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sábado, 11 de octubre de 2008 Última actualización: 14:43:00



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11/05/2008 19:37   



Ex buzos petroleros demandan a Noruega por daños irreparables

Estrés postraumático o lesiones cerebrales por sumergirse a más de 300 metros.

Ex buzos petroleros demandan a Noruega por daños irreparables
instantánea del trabajo de uno de los 4.000 buzos que sentaron las bases del auge petrolífico en...

Vibeke Laroi / Bloomberg.

GARY Cronin solía pasar seis semanas en una cápsula de sumersión hasta que empezó a ver monstruos. “Cuando me afeitaba frente al espejo veía caras horribles, como de hombre lobo”, afirma este nativo de Alaska de 59 años de edad, que empezó a trabajar como buzo en los yacimientos petroleros noruegos del Mar del Norte a principios de los años 70. Hoy dice que su trabajo le causó un daño más duradero: pérdida de la memoria y daños en la columna vertebral que le producen pensamientos suicidas.

     Cronin es uno de los 4.000 buzos que sentaron las bases para el auge petrolero que transformó a Noruega en el segundo país más rico del mundo. Ahora 19 demandan al Gobierno, afirmando que las semanas que pasaron en profundidades de hasta 300 metros les dañaron de por vida. La demanda podría sentar un precedente para otros 140 casos en que se piden cerca de 130 millones de euros en daños, según el abogado de los buzos.

 El Gobierno noruego dice que no es responsable jurídicamente de las lesiones de los buzos, porque no los contrató. Ha pagado unos 320.000 euros a cada uno de los 200 ex buzos por las obligaciones “morales” del Estado. “Los buzos deberían dirigir sus reclamaciones a los operadores que los contrataron o a las empresas de buceo’”, dijo Christian Reusch, abogado que representa al Gobierno.

     StatoilHydro ASA, la mayor empresa petrolera de Noruega, ha reconocido su “responsabilidad moral” al pagar algo más de 9,5 millones de euros a 113 buzos cuya salud se vio afectada de 1965 a 1990, afirma el portavoz, Ola Morten Aanestad.

 En 1991, Noruega limitó las sumersiones de más de 180 metros a 10 días, según la Autoridad de Seguridad petrolera, que no pudo dar detalles sobre las reglas anteriores. En 2002, las sumersiones a más de 180 metros fueron prohibidas. En los primeros tiempos, los buzos vivían en cámaras de acero de unos cinco metros de largo y dos metros de ancho que normalmente tenían seis camas en litera y una pequeña mesa. No tenían suficiente espacio para erguirse o dar más de dos pasos. Fuera los buzos tenían que trabajar en el agua a temperaturas sumamente frías y esquivar criaturas marinas tales como anguilas de más de dos metros de largo que trituran mariscos con los dientes. “Algunos trabajos se cancelaron porque los buzos tenían miedo”, apunta Cronin. “He visto a hombres grandes y fuertes renunciar” por esta razón.

 Según la Alianza de Buzos, 23 de ellos se han suicidado. Marit Groenning, neurólogo del hospital de la Universidad Haukeland en Bergen, examinó a 130 ex buzos. Un tercio presentó lesiones cerebrales o de la columna vertebral. El mismo porcentaje sufría trastornos por estrés postraumático y otros daño pulmonar.




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