Para encenderlo es necesario utilizar una llama inodora. Se recomienda un encendedor de gas butano, un fósforo de madera o un pedazo de lámina de cedro. No son recomendables en cambio los encendedores de gasolina o las velas, porque se puede perder el aroma del tabaco al impregnarse de cera.
Con mucha paz
Hay, además, que tomarse un tiempo para realizar un buen encendido. La forma correcta es mantener la boquilla a 90 grados de la llama. Luego se coloca el cigarro en los labios y se aspira manteniendo la llama a un centímetro hasta conseguir que ésta llegue al tabaco.
Tabaco en Cuba. |
El humo no se inhala, tan sólo hay que aspirar y dejarlo en la boca para percibir los sabores y el aroma. Otras recomendaciones: no se debe golpear nerviosamente para sacudir la ceniza, como se hace con un cigarrillo, sino dejar que caiga por sí sola. Y como dicen los que saben, nunca se debe aplastar: hay que dejar que se consuma sólo, permitiéndole morir con dignidad.
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