Las mujeres ocupan cinco de los seis altos cargos. En Madrid, las instituciones más importantes están presididas por hombres.
En la foto, Mª Eugenia Alegret, presidenta del TSJC. |
Elena Marín.
Al recientemente creado Ministerio de Igualdad, la justicia catalana se lo ha puesto fácil. No será necesario que Bibiana Aído se ponga seria para implantar la paridad en esta región, pues en la Generalitat no ha hecho falta la discriminación positiva para que las letradas ocupen los altos cargos relacionados con la Justicia. El negro de las togas sienta mejor a las mujeres en la comunidad de Montilla.
Desde la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña hasta la máxima autoridad del Colegio de Procuradores, pasando por otros tres puestos de gran relevancia, todo son mujeres. En la comunidad popular, sin embargo, el 100% de los altos cargos está en manos del género masculino. Sólo el nuevo nombramiento, hace apenas mes y medio, del juez decano de Cataluña hace que la balanza quede suspendida a pocos centímetros del suelo. El conservador José Manuel Regadera se impuso por un solo voto a la anterior decana, la progresista María Sanahuja.
María Eugenia Alegret preside en Cataluña el mismo organismo que Javier María Casas en Madrid, el Tribunal Superior de Justicia. La Fiscalía de esta misma entidad está dirigida en la Generalitat por Teresa Compte; en Madrid, por Manuel Moix. Montserrat Tura ocupa la consejería de Justicia catalana, así como la de Interior; en la capital, el cargo es para Alfredo Prada; el Colegio de Abogados de Barcelona lo capitanea Silivia Giménez Salinas; en Madrid el responsable es Antonio Hernández Gil; y el Colegio de Procuradores de Cataluña lo preside Anna María Muleres, mientras que los madrileños tienen a Antonio Álvarez. En el caso de Nuria Bassols, directora de la Escuela Judicial, el cargo no es regional, sino nacional, pero hace bailar la báscula porque da la casualidad de que la sede está en Barcelona.
“Las mujeres, igual que los hombres, aportamos nuestra profesionalidad a la justicia y la abogacía. Sin embargo, creo que el valor añadido que ofrecen las profesionales del sexo femenino es un plus de responsabilidad, precisamente, por ser las primeras en ocupar estos puestos”, asegura Silvia Giménez, decana del Colegio de Abogados de Barcelona. “Aunque en Cataluña no haya sido necesario imponer la paridad ni poner en práctica la discriminación positiva, sí es necesario utilizar esta posibilidad como instrumento intermedio para que esta situación se normalice en otros ámbitos y no sea noticia que las mujeres presiden este tipo de organismos”, reflexiona Giménez. No lo ve tan claro, por el contrario, José Luis Armengo, juez decano de Madrid, quien considera que “para cualquier puesto sólo vale la cualificación. En la capital se presentan también mujeres como candidatas a las elecciones a los distintos cargos, algo normal y lógico teniendo en cuenta los tiempos, pero de momento no han salido elegidas”.
En su opinión, a la hora de trabajar y dictar sentencia no existen diferencias entre hombres y mujeres. Incluso en temas en los que quizás las abogadas y jueces pudieran verse más implicadas, como los casos de violencia machista, el resultado es el mismo. “El comportamiento de ellas es similar al nuestro, no son ni más duras ni más blandas”, observa Armengol. Giménez también está de acuerdo en que la sensibilidad es la misma, su único apunte se dirige a la rama que eligen unas y otros: “Las mujeres tienden más al derecho Civil o de Familia y los hombres, ésa es mi percepción, al Mercantil y a los asuntos fiscales”.
Sin diferencias de género entre los profesionales de base
Los puestos de máxima responsabilidad sí diferencian entre géneros en Cataluña y en Madrid. En las bases, sin embargo, las diferencias no son tantas entre una comunidad y otra.
Hasta 1996 las mujeres no pudieron acceder a la carrera judicial y hasta 11 años después no ingresó la primera. Ahora, en cambio, las jóvenes llenan como poco la mitad de las aulas de las facultades de Derecho de Madrid y Cataluña, así como las salas de exámenes para las oposiciones a la magistratura. El resultado es que, por probabilidad matemática, ocupan un lugar importante en la masa del derecho . Según los últimos datos del CGPJ, el 52% de los jueces y magistrados de la comunidad de Esperanza Aguirre son mujeres, exactamente el mismo porcentaje que en el de Montilla.
Lo mismo ocurre con los abogados. En Barcelona, de los 19.185 juristas más de ocho mil son mujeres, es decir, el 42% de los profesionales. En el Colegio de Abogados de Madrid, el número de letradas colegiadas es de 19.965, lo que supone el 40% del total, casi 50.000.
En 2005, el Consejo General del Poder Judicial llegó a un acuerdo por el cual se fomenta desde entonces la presencia de las mujeres jueces y juristas en la formación de la carrera judicial, así que es de esperar que las cifras sigan por este camino y las mujeres, poco a poco, presidan altos cargos también en la Comunidad de Madrid.
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