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jueves, 24 de julio de 2008 Última actualización: 17:55:22

Joaqun Madina LoidiColumna de
ISánchez Cámara



La horrorizada vicepresidenta De la Vega

No es fácil discernir el origen de la repulsa considerando las convicciones del Gobierno.

Ignacio Sánchez Cámara

La vicepresidenta Fernández de la Vega ha declarado sentirse horrorizada, después de enterarse de que había sido fotografiada, durante su viaje a Níger, junto a un polígamo y sus tres esposas. Cabe suponer que el horror derivaba de la realidad de la poligamia, y no del mero hecho de la foto, aunque debe esperarse de la buena información de la vicepresidenta que supiera de la existencia legal de la nefanda institución en el país. Al parecer, se trató de un horror sobrevenido fotográficamente. Y, también, un poco paradójico, pues no es fácil discernir el origen de tan airada repulsa, considerando las convicciones políticas (y, supongo, morales) que el Gobierno suele exhibir. No se acaba de comprender su desazón, al menos mientras se trate, como parece, de una práctica libremente consentida por las cuatro partes. En primer lugar, cabría amparar tan repulsiva relación en el derecho a la libertad religiosa, a menos que se haga culpable de una imposición arbitraria de las propias creencias religiosas o de la falta de ellas. También cabría albergar tan estrafalaria unidad familiar bajo el cobijo de la autonomía personal, siempre que exista el cuádruple consentimiento. Y, desde el punto de vista de la paridad, nada habría que objetar a un grupo en el que hay tres mujeres por un solo hombre, el triple; mucho más que la cuota. Parece obligado respetar la libertad de las personas si, como en este caso, no se perjudica a terceros. Por lo demás, a nadie se le impone, que se sepa, la poligamia en Níger. El que quiere la practica, y el que no, no. Y no digamos de los imperativos del relativismo cultural y la necesidad de superar los imperialistas prejuicios del etnocentrismo occidental. Hay que respetar todas las culturas en el sagrado nombre de la diferencia. ¿Quiénes somos los occidentales para juzgar a otros? Un último argumento: el aumento de derechos. Es uno de los nortes del actual Gobierno: aumentar los derechos. Pues bien, no parece que quepa duda de que el reconocer a un hombre la posibilidad de tener tres mujeres, en lugar de una, aumenta, hasta triplicarlo, el disfrute de sus derechos.

No cabe pensar que la vicepresidenta haya sufrido un debilitamiento de sus firmes convicciones, para así recaer en una especie del más reprobable dogmatismo moral, en cuyo nombre se permitiera valorar y juzgar las ajenas conductas privadas o públicas. ¿Es que acaso posee una especial clarividencia moral que le permite sentirse horrorizada ante la poligamia? Porque podría resultar que lo malo no fuera entonces el dogmatismo moral, sino sólo el ajeno. Tampoco parece verosímil que alguien tan progresista aspire a imponer a los demás lo que sólo puede ser su particular y relativa concepción del bien. Y mucho menos, que se trate de una falta de respeto a las personas que piensan y actúan de otra manera que la propia, sin imponer nada a los demás y acogiéndose al Derecho vigente en su país soberano. Sería una grave falta de consideración hacia sus anfitriones, impensable en alguien que ostenta tan alta magistratura en un país, todos lo son, civilizado. En cualquier caso, la horrorizada vicepresidenta tal vez debería admitir también la posibilidad de que algunos se sientan horrorizados ante aspectos de la actual legislación española. Al menos, el horrorizarse es libre.

Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho.

 




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