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domingo, 20 de julio de 2008 Última actualización: 07:38:27



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11/05/2008 19:35   




La fuerza de las ideas

La debilidad política del PP contrasta con la fortaleza de sus principios.

Ignacio Sánchez Cámara

El PP está en crisis (aunque un gobernante actual diría más bien “en desaceleración electoral”). Hasta su presidente lo reconoce. No parece prudente discutir lo indiscutido. Este hecho ofrece, al menos, tres consecuencias negativas (se entiende, para España, o, si se prefiere, para los españoles). La primera es que cubre o disimula los males y errores del Gobierno. Nada es más placentero para un Gobierno que una oposición decaída y ensimismada. La segunda es que una oposición débil constituye una anomalía democrática, pues la democracia es, como mínimo, cosa de dos. En tercer lugar, difumina la crisis del PSOE, pues aunque nada une tanto como el poder (y sus beneficios y prebendas), a nadie atento se le escapan las disidencias socialistas ni el hecho de que el PP, con todos sus males, no ha padecida una escisión como la que representó para el socialismo la salida de Rosa Díez y la fundación de UPyD. La victoria electoral es más curativa que el bálsamo de Fierabrás.

La debilidad política del PP contrasta con la fortaleza de sus ideas y principios, y con la valía y número de su militancia, que ha exhibido durante la pasada legislatura su compromiso y su musculatura moral. Es, por lo demás, el partido con más militantes de España. Se nos dirá, y se nos dice, que se trata de operar una renovación, lógica después de la derrota electoral. Pero es preciso concretar de qué renovación se trata: de personas, ideas o estrategias. No es difícil negar que Rajoy se ha equivocando o lo está haciendo. Las pruebas son evidentes. Lo difícil es determinar en qué lo está haciendo. Acaso debió dimitir y convocar el Congreso (incluso presentándose). Pero una vez que no lo ha hecho, es evidente que tenía que operar una renovación en su equipo. El problema es que la renovación (en algunos casos necesaria, aunque dolorosa) está provocando la marginación de los principales dirigentes del partido. Así lo ha puesto de relieve alguien tan autorizado moral y políticamente como Jaime Mayor Oreja. La astenia del partido sólo puede ser curada con libertad y democracia interna. Aunque de esta última se abuse no poco cuando sólo se esgrime si pierden los propios.

A mí, que me importan en este ámbito más las ideas y las cosas que las personas y estrategias, me parece que el problema, la tentación y el peligro residen en la desconfianza hacia las propias ideas. No aceptar lo que se es, y pretender ser lo que no se es, más aún cuando lo que se es resulta lo mejor, o lo menos malo, del panorama político español, me parece una extraña patología. En política, al menos en las situaciones normales, no hay mayor fortaleza que la de las ideas, principios y valores. Y en este ámbito la derecha no necesita adjetivos redundantes. Por supuesto, que es liberal, moderada, reformista, conservadora y democristiana. Y, precisamente por serlo, más que recibir lecciones democráticas y “solidarias” de la izquierda, puede darlas. Si acierta a aceptarse como lo que es, ninguna lección puede recibir, menos aún de la izquierda evanescente y postmoderna que padecemos, del lado de enfrente. Ninguna sobre la libertad, ni sobre el Estado de Derecho, ni sobre la lealtad a la Constitución y a la unidad de España, ni en cuestiones económicas, ni en su defensa del bienestar de los ciudadanos y de la solidaridad, ni sobre la igualdad ante la ley, ni sobre la igualdad de oportunidades. El bienestar social no es patrimonio de la izquierda. Sólo lo es su falsa y anticuada retórica. Sólo necesita el PP, en este ámbito, adecuar sus ideas a los problemas y desafíos sociales, pero no cambiarlas, y menos por aproximación a las de sus adversarios.

Por supuesto, falla el PP, entre otras cosas, en su capacidad de promocionar el valor de sus ideas en una sociedad algo inerte y desmoralizada. Pero los defectos de comunicación no son defectos de las ideas mal defendidas. No se trata, por lo tanto, de defender otras cosas, sino de defender mejor las propias. La peor salida de la crisis actual consistiría en desistir de lo propio e imitar lo ajeno. Si se trata de la fortaleza de las ideas, el PP no tiene nada que temer. Pero es imposible vencer si no se confía en uno mismo, en sus propias ideas. He ahí, a mi juicio, la clave del próximo Congreso. Quienes creen en la libertad, no pueden temer a la libertad.

Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho.





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