La contaminación, el estrés y un mal descanso atacan nuestra piel, que necesita siempre una mayor protección.
I.O.
Cuentan que mientras visitaba una destilería de sake, un monje japonés se percató de que las trabajadoras más ancianas, a pesar de tener el rostro envejecido, tenían las manos especialmente suaves y sedosas, como las de sus compañeras más jóvenes. Sorprendido por este descubrimiento, el monje compartió su hallazgo con un grupo de científicos que, tras años de investigación, encontraron la razón de tan curioso hecho: la pitara, un ingrediente que se extrae durante el proceso de fermentación de la levadura.
Al parecer, este líquido cristalino actúa de la misma forma que los elementos naturales de la piel, haciendo que ésta recupere su armonía. Y es que la preciosa capa protectora natural de la piel necesita ayuda para cumplir su función, en un día a día en el que la ciudad se convierte en el enemigo número uno. El cambio de estación, el estrés, un mal decanso y la contaminación se alían para debilitar esa barrera protectora, que se vuelve especialmente vulnerable.
Esa ayuda la aportan productos que actúan como peeling, para eliminar impurezas y limpiar la piel; fórmulas específicas para repeler la contaminación atmosférica y, finalmente, propuestas de cosmética facial encaminadas a revivir la piel, devolviéndole la energía. Es el efecto que prometen dos firmas japonesas de cosmética facial, una ya veterana en nuestro país, Shiseido, que presenta Intensive skin corrective program, ideado como una cura de dos semanas; y otra, casi recién llegada, SKII.
La cosmética oriental no sólo aporta fórmulas novedosas. También una idea que puede ayudar a la piel casi tanto como los produtos: el ritual de belleza, un tiempo que cada uno dedica a sí mismo y en el que la relajación previa es tan importante como la aplicación del tratamiento.
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