Un análisis reúne 121 casos de veteranos implicados en asesinatos.
Sepi se llevó a su casa en EEUU el infierno que encontró en Irak. EFE |
Deborah Sontag/NYT
Nueva York. Una noche de verano de 2005, Matthew Sepi, un veterano de Irak de sólo 20 años, se dirigía a un 7-Eleven del sórdido barrio de Las Vegas en el que se estableció tras dejar el Ejército.
Ése 7-Eleven en particular está a la sombra del casino-hotel Stratosphere. De día, es una zona llena de basura: deprimente pero nada amenazadora. Por la noche se convierte "en algo parecido a Faluya", en palabras de un policía local.
A Sepi no le gusta salir de casa demasiado tarde. Pero un civil iraquí muerto por su unidad le acosaba en sus pesadillas: a menudo necesitaba una buena dosis de alcohol para dormir. Ésta era una de esas noches, pero antes de salir, intuyendo el peligro, escondió un fusil de asalto bajo el abrigo.
Cuando volvía a casa con su triste consuelo embotellado, dos pandilleros armados irrumpieron desde la oscuridad. Matthew Sepi dijo en una entrevista que entrevió la culata de una pistola, oyó un estallido, vio un destello: "Disparé, sin más".
Al final, uno de los pandilleros yacía muerto en la acera y el otro quedó herido. Sepi se largó, "rompiendo contacto" con el enemigo, como dijo él mismo más tarde. Con el rifle en ristre, se replegó hasta su casa, metió 180 cargadores en el coche y condujo hasta que las luces de los patrulleros de la Policía empezaron a acumularse en su espejo retrovisor.
Ya detenido, aseguró que había sufrido una emboscada e, instintivamente, "se ocupó de sus objetivos". Estaba conmocionado y lloraba. "Me dio pena", dijo el detective Anderson. Pero fue encarcelado y un diario local tituló: "Veterano de Irak, arrestado por asesinato".
Titulares parecidos han poblado estos años ciudades de todo el país. The New York Times ha encontrado 121 casos de veteranos de Irak o Afganistán condenados o acusados de haber cometido asesinato tras volver de la guerra.
En muchos casos, el trauma de combate o el estrés del servicio en zonas de guerra —junto con el abuso del alcohol, problemas familiares y otros de tipo personales— aparecen como el escenario de tragedias que tienen tanto de destrucción como de autodestrucción.
Tres cuartas partes de estos veteranos estaban todavía en el Ejército cuando cometieron los crímenes. Alrededor de una tercera parte de las víctimas eran esposas, novias, hijos u otros parientes, y un 25% compañeros de servicio. La inmensa mayoría de los afectados no tenía antecedentes penales.
Estrés postraumático
Muchos de los familiares de los veteranos consultados coinciden en un diagnóstico: "Cuando regresan, están diferentes". Se dan casos de abuso de sustancias, inestabilidad mental e incluso paranoia.
“Cuando han entrado en combate, tienes que sospechar inmediatamente que el combate ha tenido algún efecto, especialmente en quienes no han mostrado este tipo de tendencia violentas en el pasado”, dice Robert Jay Lifton, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, que solía trabajar con veteranos de Vietnam y luchó por el reconocimiento de lo que después se aceptaría como el síndrome de estrés postraumático.
Pocos de estos 121 veteranos de guerra pasaron más que un superficial examen de salud mental al final de su servicio, según sus abogados, parientes y fiscales.
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