Miguel Ángel Gozalo
Coslada era el apellido de un empresario teatral llamado Matías Coslada, que iba mundo adelante con una compañía de revista repleta de "supervedettes", como entonces se decía. El batallón de aquellas jóvenes de pierna larga y falda mínima se llamaba Las alegres chicas de Coslada, título que sirvió al prolífico director Rafael Gil, en l984, para su última película.
Por si no era famoso el nombre de este municipio cercano a Madrid, su policía local, lo que antes se llamaban los guindillas y que en las zarzuelas se tomaban por el pito del sereno, ha resultado también de cine. Su jefe, Ginés Jiménez, que lleva en el puesto desde 1986, ha sido detenido con 30 de sus subordinados por extorsión, abusos y no sé cuantas cosas más. Resulta que todo el mundo sabía que en Coslada había una mafia policial menos el alcalde, Ángel Viveros, socialista, y el concejal encargado de la seguridad, Antonio Murillo, del PIC, un partido local con el que el PSOE ha arrebatado la alcaldía al PP. Ahora, el vecindario se ha armado de valor y ha empezado a contar hazañas de estos alegres polis de la localidad, especializados en vigilar bares de copas.
Ginés Jiménez es licenciado en Periodismo, ese autobús que puede llevar a cualquier parte con tal de que uno se baje a tiempo, según decía Clemenceau, que también era periodista y llegó a jefe de Gobierno de Francia. Pero este policía, al que en Coslada llamaban “el sheriff”, no necesitó subirse a ningún autobús: era el que los controlaba.
Con esta Justicia, este asunto va para largo. ¿No hay 270.000 casos pendientes? Y otra pregunta: ¿estamos ya en la vía mexicana de policía corrupta y mordida? Si es así, nuestra Alianza de las Civilizaciones no va en buena dirección. Pero ésta es una opinión indocumentada y apresurada. Ah, y probablemente antipatriótica.
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