El Pacto Ibérico de marzo de 1939 no es un acuerdo de amistad sino de no agresión.
El dictador luso detesta la República española. En agosto de 1936 traslada su embajada a Alicante... |
Javier Cervera
A Antonio Oliveira Salazar, dictador portugués, le satisface cualquier intentona contra la República española. Ya en junio de 1936 Junkers alemanes en Lisboa esperan para unirse a los que preparaban la rebelión y el 18 de julio Salazar permite al paso por su territorio de hombres y material en apoyo de la sublevación. En seguida suministra medicamentos a los sublevados, mientras tres hidroaviones franquistas se aprovisionan de bombas y combustible en Belem.
Además, Salazar exige la retirada de observadores ingleses de su frontera para permitir así el paso de los suministros enviados por alemanes e italianos a los sublevados. En agosto, dos navíos alemanes (Camerún y Wigbert) desembarcan un material de guerra que es conducido desde Lisboa y en ferrocarril a la España nacional, mientras aviones de Italia y Alemania hacen escala en Portugal antes de incorporarse a los franquistas y pilotos portugueses que transportan suministros entre Lisboa, Sevilla y Burgos. Por la frontera onubense entran camiones con torpedos para hidroaviones en Cádiz, mientras suelo luso es aprovechado por los sublevados para mover vehículos y material con libertad. Salazar detesta la República española y en agosto de 1936 traslada su embajada a Alicante, deja en Madrid simplemente un consulado y, dos meses después, da por finalizadas las relaciones con el gobierno del Frente Popular. Más aún, cuando Sánchez Albornoz abandona la embajada republicana de Lisboa, Salazar entrega a Franco los refugiados que el diplomático español protegía. Además, el dictador portugués anima la participación de voluntarios, los Viriatos, en favor del bando franquista.
Por otro lado están las relaciones económico-comerciales. El 9 de agosto de 1936 ya llega el primer préstamo portugués a la Junta de Burgos: 175 mil libras. Mientras Nicolás Franco negocia en Lisboa lo que culminaría en un acuerdo comercial en mayo del 37. Desde el principio, empresas y bancos portugueses compran armas para el bando sublevado. Y el empresario Sebastiao Ramirez, antiguo ministro de comercio, es el principal mediador entre los franquistas y portugueses.
Con todo lo anterior, ¿es necesario un reconocimiento oficial del gobierno de Franco por parte del Estado Novo de Salazar el 11 de mayo de 1938? Pues parece que sí. Lo habían hecho alemanes e italianos, y porque tras la derrota de la República, Salazar quiere proteger sus intereses en España. Además, había declarado en Londres, en marzo del 36, que la dualidad de Estados en la Península peligraba porque la república española tenía intención de crear una “Federación Ibérica”. Tal vez ello explica el Pacto Ibérico de marzo de 1939 con Franco que hace constar claramente que es de no agresión. ¿Es que Salazar no se fía de Franco? Quizá no se tratara de una cuestión de desconfianza, pero el portugués, por si acaso, prefirió firmar el pacto.
Quienes somos | Contacte con nosotros | Aviso legal | Publicidad | Mapa
© Grupo Negocios Sepúlveda 7b - 28108 Alcobendas-Madrid. España - Tel: 91 432 76 00 - Fax: 91 432 77 65